1 de julio de 2018 00:00

La política en la era humana

La gran cantidad de basura generada por el hombre es una de las improntas del Antropoceno. Foto: AFP.

La gran cantidad de basura generada por el hombre es una de las improntas del Antropoceno. Foto: AFP.

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Gabriel Flores
Redactor (O)

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Lo que va a leer a continuación podría ser parte de un libro de cli-fi, el género literario ambientado en mundos distópicos donde los cambios extremos en la naturaleza son los protagonistas, pero no lo es.

Lo que viene es parte de una investigación interdisciplinar que explica el impacto que la actividad de los seres humanos ha tenido en la naturaleza, en los últimos 200 años. Todo comenzó en febrero del 2000. Durante un congreso internacional celebrado en Cuernavaca (México), donde un grupo de científicos discutía sobre la intensidad del impacto humano sobre el planeta.

Entre esos científicos estaba Paul Crutzen, un químico que ganó el Nobel por sus trabajos sobre la capa de ozono. Él fue el que exclamó, a viva voz, que el mundo ya no vivía en el Holoceno sino en el Antropoceno.

Si existiera un libro titulado Eras geológicas para ‘dummies’ se explicaría que el Holoceno es una época geológica del período Cuaternario que comenzó hace aproximadamente 11 700 años. En ese mismo libro se explicaría que el Antropoceno es una nueva época geológica cuyo rasgo central es el protagonismo de la humanidad convertida en agente de cambio medioambiental a escala planetaria.

Desde la intervención de Crutzen, el concepto de Antropoceno se convirtió en tema de debate en la meza de científicos de todo tipo incluido antropólogos, sociólogos y politólogos. Uno de ellos es el español Manuel Arias Maldonado, quien este año publicó ‘Antropoceno. La política en la era humana’ editado por Taurus.

En este libro Arias realiza una radiografía de todo lo que se ha dicho e investigado acerca del Antropoceno a escala global, sobre todo, en el campo de las ciencias sociales.Reflexiones que permiten recordar que la naturaleza y la sociedad se encuentran profundamente relacionadas.

Según los planteamientos de esta publicación, el Antropoceno formaría parte de una ‘supermodernidad’ caracterizada por la producción y el consumo a gran escala. Una teoría que se podría evidenciar a través de datos relacionados al cambio climático, la degradación de la biosfera, las alteraciones bioquímicas y los sistemas antropogénicos.

Entre esos datos están que la temperatura media del planeta ha aumentado 0,8 grados desde la mitad del siglo XIX y se prevé que para finales del siglo XXI promedie entre 1, 2 a 6 grados; que el ritmo de desaparición de las especies animales es 10 000 veces más rápida de lo acostumbrado; que 45 000 presas de más 15 metros retienen el 15 por ciento del flujo total de los ríos del mundo; y que exista una isla tóxica en el Pacífico Norte cubierta de desechos producidos por el ser humano cuya extensión es 1 400 000 kilómetros cuadrados.

A estos ejemplos abría que agregar la disminución de la naturaleza virgen, la urbanización, la agricultura industrial, la infraestructura del transporte, las actividades mineras, la pérdida de biodiversidad, la modificación genérica de organismos, los avances tecnológicos, la acidificación de los océanos y la creciente hibridación socionatural.

Arias sostiene que en este contexto el debate sobre el Antropoceno acarrea importantes consecuencias políticas porque la decisión acerca de cómo proceder ante este paisaje poco alentador parece ser una decisión colectiva. En uno de los apartados Arias cita al sociólogo francés Bruno Latour, quien sostiene que el Antropoceno es el concepto filosófico, religioso, antropológico, y político más decisivo de nuestro tiempo.

“Terminado el Holoceno si queremos preservar los derechos y placeres civilizados de los que hemos disfrutado durante el mismo no digamos entenderlo generosamente a más personas será necesario adaptarlos a unas condiciones ecológicas radicalmente alteradas. He aquí el problema político del Antropoceno”.

En ese contexto, sin una geopolítica enfocada en el Antropoceno, Arias sostiene que la humanidad no será capaz de responder a este momento planetario. Este profesor de la Universidad de Málaga recurre al historiador medioambiental Joachim Radkau, quien explica que cuanto más complejas son las sociedades “más absortas en sí mismas devienen y mayor es el peligro de que sean incapaces de reaccionar a las necesidades naturales”.

Arias deja la puerta abierta para que la teoría política, que está acostumbrada a concebirse a sí misma como una ciencia dedicada a los conflictos y contratos exclusivamente humanos acepte la necesidad de que los gobiernos adopten la forma de una geopolítica o “Gaia-política”.

“Si durante milenios hemos concebido los regímenes políticos como asuntos intrahumanos, el Antropoceno nos obligaría a embarcarnos en una profunda reconceptualización de la democracia y de la agencia política”.

Para este cambio pensado, sobre todo, para las democracias occidentales. A criterio de este investigador, la forma de democratizar el Antropoceno sería sometiéndolo a un sistema de gobernanza global basado en la cooperación internacional. La otra opción sería fomentando una conversación pública sobre el tema.

El debate sobre la existencia e implicaciones políticas del Antropoceno va tomando fuerza a escala global. Resta saber hasta cuándo los seres humanos vamos a dejar de ser apáticos frente a los problemas que causamos.

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