16 de enero de 2019 16:58

‘Pintar los bordados’, muralismo de Mo Vásquez en Zuleta

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Ana Cristina Alvarado

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Los abuelos de Zuleta decían que a una casa pintada de azul no le caen rayos. Aunque ha pasado más de medio siglo desde que la hacienda que lleva el nombre de la localidad fuera la primera propiedad en ser pintada totalmente de azul, en la comuna imbabureña quedan aún paredes, marcos o puertas de los tonos de esta paleta.

La muralista Mo Vásquez cree que por ello el azul está muy presente en los bordados que durante generaciones han hecho las zuleteñas. La expresión estética también es una constante en esta comunidad. “En esos días (durante la investigación y pintura) podía ver la vestimenta de las bordadoras y de las mujeres. Es una combinación bastante buena, hasta mejor que alguien que sabe de moda”, opina la diseñadora gráfica quiteña.

Mo Vásquez, frente a la iglesia de Zuleta. La fachada fue intervenida con figuras barrocas. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio

Mo Vásquez, frente a la iglesia de Zuleta. La fachada fue intervenida con figuras barrocas. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio


Mo, su nombre de pila es Mónica, visitó Zuleta por primera vez hace tres años. Se sentía atraída por la belleza de los bordados y en sus viajes descubrió exactitud en las puntadas y una la capacidad de síntesis de las bordadoras que demuestra que también son dibujantes. Entonces inició una investigación sobre los bordados y estableció una relación colaborativa con el presidente de la comuna, Juan Chachalo.

Durante el 2017 preparó una aplicación para participar en los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura y Patrimonio, para hacer pinturas de gran formato que plasmen la iconografía de las artesanías de la comunidad. A inicios del 2018 recibió los fondos y empezó a trabajar con la comunidad para ubicar las paredes en las que se podría pintar, socializar el proyecto y conversar sobre las expectativas de cada dueño de casa.

Una comunera cruza junto al mural de un puma, un animal del páramo imbabureño. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio

Una comunera cruza junto al mural de un puma, un animal del páramo imbabureño. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio


La obra cuenta con nueve murales que se distribuyen a lo largo de la avenida principal de Zuleta, que recorre en dirección norte sur, entre Ibarra y Cayambe. Fueron realizados en ocho casas y en la fachada de la iglesia. Concluir las pinturas requirió de tres semanas de trabajo durante noviembre y de ayuda de la comunidad, principalmente de Marcelo y Esteban, dos comuneros que trabajan con el cabildo de Zuleta.

El recorrido por la ruta de los bordados, llamada así pues allí están las principales tiendas de artesanías de la comuna, inicia con un mural que anuncia la llegada a Zuleta, si se entra desde el sur. La pintura fue realizada por la artista Con C de Caro, una de los tres muralistas invitados. “Ella trabaja mucho el ‘lettering’ o letras y me pareció que su trabajo podía incorporarse bastante bien con este proyecto”, recuerda Mo.

El ‘lettering’ y las formas orgánicas del bordado se aplicaron en esta pintura. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio

El ‘lettering’ y las formas orgánicas del bordado se aplicaron en esta pintura. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio


Si bien los bocetos se inspiraron en las formas y colores de los bordados, la obra adquirió vida y tomó otros caminos a medida que se desarrollaba. En la casa de la señora Marcelina Sandoval, también al ingreso de la comuna, Mo pintó una alpaca. El presidente de la comuna, quien es nuero de Sandoval, cuenta que la familia pidió una alpaca porque la comunidad compró en el último año alpacas y está trabajando en proyectos turísticos y artesanales con estos animales.

La alpaca Josué, que se encuentra en un corral cerca del restaurante de la comuna, fue retratada. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio

La alpaca Josué, que se encuentra en un corral cerca del restaurante de la comuna, fue retratada. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio


Uno de los encuentros más significativos para la muralista se dio con la bordadora María Fanny Albán. “La señorita Mónica tenía otro diseño. Qué pasa aquí, que lo más conocido es el kingo que está mirando en la pared de mi casa (señala). Luego vienen la rosas y las flores que están centradas a la raíz”, dice Albán para explicar uno de los patrones de bordado más representativo de Zuleta, que simboliza un camino en medio del campo y las patas del ganado.

“En el centro, en el kingo, (las bordadoras) le hacen una figura tan linda, tan bonita. La señorita Mónica no podía hacer las patitas como de caballito. Tuve que indicarle en una tela, tuve que dibujar, bordar y ahí captó”, relata como la maestra experimentada que es.

El mural de la casa de María Fanny López fue realizado con cuadrícula, por la dificultad técnica del dibujo. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio

El mural de la casa de María Fanny López fue realizado con cuadrícula, por la dificultad técnica del dibujo. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio


“Eso fue interesante. Si no hubiera hecho eso, no hubiese podido. Se ve simple, pero es complejo, como también es bordar. Porque pienso que el bordado es algo súper técnico y súper geométrico”, responde Mo en la conversación con la señora Fanny.

Las bordadoras, la naturaleza, el ganado y el puma —uno de los animales que habitan en los páramos circundantes— también fueron pintados en las paredes de Zuleta. Los muralistas KST y MS fueron los otros dos artistas que colaboraron en el proyecto de Vásquez. KST dibujó a una mujer como la protagonista de su pintura y MS hizo una vaca con un estilo más característico de la pintura urbana.

La figura femenina y la vegetación fueron representadas en este mural del artista invitado KST. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio

La figura femenina y la vegetación fueron representadas en este mural del artista invitado KST. Foto: Víctor Muñoz / El Comercio


Otro momento que generó un debate fue cuando Mo propuso pintar la fachada de la iglesia. El párroco se mostró temeroso, pero después de reuniones con miembros de la iglesia y de la comuna, aceptaron la intervención. La condición era que se respete la cromática original de la construcción, porque de otro modo se habría tenido que hacer cambios en la arquitectura exterior del templo. Mo usó elementos barrocos, que también hacen referencia a las formas de los bordados.

Durante la realización de los murales, los vecinos se quedaban encantados con el resultado y pedían pinturas para sus casas. “Cada vez que pasábamos por la casa del señor Hugo nos ofrecía la pared. No se pudo porque no está en buen estado, no está enlucida. Incluso llegamos con la pintura, pero fue imposible”, recuerda la artista.

La paleta del azul está muy presente Zuleta, como en la puerta de la casa de la izquierda, que no fue pintada, porque ya era turquesa.  Foto: Víctor Muñoz/ EL COMERCIO.

La paleta del azul está muy presente Zuleta, como en la puerta de la casa de la izquierda, que no fue pintada, porque ya era turquesa. Foto: Víctor Muñoz/ EL COMERCIO.


‘Pintar los bordados’ fue un proyecto que se planteó para nueve murales, con base en los fondos y en el tiempo que requiere viajar desde Quito a Zuleta para mudarse por unas semanas. Pero ahora los zuleteños están esperando una segunda edición, pues todos quieren un mural en la fachada de su casa.

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