31 de enero de 2021 00:00

Petróleo, ¿una mala inversión?

En la lucha contra el cambio climático, países y empresas están desinvirtiendo en combustibles fósiles. La industria petrolera debe reconvertirse.

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César Augusto Sosa

Esta semana fue fructífera en anuncios para revertir el calentamiento global, reducir las emisiones de dióxido de carbono, bajar el consumo de petróleo e impulsar las inversiones en tecnologías verdes.

La semana arrancó con el anuncio de Amazon Watch y Stand.Earth, de que tres bancos europeos, BNP Paribas, Credit Suisse e ING, dejarán de financiar el comercio de petróleo proveniente de la Amazonía ecuatoriana. Los bancos se sumaron a la lista de instituciones financieras y empresas que cada vez ponen más cuidado al impacto que causan sus operaciones o sus inversiones.

Asimismo, el martes pasado el alcalde de Nueva York, el demócrata Bill de Blasio, anunció que dos fondos de pensiones de la ciudad desinvertirán USD 4 000 millones en proyectos de explotación petrolera. Esos fondos manejan recursos de los jubilados del sector público y de profesores retirados. “Los combustibles fósiles no son únicamente malos para nuestro planeta o nuestras comunidades. Son una mala inversión”.

Ese mismo día, el mayor fondo de inversiones, BlackRock, amenazó con retirar sus inversiones de las corporaciones más contaminantes. Su director ejecutivo, Larry Fink, instó a todas las empresas a que desarrollen un plan sobre cómo su modelo de negocio puede ser compatible con una economía libre de emisiones netas de CO2, señaló la agencia Efe.

El sector financiero tiene un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. Cuando se habla de la descarbonización de una cartera de inversión se debe tener en cuenta que los fondos de inversión y los fondos de pensiones tienen una responsabilidad indirecta, sostiene Raúl Maestre, profesor en el Instituto Europeo de Formación Tecnológica.

“Si un fondo de inversión tiene un 1% de una empresa que emite cierta cantidad de CO2 al aire, este fondo será el responsable del 1% de estas emisiones de efecto invernadero”.

Maestre destaca que hay más de 2 000 signatarios que siguen los Principios para la Inversión Responsable (PIR), una iniciativa de los inversores del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente y el Pacto Mundial de la ONU. Y lo que decidan estos signatarios del PIR es relevante, ya que gestionan activos por USD 53,6 billones en el mundo.

También hay países que vienen adoptando medidas en la misma línea. En el 2019, el Fondo de Pensiones de Noruega, considerado el fondo soberano más grande del mundo, decidió desinvertir 11 000 millones de euros de las empresas de petróleo y gas, y apostar por las energías renovables. En ese año, ese fondo tenía colocado alrededor de 32 000 millones de euros en grupos petroleros, como Shell, BP, Total o Exxon.

Previamente, en el 2018, Irlanda se convirtió en el primer país del mundo en desinvertir en combustibles fósiles.

Volviendo a la presente semana, el anuncio de mayor impacto llegó el miércoles pasado, cuando el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, lanzó un plan para reducir los efectos del cambio climático, que incluye la suspensión de las concesiones de petróleo y gas natural en terrenos federales, aunque no va a prohibir el método de extracción conocido como ‘fracking’. “No creo que el Gobierno federal deba dar apoyo financiero a las grandes petroleras con USD 40 000 millones en subsidios a los combustibles fósiles. Voy a ir al Congreso para pedir que se eliminen esos subsidios”, adelantó Biden, y añadió que esos recursos se invertirán para generar empleos con energía limpia en Estados Unidos.

Paralelamente, en el Foro de Davos que se realizó esta semana, el enviado especial de Biden para el cambio climático, John Kerry, dijo que si bien Europa lidera la lucha medioambiental, Estados Unidos quiere unirse a esa lucha junto a China, que se puso la meta de conseguir cero emisiones en el 2060. “Esperamos unirnos con China y conseguir que ellos lleguen a ese objetivo mucho antes que en el 2060”.

La que también se unió a ese propósito fue la multinacional General Motors, que el jueves pasado se comprometió a eliminar gradualmente los automóviles y camiones que funcionan con petróleo. Para el 2035 venderá únicamente vehículos con cero emisiones.

Todos los anuncios de esta semana están alineados con los principios del Acuerdo Climático de París del 2015, cuando 195 países se comprometieron a disminuir 2 grados el calentamiento global.

La ONU y otras instituciones mundiales se han planteado avanzar hacia un mundo con emisiones netas de carbono cero para el año 2050.

Pero esos objetivos a largo plazo requieren acciones inmediatas, ya que la transición hacia una economía más verde es lenta y llena de obstáculos.

El reto central es cambiar los hábitos de consumo de la gente. Las principales acciones contra el calentamiento global apuntan a reducir el consumo de petróleo para el transporte o las industrias con chimenea. Sin embargo, la petroquímica, de donde se obtienen textiles, zapatos, cosméticos, envases, insumos médicos, componentes para celulares, etc., requerirán de más petróleo.

La firma Wood Mackenzie estima que la demanda de crudo alcanzará un pico en el 2036, lo que significa que la industria petrolera es rentable y atraerá a inversionistas, pero deberá reconvertirse y utilizar tecnologías más limpias.

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