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Jonathan Guzmán nunca imaginó que un paseo rutinario con sus dos perros adoptados se convertiría en un nuevo rescate. Mientras caminaba por el parque Matovelle -norte de Quito– escuchó unos ladridos que lo guiaron hasta la banca de una cancha.
Allí estaba Yogui, un perro mestizo, amarrado con una botella de agua a su lado y una nota escrita a mano.
“Parecía hecha -la carta– por un niño, tenía faltas de ortografía. Pedía que lo adoptaran porque es un perro bueno. Si no, que dejaran la carta para que otra persona lo encuentre”, recuerda Jonathan.
Conmovido, lo desató y lo llevó a casa. Al día siguiente lo evaluaron en una clínica veterinaria: Yogui tiene entre seis y siete años, está delgado y presenta una leve inflamación en la próstata, pero nada que no se pueda tratar. Pese a su historia, se muestra dócil y cariñoso.
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Jonathan, quien ya ha rescatado a otros perros, sueña con encontrarle una familia definitiva. “Quiero que alguien lo reciba como un miembro más, que lo quieran hasta que sea viejito. No merece volver a pasar hambre ni sentirse solo”, dice.
Aunque en rescates anteriores recibió mensajes inmediatos, esta vez no ha tenido llamadas.
Por eso pide ayuda: que la historia de Yogui se difunda hasta llegar a esa familia que lo cuide y lo haga parte de su vida. Los interesados pueden contactarlo en su cuenta de Instagram: @jonathangt01.
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El abandono está tipificado como una Infracción Muy Grave en la Ordenanza Municipal y se ‘castiga’ con una multa de 4 700 dólares.
Todas las personas que abandonen “animales en lugares públicos o privados, en áreas urbanas o rurales, tales como centros de atención veterinaria, peluquerías y hoteles caninos, entre otros, así como en las
reservas naturales del Distrito Metropolitano de Quito” recibirán la multa.