10 de febrero de 2019 00:00

Peripecias de una carta, a comienzos del siglo XX

Edificio de Correos y Telecomunicaciones de Guayaquil, en la calle Aguirre. Fotografía de 1900.

Edificio de Correos y Telecomunicaciones de Guayaquil, en la calle Aguirre. Fotografía de 1900.

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Amílcar Tapia Tamayo* (O)

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El 2 de mayo de mayo de 1831, apenas fundada la República, Juan José Flores dispone “se establezca en el territorio del Distrito del Sur ahora llamado Ecuador, el servicio postal con el fin de que haya una comunicación ágil entre las regiones de la República, el cual estará bajo la supervisión de un Director General que tendrá grado militar para garantizar la seguridad de las cartas y mensajes… (Acuerdos y Decretos Juan José Flores, 1830-1834, BAEP)

La primera dirección de Correos fue encargada al teniente coronel Manuel de la Vega, quien contó con la suma de veinte pesos, dinero con el cual “contraté a veinte postillones, diez mulas y alforjas de distinto tamaño para llevar las correspondencias. La oficina principal se ubica en los bajos del Palacio de Gobierno. (…) Cada arriero gana la suma de tres pesos por viaje. Si es a Guayaquil y Cuenca, un peso más, debido a que hacen quince días de viaje de Quito a Guayaquil y veinte a Cuenca, un mes al Oriente, también a Loja dando la vuelta por Machala (…) Llevan cartas ordinarias, también paquetes pequeños. Por ellos se paga: tres centavos por carta; cinco por paquete; si es más grande trece. También se llevan encargos de confianza para entregar personalmente, pero que deben ser autorizados por el jefe principal de correos para evitar que haya cartas de espías y contrarios al Gobierno.

“También se abre el servicio de comunicaciones de diputados y personas importantes tanto del Ejército, el Gobierno y la Iglesia, para las que habrá exclusivamente un postillón solo para eso que deberá ser bien pagado. No podrán pasar de ocho días el viaje de Guayaquil o Cuenca sobre todo si se trata de cartas de Estado. El envío no costará nada y se recargará un centavo por cada carta que mande la gente común para cubrir los costos de los señores principales (…) He dispuesto que aunque no se les pague el jornal a los otros arrieros, a los que llevan correspondencia del Estado deberán estar al día en sus pagos y si es posible se les adelante su plata …” (Informe de Manuel de la Vega al Ministro de Gobernación de Flores, diciembre de 1831. Cartas y varios. Gobierno de Juan José Flores, BAEP)

No existen informes de los directores de la Oficina de Correo a los ministros de Estado, sobre todo al de Interior o Gobierno, como se llamaron indistintamente entre los años 1831 y 1865. Si se revisan los presupuestos anuales no consta valor alguno para el funcionamiento de las oficinas postales, servicio que se convirtió más bien en una actividad controlada por militares antes que por personal civil, debido a la falta de seguridad y confianza que existía entre los ciudadanos, por cuanto nada garantizaba que la correspondencia llegara a su destino y más aún encomiendas o pequeños paquetes.

Gobernando Gabriel García Moreno, se establece por vez primera la emisión de estampillas postales: con un valor de medio real y con el costo de un real, con lo cual se instalaba en el país un servicio pagado por los ciudadanos por el traslado de su correspondencia. De igual forma, este mandatario dispuso que por vez primera se instalaran buzones para el depósito de cartas, y creó las primeras oficinas a las que llamó “postillas”, poniendo su funcionamiento a cargo del Ministerio de Obras Públicas, y a los que trabajaban en ellas se les llamó “ franquicias” con la circunstancia de que para ejercer su cargo, debían rendir una especie de caución o depósito de 100 pesos o su equivalente, con el fin de asegurar el manejo honrado de su función. ( Miguel Valencia, Edición acéfala, que se relaciona con el gobierno de García Moreno, s/a, s/e, p. 18, BAEP)

Conforme iba pasando el tiempo, los gobernantes comenzaron a dar mayor importancia a los Correos Nacionales, nombre que por primera vez le otorgó el Gobierno Liberal a partir de 1895, luego de que en 1894 se editó el Primer Mapa Nacional de Líneas Postales y telegráficas del Ecuador.

Sin embargo, los problemas logísticos al interior de la Empresa Postal fueron permanentes a lo largo del tiempo. Una muestra de ello es el texto que adjuntamos, el cual evidencia los graves inconvenientes que sufrió el servicio de correos del Ecuador.

“Señor Director. La señora Juana Aguirre me ha iniciado juicio por cuanto la carta que depositó en esta oficina no ha llegado a su destino y más bien ha regresado a esta agencia a los ocho años, luego de que una persona chismosa le ha contado que en la valija de ayer llegó este sobre. La señora alega que se trataba de una escritura que debía llegar a manos de su hija Hortensia Valencia que vive en el pueblo de San Miguel de Chimbo de la provincia de Bolívar y que con ello iba a pagar unas deudas con garantía y que ahora su hija se ha quedado sin pan ni pedazo porque le quitaron hasta su casa; el marido se fue con otra mujer y la desgracia vino a su familia.

“Por los sellos que vienen en la carta, se puede comprobar que ésta salió de Ibarra el 14 de mayo de 1905, llegó a Quito el 18 del mismo mes. Allí se demoró un mes (…). Hay sello de la oficina de postilla de Latacunga y parece que se equivocaron y la mandaron al pueblo de San Miguel de Salcedo. Dos meses estuvo allí y la remitieron a San Miguel de Píllaro. Hasta que regrese a Latacunga ya habían pasado dos años. Hay en una esquina un dato que dice.

“Dirección equivocada, mande a Ambato”. Consta un sello del 20 de diciembre de 1908 y lo pone la administradora de Guaranda, quien la remite al pueblo de Bolívar de la provincia del Carchi. De aquí, a noviembre de 1909 va otra vez a Quito y lo destinan al pueblo de Biblián. Pasa en 1911 a Cuenca y de aquí otra vez a Guaranda y por fin de San Miguel de Chimbo. Aquí está dos años sin que nadie reclame y luego va de nuevo a Guaranda. Aquí está otro año hasta que la persona de la oficina, me la manda para acá.

“Yo señor director tengo en mis manos la carta y me extraña ese camino tan largo de ocho años. Visto el sobre casi no se puede leer la persona que recibe por los borrones y sello contra sello. Claro que la persona que envía apenas pone el nombre de la hija y la dirección no está clara, además está escrito con lápiz, por lo que apenas se ve es Bolívar con letrita más grande. En el revés hay una nota que a lo mejor es de la encargada de la oficina de Chimbo, indicando que la beneficiaria ya ni vive en San Miguel de Chimbo porque el marido la dejó botando y que se debe regresar la carta a Ibarra, esto para el 14 de septiembre de 1913.

“Como no tengo experiencia en estos casos, mando la carta del problema a su autoridad. Yo creo que se puede seguir dos caminos: una enjuiciarla a la señora Juan Aguirre por no saber escribir bonito y clarito la dirección, dos enjuiciarla a la hija por no reclamar la carta y hacernos tantos problemas, sobre todo con estos abogados que buscan a la primera de bastos seguir juicio por todo, sea o no sea, le echan pleito así porque sí.

“Si sigue el juicio, yo me voy a mi casa, porque además me deben casi un año de sueldo y si pagan es de real en real. Ahora todo es pretexto para sacar a los empleados: que si no soy liberal, me botan, si soy curuchupa, peor. Mejor que me vuelvan la platita que puse de garantía y le regalo este juicio que no sé por qué me salió como que fuera de la esquina de mi casa…” (Juicios. Ministerio de Obras Públicas, octubre de 1914. Archivo histórico de la Presidencia de la República, Tomo III, folio16)

* Historiador e investigador social. Autor de varios libros sobre temas nacionales.

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