29 de septiembre de 2019 00:00

La pelea perdida de las víctimas de violaciones

Merritt Wever y Toni Collette interpretan a las policías de Colorado que encontraron y detuvieron al violador, luego de estudiar los casos denunciados.

Merritt Wever y Toni Collette interpretan a las policías de Colorado que encontraron y detuvieron al violador, luego de estudiar los casos denunciados.

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Nancy Verdezoto

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‘Killer Ratings’, ‘La desaparición de Madeleine McCann’, ‘Making a Murderer’, ‘When They See Us’son algunas de las producciones de Netflix dedicadas a poner en escena historias de la vida real, casos de injusticias con finales controversiales.

Todas estas historias muestran fallas en el sistema judicial, personas inocentes condenadas a años de prisión y descrédito, y autoridades policiales y judiciales que han desprotegido a las víctimas.

Quizás por eso, los casos han atrapado a millones y han provocado protestas y reacciones en el mundo. A esta lista se suma la docuserie ‘Unbelievable’ (‘Inconcebible’), basada en el caso de Marie Adler, una chica de 18 años que fue violada y a quien nadie creyó.

‘Unbelievable’ empieza en agosto del 2008, cuando Adler vivía en el estado de Washington (EE.UU.). Empezaba una nueva vida sola luego de haber transitado desde los siete años por decenas de hogares de acogida, luego de que su madre abandonara a ella y a sus hermanos a su suerte. Este hecho había provocado que no hubiera podido establecer raíces ni amistades.

Al cumplir la mayoría de edad, Marie decidió construir su propia vida, dejar de depender del Estado y de las casas de acogida. Encontró un departamento en un proyecto creado para ayudar a los chicos que habían vivido en sus mismas condiciones a aprender a valerse por sí mismos, a manejar el dinero, a organizar su espacio y su tiempo y a establecer formas de socializar y relacionarse con otros. Era la oportunidad perfecta, como si hubiera caído del cielo.

Pero el 11 de agosto del 2008, Marie fue sorprendida por un hombre que -con cuchillo en mano- ingresó a su departamento y la violó. La ató con los cordones de sus propios zapatos, le advirtió que si gritaba la mataría, le tomó fotografías desnuda y la amenazó con que publicaría las imágenes si lo denunciaba ante la Policía.

Pero ella lo hizo. Apenas el enmascarado se fue, ella llamó a Peggy, una de sus madres de acogida, y le contó lo sucedido. Fueron a la comisaría a denunciar el hecho, pero en lugar de creerle, empezaron a surgir dudas por algunas inconsistencias en su declaración.

Los policías que recibieron el caso la acusaron de mentir e iniciaron un proceso judicial en su contra, por levantar falso testimonio. Sobre ella pesaba una posible condena de un año de prisión. Para evitarlo, Marie aceptó un trato con la Fiscalía que incluía el pago de USD 500 por gastos de la Corte, un año de terapia psicológica y seguimiento judicial de su comportamiento.

Perdió los pocos amigos que había hecho y todos la juzgaron, la acusaron de mentirosa. Sufrió no solo por la violación sino también por el descrédito.
La historia de Marie se conoció en el 2015, cuando fue publicada en The Marshall Project y ProPublica, bajo el título de ‘An Unbelievable story of rape’ (‘La inconcebible historia de una violación’). Meses más tarde la investigación ganó el premio Pulitzer.

En el extenso trabajo investigativo, los periodistas T. Christian Miller y Ken Armstrong mostraron cómo el sistema de justicia, encargado de brindar apoyo a las víctimas, le falló a Marie Adler. Pero además, revelaron el trauma que rodea una denuncia de violación, que se repite en todo el mundo. La credibilidad de la víctima suele ser objetada, al igual que la culpabilidad del acusado. Esto trae consigo un problema mayor: el silencio. En Estados Unidos, por ejemplo, apenas una quinta parte de las violaciones se denuncia.

Las víctimas temen ser desacreditadas, vejadas y atacadas no solo por la parte acusada sino también por las autoridades encargadas de llevar los procesos. Además, ellas deben someterse a varias pruebas físicas, psicológicas y médicas para analizar la veracidad de un ataque sexual. Luego vienen los constantes interrogatorios y la probabilidad de que nunca se llegue a una condena.

En países como Ecuador, se añade un problema: si como producto de la violación se produce un embarazo, la víctima deberá tener al bebé, o de lo contrario será condenada con prisión. Una realidad penal que el 60% de países, afortunadamente, ha logrado superar.

A escala nacional, la Policía registra 42 violaciones y agresiones sexuales al día. Son los casos denunciados, pero hay muchos más que nunca saldrán a la luz. Muchas mujeres violentadas tienen miedo de acudir a las autoridades. Pocas veces se logran las condenas.

En el caso de Marie, el violador Marc O’Leary había violado a 28 mujeres antes de ser encarcelado. Solamente cuando lo detuvieron, la Policía creyó a Marie e incluso le devolvieron los USD 500 que tuvo que pagar de multa a la Corte. Ella nunca más regresó a Washington.

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