1 de diciembre de 2019 00:00

Los páramos son más sensibles al cambio climático

Un reciente estudio demuestra que las plantas endémicas de estos ecosistemas no cuentan con las capacidades para adaptarse a los aumentos de temperatura

Un reciente estudio demuestra que las plantas endémicas de estos ecosistemas no cuentan con las capacidades para adaptarse a los aumentos de temperatura. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Isabel Alarcón

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Los páramos ecuatorianos son los ecosistemas más vulnerables a los efectos del cambio climático. En un escenario en el que la temperatura del planeta aumente en 1,5 grados centígrados, muchas de las plantas que viven en estas zonas no lograrán sobrevivir.

Un reciente estudio publicado en la revista especializada Journal of Biogeography demuestra que la flora endémica de las zonas más cercanas a la línea ecuatorial tiene menos capacidad de adaptarse a cambios drásticos en el ambiente.

Francisco Cuesta, investigador principal de la Universidad de las Américas y autor de este estudio, cuenta que se inspiró en las ideas de Alexander von Humboldt para realizar esta investigación. El objetivo inicial era identificar los indicadores que le permitieran evaluar los posibles impactos a mediano plazo del cambio climático sobre estos ecosistemas andinos.

Desde el año 2017, los investigadores empezaron a realizar los análisis necesarios y finalmente en este mes pudieron publicar los resultados. Cuesta explica que partieron de la hipótesis, que se fundamenta en las ideas de Humboldt, sobre la variabilidad climática y su relación con la latitud.

Esto hace referencia a que en las zonas más cercanas a la latitud del ecuador hay una ausencia de estaciones, lo que hace que el clima sea más estable durante todo el año. Esto repercute sobre las especies, ya que estas generan adaptaciones locales. Cuando estos organismos están en climas más estables, sus genes están codificados para vivir en rangos de temperatura más específicos y son más especializados. Por esto, por ejemplo, en Ecuador existe una gran biodiversidad.

En otras latitudes, explica Cuesta, las especies genéticamente son más resistentes a amplias temperaturas y pueden soportar incluso condiciones bajo cero durante ciertos meses que dura el invierno. Cuando la estación cambia, vuelven a la normalidad.

“Mientras más especializados ecológica o evolutivamente hablando sean estas especies, tendrán menos capacidad de adaptación”, dice el investigador. Esto indica que, si la temperatura aumenta 1,5 grados centígrados, será difícil que las plantas de las zonas altas de los Andes tropicales se acostumbren a este escenario.

Para llegar a estas conclusiones, se evaluó la información de 505 especies de plantas vasculares de comunidades alpinas en 49 cumbres. De las 82 especies de plantas endémicas del páramo, el 82% se encuentra clasificado como “de alta vulnerabilidad”. El 16% están en la categoría de “vulnerabilidad moderada” y solo el 2% tiene una amenaza baja.

En el estudio también se muestra que la mayoría de las cumbres han experimentado un aumento de temperatura entre los años 1979 y 2013 con un alza promedio de 0,021 grados centígrados por año. Las cumbres ubicadas en latitudes más altas fueron las que presentaron un incremento más significativo.

En un estudio previo, realizado por Cuesta, también se demostró que en el país se pierden glaciares a una tasa más alta, en comparación con otras zonas de los trópicos que están más al sur. Este es otro indicativo de la vulnerabilidad de los Andes ecuatoriales a la variación del clima.

Este cambio en los paisajes tiene repercusiones no solo en la existencia de las especies, sino también en los servicios ecosistémicos que estos lugares proveen. Los grandes humedales de las zonas altoandinas, que acumulan altas cantidades de agua, van a empezar a secarse en épocas de escasez de lluvia. Cuando esto ocurra, estos sitios, que actualmente son reservorios de carbono, se transformarán en una fuente de emisión de carbono. Esto aumentará la cantidad de emisiones de CO2 a la atmósfera.

Además, el páramo es conocido por su capacidad de regulación hídrica. Debido al cambio climático, las ciudades de los Andes, que dependen del agua que viene de estas zonas, empezarán a sufrir por la escasez de este líquido vital. El investigador explica que esta década (2020-2030) es fundamental para lograr una reducción drástica de las emisiones de gases y evitar que se presente el peor escenario.

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