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Los padres pueden transmitir a sus hijos el estrés del inicio a clases

Los padres de familia llegan hasta las papelerías para comparar precios, y están a la espera de la lista de útiles escolares. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Los padres de familia llegan hasta las papelerías para comparar precios, y están a la espera de la lista de útiles escolares. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Los padres de familia llegan hasta las papelerías para comparar precios, y están a la espera de la lista de útiles escolares. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

La lista de útiles escolares llegó y el monto supera lo que tenía presupuestado gastar. Además, los materiales no son fáciles de encontrar. La pizarra, los tableros de dibujo, la calculadora científica no están en un solo lugar y debe recorrer varias tiendas para completar la lista, al igual que el resto de padres que corren de un lado a otro.

Si le es familiar esta imagen y además le quedan pendientes por cumplir en el trabajo, y en el hogar, es una víctima potencial del estrés de inicios de clases, que se siente de cara al inicio del nuevo año lectivo en el régimen Sierra-Amazonía, este 1 de septiembre del 2014.

La psicóloga humanista, Elsy Morales, dice que es normal en esta época sentirse más presionado, pero que se debe tener cuidado. Cuando ese estrés no puede sobrellevarse, incluso puede ser transmitido a los hijos y hacer que inicien clases con ese peso encima.

“Los padres deben procurar ver en esa salida a comprar los útiles o en la prueba del uniforme, una oportunidad para pasar tiempo de calidad con sus hijos. Son momentos importantes, que no se suelen aprovechar para estrechar lazos”.

Ellos –agrega la especialista- deben permitir que los pequeños tengan un cierre de vacaciones positivo; sin peleas entre padres. Eso le ayudará a que comience con pie derecho a cumplir sus tareas.

Las actividades previas se pueden aprovechar precisamente para enseñar al niño la importancia de ahorrar, de cuidar los útiles, si él participa en la compra. Incluso comunicarse para conocer sus expectativas y deseos. “Los padres deben darse cuenta que es una bendición tener a alguien a quién comprarle un uniforme o los útiles. Si se asumen estas tareas con otra actitud, todo a su alrededor mejorará”.