21 de diciembre de 2019 00:05

Pactoloma, aventura en el legado de la cultura Yumbo

Caída de agua del río Chirapi, junto a la Gran Piedra Yumba en el sector de Pactoloma. Foto: cortesía Quito Turismo

Caída de agua del río Chirapi, junto a la Gran Piedra Yumba en el sector de Pactoloma. Foto: cortesía Quito Turismo

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Edwing Encalada
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La huella arqueológica que dejó la cultura Yumbo hace más de 800 años es la principal carta de presentación de Pactoloma, lugar perteneciente a la parroquia de Pacto, ubicada a 101 km de Quito.

Allí se encuentra un conjunto de petroglifos, muchos de los cuales están tallados en una roca que los lugareños la bautizaron como la Gran Piedra Yumba.

“Por lo cristalino de las aguas y la vegetación tupida del sector que evita el ingreso de los rayos solares, se presume que ocupaban este lugar para descansar, alimentarse y recargar energías”, señala Sebastián Almeida, de Quito Turismo.

Lo primero que observará en este lugar es una decena de círculos de diferentes tamaños. Existen, además, cerca de 15 espirales de varios tamaños.

Según los arqueólogos que visitaron el lugar, la simbología de aquellos trazados evoca a la perfección y al infinito.

El dibujo que identifica al Museo de Sitio de Tulipe, de hecho, salió de Pactoloma. “Ese tallado retrata a la mente humana como perfecta y atada a un espiral que evoca al infinito”, explica Almeida, mientras señala las piedras de moler que se encuentran a los costados de las pozas naturales de agua del río Chirapi.

Una de las 15 espirales que fueron talladas por los yumbos sobre la roca, hace más de 800 años. Estos trazados están en Pactoloma. Foto: cortesía Quito Turismo

Una de las 15 espirales que fueron talladas por los yumbos sobre la roca, hace más de 800 años. Estos trazados están en Pactoloma. Foto: cortesía Quito Turismo

Se presume que esas piscinas fueron usadas con fines energéticos y que se preparaban alimentos en las riberas de las pozas. Sus aguas provienen de las vertientes del río Pichán, de las estribaciones del Guagua Pichincha, que al bajar por la montaña se junta con el río Chirapi para seguir su camino rumbo al océano Pacífico.

Las dos pozas poseen seis metros de diámetro y una profundidad de 1,60 metros. Sus aguas no son caudalosas, por eso puede ingresar en ellas con niños bajo vigilancia.

Aunque ese lugar es sagrado para los pobladores de Pacto por su historia, recientemente fue objeto de un ataque vandálico. El pasado octubre, un grupo de adolescentes ingresó por la noche y grafiteó la Gran Piedra Yumba, con dibujos de diablos y pentagramas, los cuales fueron limpiados semanas después por las autoridades del GAD parroquial de Pacto.

Pactoloma, en la actualidad, no solo es una aventura para conocer sobre el legado de los yumbos. Alrededor de este complejo arqueológico se han instalado algunos emprendimientos agrícolas para potenciar a las rutas turísticas, con plantaciones orgánicas de cebolla, zanahoria amarilla, yuca, verde, naranja, mandarina, guaba, entre otras.

Su producto emblemático es la caña de azúcar. De hecho, existen en la zona cañaverales que superan los 80 años.

El jugo de caña endulzado con limón mandarina es la bebida más tradicional del sector. En gastronomía, la principal oferta la encabeza el cebiche de palmito y la tilapia frita con patacones.

Para quienes gustan del aviturismo, la Reserva Amagusa es una buena opción ya que en las primeras horas de la mañana se pueden observar hasta 11 especies de colibríes. Otra de las aves emblemáticas es la tangara verde.

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