18 de septiembre de 2017 00:00

Obsesión por los dientes blancos afecta a la salud

Vicente costales/ el comercio Tania Villalva, durante un proceso de blanqueamiento, en Dental Home.

Tania Villalva, durante un proceso de blanqueamiento, en Dental Home. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO 

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Paola Gavilanes

Lucía Ochoa se sometió a un blanqueamiento de dientes cuando tenía 13 años. Ahora tiene 27 y aún siente los efectos: dientes sensibles y débiles.

Hace unos meses, incluso, se le despostilló una muela. Sucedió mientras comía tostado. Eso ocurre, según Tania Villalva, experta en cosmética y rehabilitación oral, porque el procedimiento se realizó en el inicio de la adolescencia.

Los dientes de una persona están listos para recibir un blanqueamiento a partir de los 16 años, tras una radiografía que confirme la formación total de las raíces.

Este tratamiento se recomienda por problemas específicos, como manchas, que se producen por un consumo excesivo de productos con colorantes como gaseosas, café, dulces. Lo recomendable es que el procedimiento se realice en gente adulta, sin embargo, la realidad es distinta.

De acuerdo con la especialista, mujeres y hombres de todas las edades recurren a su experiencia para alcanzar la sonrisa ‘perfecta’, esa que lucen ahora las modelos, artistas, cantantes... y que poseen un tono blanco antinatural.

Villalva, por ejemplo, atiende en su consultorio a una mujer que sobrepasa los 50 años y que ha recurrido antes por lo menos a dos procesos de blanqueamiento, tratamiento validado por un 67% de personas, según una encuesta realizada por Opina América Latina.

Con sus consejos ha evitado que continúe con el proceso, pues el abuso también puede provocar la pérdida de las piezas. “Se explican las ventajas y consecuencias, pero a ciertos pacientes es difícil convencerlos”, cuenta la especialista.

Esta insistencia de los pacientes se denomina blancorexia, que es la obsesión por tener los dientes blancos, y que en muchos casos causa efectos adversos para las piezas y para la salud en general: irritaciones severas en las encías, paladar y garganta; cambios en la percepción del sabor; daños en la matriz del esmalte.

Este último problema también lo padece Ochoa. Sus caninos carecen de esmalte y lucen un blanco más oscuro que el resto de sus dientes.

Hay personas que por esa obsesión recurren a tratamientos caseros (USD 150), mientras que otras visitan a médicos sin experiencia, aumentando así el riesgo de sufrir quemaduras e incluso de hipersensibilidad. Cuando el dolor es excesivo, es necesaria la extracción del nervio del diente o muela afectada.

El blanqueamiento dental en consultorio consiste en colocar peróxido de hidrógeno –en un determinado porcentaje y tiempo– en cada pieza, aislando las encías para evitar quemaduras.

Pero el blanqueamiento de los dientes es solo una de las opciones que tienen las personas para lograr el blanco deseado. En la lista también están las carillas y las coronas. Las primeras son unas láminas muy finas que se pegan en la parte externa de los dientes, con un cemento o resina.

Se las utiliza también para corregir imperfecciones sin afectar a los dientes, aunque en algunos casos es necesario tallarlos. Las coronas, en cambio, son una especie de funda que se encaja sobre el diente o muela natural.

Aparecieron con un fin funcional, pero ahora integran la lista de tratamientos dentales estéticos, y son recomendados por ciertos profesionales para reemplazar, incluso, dientes fuertes y sanos.

Impedimento 

Es difícil ofrecer un tratamiento a las personas con daños
en los dientes por ­temas genéticos: con un tono gris o translúcidos.

Precaución 

El médico debe preguntar al paciente si tiene alergia a un determinado producto, pues la solución contiene varios
químicos.

Colorantes 

El tratamiento de blanqueamiento es ideal para las personas que han acumulado manchas por el abuso de productos con colorantes.

Frecuencia


Una persona puede practicarse un blanqueamiento dental cada cuatro años, tras la aprobación de un médico ­especialista.

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