4 de octubre de 2018 00:00

El Premio Nuevo Mariano Aguilera hurga en la memoria

La muestra se inaugurará el sábado a las 11:00, en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito. Reúne el trabajo de los 10 artistas becados de la edición 2017-2018.

La muestra se inaugurará el sábado a las 11:00, en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito. Reúne el trabajo de los 10 artistas becados de la edición 2017-2018. Fotos: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I)

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Desde hace algún tiempo, a François ‘Coco’ Laso le interesa develar qué hay detrás de los borrones de la historia nacional -imágenes que esconden a personas que han sido olvidadas por el paso del tiempo-. Los borrones por los que se interesó en este último año están relacionados a la matanza de Aztra, ocurrida hace 41 años en el sector de La Troncal.

De este interés nació ‘Un martes cualquiera’, el proyecto fotográfico que ganó una de las 10 becas del Premio Nuevo Mariano Aguilera 2017-2018 y cuyo resultado final se podrá ver desde este sábado, en la exposición que se inaugura en el Centro de Arte Contemporáneo.

El detonante para iniciar el proyecto fueron los nombres borrados encontrados en un documento desclasificado de la CIA de 1978, donde se confirma la participación del país en el Plan Cóndor. “Desde ese momento -dice- me interesé por dos cosas puntuales sobre lo ocurrido en Aztra: la brutal represión de la Policía y el mito de los zafreros incinerados en los calderos del ingenio”.

El resultado de su investigación es un mural fotográfico hecho con imágenes de la prensa de la época, en el que utilizó papel de caña de azúcar y donde se pueden ver los rostros de personajes como el de Guillermo Durán Arcentales, condecorado una semana después de la matanza.

Las imágenes que aparecen en ‘Un martes cualquiera’ invitan a reflexionar sobre la fragilidad de la memoria y la importancia de mantenerla viva, algo que desde intereses y contextos muy distintos también fue trabajado en esta edición por Pamela Cevallos, en su proyecto ‘Museo Histórico y Artesanal La Pila’ y por Maio Alvear en ‘Campo Construcción/Construcción campo’.

Este interés por hurgar en la memoria también atraviesa a la iniciativa editorial ‘Al Zur-ich más que un proyecto, un recurso estratégico. Historia del Encuentro de arte y comunidad Al Zur-ich (2003-2017)’ de Pablo Almeida. También está el trabajo de investigación ‘Memorias y perspectivas de lo colectivo. Entre la gestión cultural y las prácticas artísticas contemporáneas’, de Paola de la Vega y Pablo Ayala.

Esta investigación nació de la necesidad por comprender en qué condiciones habían emergido los colectivos de arte contemporáneo entre el 2000 y el 2007, entre ellos Oído Salvaje, Tranvía Cero, Experimentos Culturales, Ñukanchik People o La Limpia.

Para la exposición se escogieron extractos de la investigación, sobre todo las que dan cuenta de las diferencias entre la producción artística que existió en Quito y Cuenca y la que se generó en Guayaquil. A criterio de Paola de la Vega, en las dos primeras hubo un trabajo más vinculado a la producción de proyectos que a la generación de obra, mientras que en la segunda todo estuvo más articulado a los circuitos globales del mercado del arte.

En los proyectos vinculados al trabajo de nuevas pedagogías artísticas -como ‘Kipiku de saberes musicales del pueblo Kichwa Karanki’, de Kuyllur Escola, o ‘Laboratorio Disonancia’, realizado por Patricio Dalgo-, la memoria también juega un papel central.

Este último invita a que el público haga un pequeño recorrido retrospectivo por el trabajo que Dalgo ha realizado durante los últimos 20 años y donde la experimentación electrónica, sonora y audiovisual se ha convertido en protagonista, como sucedió con el proyecto Sala Cine Pedal.

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