11 de noviembre de 2020 16:17

Una nueva restauración suscita sorpresa y curiosidad en España

Imagen del antes y después de la restauración de una figura escultórica en Palencia, España. Foto: Facebook Antonio Capel Artista

Imagen del antes y después de la restauración de una figura escultórica en Palencia, España. Foto: Facebook Antonio Capel Artista

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Agencia EFE

El descubrimiento de la cuestionable restauración de una figura escultórica en una fachada de la ciudad de Palencia (España) ha provocado la sorpresa y la curiosidad de los ciudadanos, que ven cómo un desastre estético puede convertirse en reclamo, aunque en este caso el valor artístico de la obra dañada es escaso y ni siquiera está catalogada.

En la imagen, un relieve escultórico originalmente creado hace un siglo y situado a unos veinte metros de altura, se aprecia ahora un rostro deforme, con los ojos excesivamente separados y una boca de trazos infantiles, sin apenas expresividad.

Fue el artista palentino Antonio Capel quien alertó a través de las redes sociales del desagradable hallazgo, ubicado frente a su taller en la calle Mayor de la capital palentina.

Probablemente la altura a la que se encuentra el relieve ha hecho que haya pasado desapercibida hasta ahora la imagen deformada del rostro de una de las figuras, que ya se conoce como el ‘Ecce Homo’ palentino, por analogía a la desafortunada restauración en 2012 del cuadro del ‘Ecce Homo’ de una iglesia de la localidad de Borja (noreste), que causó un enorme revuelo y llegó a inspirar una ópera de un compositor estadounidense.


Capel no dudó en calificar la restauración de “picia” y elucubró que “la cabeza se cayó” en su momento, durante alguna de las reformas del edificio.

Dado que el conjunto escultórico no está dentro de los catálogos de obras protegidas, el futuro de la imagen dependerá de la decisión que tomen los propietarios del inmueble.

El caso es que, con el revuelo que se ha montado, que ha cruzado incluso las fronteras, son numerosos los ciudadanos que se paran frente a la fachada para señalar el estropicio, cuyo autor por ahora desconocido.

Está por ver si todo queda en anécdota o si, como ocurrió en Borja, el edificio se convierte en lugar de peregrinación para curiosos de todo el país.

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