10 de diciembre de 2017 00:00

La Navidad pone en riesgo a 950 tipos de musgo

En los últimos dos años se han decomisado más de 3 800 kilos de esta planta

En los últimos dos años se han decomisado más de 3 800 kilos de esta planta. Foto: Archivo

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Isabel Alarcón
Redactora (I)

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La conservación del musgo se pone en riesgo cada diciembre. Aunque se considera una tradición que esta planta adorne los hogares en Navidad, su presencia implica la destrucción de los ecosistemas, la erosión del suelo y la pérdida del hábitat de especies de flora y fauna.

Durante las festividades, la extracción y comercialización del musgo aumenta en más de un 90% en el país. La planta decora los pesebres y se la coloca alrededor del árbol. Una vez que se termina la Navidad, la mayoría del musgo termina en la basura.

Mientras tanto, en los sitios en donde fue extraído, tomará al menos siete años para que la planta vuelva a crecer y, en este tiempo, el ecosistema ya habrá sufrido una transformación.

Katya Romoleroux, docente investigadora de la Pontifica Universidad Católica del Ecuador y directora del Herbario QCA, explica que los musgos son “esponjas naturales” de agua lluvia, que pueden absorber hasta 20 veces su propio peso.

Estos actúan como reservorios de agua donde viven insectos y anfibios. En algunos bosques ubicados en el camino a Papallacta, los musgos rodean a los grandes árboles, les brindan mayor humedad y contribuyen a que cumplan su papel de purificadores del aire, disminuyendo la contaminación ambiental.

“Cambiar ese ecosistema modificaría toda la cadena biológica”, dice la directora del Herbario QCA y espera que no se empiece a extraer estas plantas en las zonas que aún no han sido gravemente afectadas.

La distribución de los musgos es amplia. Pueden estar en el suelo o sobre otra planta. Están presentes en el microambiente de una hoja tropical hasta en amplios paisajes, dice Romoleroux. En el país, por lo general crecen entre los 2 000 y 4 500 metros.

Algunos de los bosques donde están las briofitas (musgos) aún no son conocidos. Este es uno de los principales problemas, cuenta la investigadora, ya que al extraerlos para armar el nacimiento, las personas se están llevando biodiversidad que todavía no ha sido identificada y que nunca se podrá saber que existió.

En el Ecuador, hasta el momento se conoce que existen alrededor de 950 especies de musgos pertenecientes a 30 géneros. Para evitar que estas plantas continúen desapareciendo, desde esta semana se inició la campaña ‘No arranques la piel de los bosques’, impulsada por el Ministerio del Ambiente (MAE) junto a la Policía Nacional.

Tarcisio Granizo, ministro de esta Cartera del Estado, explica que en el país está prohibida la comercialización del musgo extraído directamente de los bosques y páramos. Se puede utilizar las plantas que han sido criadas en condiciones de manejo.

Lo que se busca, dice, es la producción sostenible que no ponga en riesgo las poblaciones existentes en los medios naturales. En las áreas protegidas es totalmente prohibida su extracción.

Según datos del MAE, en el 2015 se decomisaron 1 810 kilogramos de musgo, mientras que el año pasado la cifra subió a
2 019 kg. Ricardo Yánez, jefe de la Unidad de Protección del Medio Ambiente de la Policía Nacional, atribuye el aumento de musgo decomisado a los mayores controles que se están realizando.

Yánez explica que solo durante esta semana se logró retener 140 kg y ya se tiene identificados los lugares en los que se vende el producto sin los permisos correspondientes. Durante los operativos se comprueba que los sitios tengan el permiso de uso del suelo y se revisa el producto con los técnicos ambientales.

Para vender musgo es necesaria la licencia de comercio interno que es entregada por el MAE. Actualmente existen dos de estos permisos en la provincia de Pichincha otorgadas a la empresa Peña Dorada.

A través de estos permisos se autoriza “la colección de briofitos silvestres en cultivos de pitahaya y Citrus sp., en el cantón San Miguel de los Bancos”. La segunda licencia para esta empresa funciona en su finca en el cantón Quito y se autoriza la “colección de Tillandsia usneoides (barba de viejo) colectada en cultivos de chirimoya”.

Una vez que en los operativos se comprueba que los comerciantes no cuentan con los permisos, las autoridades decomisan el producto y se establece una sanción económica.

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