31 de julio de 2018 00:00

La música afroecuatoriana se fusiona con el jazz latino

Los esmeraldeños Tito Ponguillo, en la marimba y Benjamín Vanegas, como vocalista, en un concierto en Guayaquil. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

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Redacción Guayaquil
(F-Contenido intercultural)

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El cantante esmeraldeño Benjamín Vanegas, voz líder del grupo de marimba Taribo, ya había comenzado a tocar los arrullos tradicionales de su tierra en ritmo de bambuco, de trova o incluso de salsa. Se trató de una estrategia para acercar la música de sus ancestros a la gente joven, que, según dice, ha dejado de escucharla.

En un concierto en Guayaquil en el marco del festival municipal Musimuestras, el grupo de música esmeraldeña y afropacífica fue un paso más allá al fusionar con jazz latino la música afroecuatoriana, sobre todo arrullos.

El sonido de las marimbas, congas y cununos fue mezclado con el de piano, guitarra, bajo y batería del grupo guayaquileño Vargas Project Band. La particular formación que se unió para la presentación tomó para una presentación el nombre de Afro Project.

Vanegas reconoció que al intentar revitalizar la música afro y hacerla ‘consumible’ para los nuevos públicos, se corre el riesgo de contaminarla, pero dijo que es un riesgo que están dispuestos a correr porque fusionar los arrullos con música de otras latitudes significa apropiarse del legado ancestral y recorrer nuevos caminos. “El arrullo fusionado sigue conservando lo terrígeno, lo africano y también lo español”, dijo. Gabriel Castro, coordinador del Musimuestras, defendió la experiencia pues dijo que se trata de entender al acervo de los pueblos como un patrimonio dinámico y móvil.

El conjunto tocó tradicionales como el Andarele y la Caderona. Y temas como un arrullo de letra sencilla titulado simplemente Pin Pon. “El arrullo es una práctica para cantar y agradecer a los santos católicos que nos enseñaron los españoles, al pueblo que alguna vez fue esclavo, unos cantos que se fusionaron con la ancestralidad y con nuestros orígenes africanos”.

Entre los temas de repertorio fusionado con toques de jazz latino también estuvo Bolitas de oro, “dedicado a María y José, el padre y la madre de Jesús”. Aunque también se le cantó a temas mundanos como el alcohol en una de las canciones (Guarapo me juma) en la que ganó protagonismo la cantante Jenny Villafuerte, con una voz entrenada en el jazz.

El pianista Gustavo Vargas, director de la Escuela de Música de la Universidad Católica de Guayaquil y de la Vargas Project Band, destacó la instrumentación que alcanzaron los arrullos con una banda de más una docena de músicos. “La música esmeraldeña –dijo- es muy rica. La idea siempre fue volver la mirada a esas raíces, imprimirle frescura desde un estilo más contemporáneo”.

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