14 de junio de 2020 00:00

¿Un mundo más desigual después de la pandemia?

Una persona escarba en uno de los mayores basurales de América latina, en Brasil, frente a grandes rascacielos. La desi-gualdad en este país es elevada. Foto: AFP

Una persona escarba en uno de los mayores basurales de América latina, en Brasil, frente a grandes rascacielos. La desi-gualdad en este país es elevada. Foto: AFP

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César A. Sosa Macroeditor (O)

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La pandemia abrió varios frentes de preocupación: recesión, desempleo, pobreza, endeudamiento. Los líderes mundiales temen ahora que el covid-19 deje como legado una mayor desigualdad, aunque ese escenario no está definido.

La historia de las pandemias muestra que, pese a sus efectos negativos, han inclinado la balanza a favor de la igualdad. Los trabajadores vieron subir sus salarios y eso redujo la brecha entre ricos y pobres.

La peste negra, una infección bacteriana que devastó las poblaciones de Europa y Asia a mediados del siglo XIV, es la pandemia más estudiada de épocas pasadas y hay certeza de que uno de los resultados fue un salario más elevado para los trabajadores en el noroeste de Europa, según un artículo de Paul Hannon, publicado en abril pasado en el diario The Wall Street Journal.

Aunque es difícil saber el número de fallecidos en aquella época, puesto que no se contaba con los sistemas actuales para registrar las muertes, los expertos sostienen que un tercio de la población pudo haber sucumbido a la enfermedad. En Alemania, por ejemplo, se estima que uno de cada 10 habitantes perdió la vida, dice Ada Muño, del diario español El Confidencial, quien recuerda que la peste negra también llegó de Asia y que tuvo su mayor impacto entre 1346 y 1353.

Según varias estimaciones, esta enfermedad acabó con la vida de 100 millones de personas en Asia, África y Europa. En este último continente, la población se redujo entre 25 y 60%. Una situación similar ocurrió con la gripe española, que entre 1918 y 1920 cobró la vida de 50 millones de personas, aunque hay estudios que duplican esa cifra. A diferencia de otras epidemias que afectaban a niños y ancianos, en este caso la mayoría de las víctimas tenía entre 18 y 49 años.

Para quienes sobrevivieron, las condiciones de vida y de trabajo mejoraron. También se produjeron cambios sociales para terminar con la servidumbre. Muño cuenta que la dieta de ricos y pobres se volvió muy parecida y hubo más solidaridad, pues la enfermedad y la muerte no entienden de clases sociales.

Pero, además, la gripe española, al igual que la peste negra y otras pandemias generaron una altísima mortalidad que redujo la oferta de mano de obra, obligando a pagar más a los trabajadores. Grandes territorios se quedaron sin dueños, hubo procesos de redistribución de la tierra y todo eso jugó a favor de la igualdad.

En un artículo publicado en abril pasado por el National Bureau of Economic Research, tres economistas examinaron 15 brotes diferentes que representaron, cada uno de ellos, más de 100 000 muertes.

Según ese estudio, los salarios reales, en general, aumentaron durante tres décadas después de cada brote, hasta un 5% en su punto máximo. En ese período, cuenta Hannon, la tasa de interés -una medida del rendimiento del capital- disminuyó en un punto y medio porcentual. En general, las pandemias redujeron la brecha de ingresos entre trabajadores y dueños del capital.

El denominador común en todos los casos fue la alta tasa de mortalidad, que redujo la mano de obra y, por ende, impulsó el salario. En ese sentido, la pregunta es si la actual pandemia del covid-19 provocará igual comportamiento.

Si el covid-19 se hubiese propagado sin control, la cifra de muertos sería mucho mayor y su impacto en la desigualdad sería, probablemente, similar al de las pandemias anteriores, pero las medidas de confinamiento a escala global cambiaron ese escenario.

Según la agencia AFP, desde que el covid-19 apareció en Wuhan, China, ha cobrado la vida de 421 000 personas en el mundo hasta el viernes pasado y hay más de 7,5 millones de contagios confirmados, aunque las cifras pueden ser muy superiores debido al subregistro en muchos países.

Esas cifras aún no son muy elevadas como para afectar la oferta de mano de obra. Y si bien se espera que aumenten, las cuarentenas están atenuando los contagios y las muertes. Además, los más jóvenes y las personas en edad activa son los menos propensos a contagiarse y morir por covid-19.
Carlos Uribe, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, añade que, a diferencia de las pandemias del pasado, el factor tecnológico ahora está inclinando la balanza a favor de los dueños del capital, aumentado así la desigualdad.

Se refiere a que, en países desarrollados, aunque también en aquellos en vías de desarrollo, el confinamiento está llevando a las empresas a acelerar la automatización de los procesos productivos. Eso significa un desplazamiento de la mano de obra. “La participación de los ingresos salariales en el PIB total de un país será menor y subirá la participación de los dueños del capital”.
Sin embargo, aclara que eso no es igual en todos los países. En Ecuador, por ejemplo, con el aumento del salario básico desde el 2008, la participación de los salarios aumentó, aunque en los últimos años ha bajado por efecto de la crisis.

También es importante definir qué es la desigualdad en los tiempos modernos. La manera más común de mirarla es utilizando el Índice de Gini, el cual mide la diferencia de ingresos. Mientras más bajo el indicador, mejor.

El efecto de la pandemia del covid-19 generará más desigualdad en los ingresos, pero también hay la desigualdad por consumo, la cual puede tener un comportamiento diferente. Las personas de mayor nivel económico, por ejemplo, no pueden tener el nivel de vida de antes por algún tiempo, lo cual reducirá la brecha con las personas más pobres que, además, ahora reciben asignaciones gubernamentales para poder consumir.

Y si los gobiernos deciden aumentar los impuestos a los dueños de capital, también se esperaría reducir la desigualdad. En medio de la pandemia, todas las opciones están sobre la mesa y eso puede jugar a favor o en contra de la igualdad.

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