13 de marzo de 2020 00:00

El muchín de verde y maní resalta la tradición vinceña

La réplica de la torre Eiffel se destaca en el centro de la ciudad. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

La réplica de la torre Eiffel se destaca en el centro de la ciudad de Los Ríos. Fotos: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Ronald Ladines
Redactor
rladines@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

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Cada tarde Antonia Castro se ubica en el malecón Eloy Alfaro, en el centro de Vinces para vender sus muchines, ayampacos y bollos. La mujer, de 60 años, alista su parrilla y el carbón, para asar los manjares de la gastronomía montuvia.

Ya es conocida entre los vecinos, que con los años se convirtieron en sus clientes. Su puesto estratégico en el malecón permite a los comensales disfrutar de la brisa del río y de una vista privilegiada de la réplica de la torre Eiffel, símbolo de la ciudad de Los Ríos.

Vive en el callejón Quinto, en el centro de Vinces. Todos los días- desde hace 17 años- coloca su fogón y una mesa plástica, a las 08:00, en el malecón para atender a sus comensales. Vende entre 20 y 30 muchines al día, a USD 1 cada uno.

Para los vinceños, sus muchines son típicos, pero para cualquier visitante se vuelven una novedad. Este platillo es diferente de los bocaditos de yuca que se apropian de ese nombre en otras ciudades.

Se trata de una masa de verde con relleno de carne o pescado, envueltos en una hoja de plátano, que luego de ser cocinados en agua, pasan a la parrilla para tomar un sabor ahumado. Se sirve con una salsa de maní y ají.

Fanny Muñoz muestra uno de los ayampacos (bocaditos) que vende en el sector del baipás.

Fanny Muñoz muestra uno de los ayampacos (bocaditos) que vende en el sector del baipás.

“La necesidad me enseñó a cocinar, este puesto era de mi suegro que me dio algunos consejos y ya luego yo me hice cargo”, contó la mujer, que atiende con una sonrisa a cada uno de los clientes de su negocio que le ayudó a mantener a sus cuatro hijos.

Según ella, fueron sus raíces montuvias las que le dieron la sazón que pone en cada una de sus preparaciones. Su suegro, que atendía antes en el mismo lugar, le transmitió las recetas y técnicas de cocina.

“A la gente le gusta el sabor que da la hoja de plátano, son costumbres que no se pierden, las calles han ido mejorando con el tiempo, pero las tradiciones se mantienen”, dijo la mujer, orgullosa de sus raíces.

La tradición no solo se conserva en el centro; en el sector del baipás, en el sur de la ciudad, también hay locales que ofrecen los platillos con base de verde y maní.

Uno de esos locales es el de Luisa Elaje, que atiende desde hace 20 años en la misma zona. Sus muchines son más grandes que los que ofrece su colega, por eso cuestan USD 2. El tamaño es la única diferencia, pues el sabor, olor y presentación en el plato es el mismo.

Doña Luisa se dedica únicamente a cocinar. Su hija, Fanny Muñoz, es la encargada de venderlos. Cuenta que tiene una clientela fija, que busca su local principalmente entre las 12:00 y 13:30, hora de almuerzo.

“Nosotros estamos orgullosos de nuestra herencia, de la comida, de los monumentos, de la ciudad. Tenemos que conocer nuestra historia para que no se pierda en el tiempo”, dijo Muñoz, con una sonrisa.

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