24 de febrero de 2020 00:00

El otro como monstruo en una exhibición

Detrás de Diana Valarezo está la pintura Limar, un autorretrato junto a su esposo, con el paisaje apastelado de Lima. Vicente Costales / EL COMERCIO

Detrás de Diana Valarezo está la pintura Limar, un autorretrato junto a su esposo, con el paisaje apastelado de Lima. Vicente Costales / EL COMERCIO

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Ana Cristina Alvarado

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La artista ecuatoriana Diana Valarezo ha vivido en siete países diferentes en los últimos 20 años. Conoce bien el extrañamiento y también reconoce la distancia que se impone frente a los códigos diferentes. En ‘Consciencia imaginada’, que se expondrá en N24 Galería hasta el 4 de marzo, pone en escena estas sensaciones por medio de la fantasía y del surrealismo.

En el 2011, cuando vivía en Bélgica, empezó el ‘Bestiario de Bruselas’, a partir de los escritos de Cristóbal Colón y Bartolomé de Las Casas, cronista español de la conquista a América. La serie de dibujos también está inspirada en los trazos de El Bosco y el surrealismo belga.

“Bartolomé de Las Casas describía a ciertos habitantes de las Américas como monstruos. En los escritos hay orejones, seres de una pierna y el gastrocéfalo. Empecé a trabajar este último en formato pequeño, porque como sabía que iba a estar de un lado al otro, debía entrar en la maleta o ser enrollable”, relata.

‘Consciencia imaginada’ continuó en el Perú, en formatos más grandes, pues la artista sabía que se quedaría en ese país por un periodo más largo.

En las investigaciones que hizo en ese país sobre los bestiarios dio con la obra de Felipe Guamán Poma de Ayala, un cronista de la época del Virreinato del Perú.

Cada pintura de esta serie se basa en las cartillas de ‘Las Indias y el Buen Gobierno’ de Guamán Poma de Ayala. Cada cuadro cuenta una historia y, además, está acompañado de un poema que si bien no está expuesto, se puede acceder a través del catálogo.

En Perú, la obra de Valarezo se encontró con la cultura chicha, por lo que los colores elegidos son muy llamativos y la iconografía también empieza a hacerse eco de la diversidad visual peruana.

Igualmente, figuras de personajes icónicos para la cultura popular peruana, como Santa Rosa de Lima o Sara Coloma -venerada por la comunidad Glbti, trabajadoras sexuales y conductores-, son reproducidas con el pincel de Valarezo.

Asimismo, diseños del arte popular de la India y Ghana se pueden encontrar en los paisajes de las piezas de esta muestra. El paisaje, de hecho, es una de las constantes de esta exposición. ¿Por qué? “Cambia, va cambiando siempre, pero los objetos cotidianos son mi ancla, me dan tranquilidad y respiro”, responde.

Otra referencia que Valarezo usó para este proyecto es un mapa de Guayana elaborado en 1596 por Jodocus Hondius, alumno del reconocido cartógrafo Gerardus Mercator. En este dibujo encontró de nuevo la figura del gastrocéfalo. “Ahí hizo clic todo. El gastrocéfalo es un personaje del inconsciente colectivo. Cuando estaba dibujando salió una investigación que decía que en el estómago hay una red neuronal, es como un segundo cerebro. Me pareció fantástico”, dice la artista.

Lo visceral es, además, algo con lo que Valarezo se siente identificada. “Es el sentimiento más animal. Cuando emigras tienes que estar con las antenas puestas para tratar de entender todo lo que pasa alrededor tuyo”, explica.
Si bien Valarezo ha sido

parte de muestras colectivas -como ‘Destejer la Memoria’-, esta es la primera exhibición en solitario en Ecuador desde hace 20 años. “Creo que el sitio que más me cuesta es aquí, cuando vuelvo yo ya no soy lo que todo el mundo espera que uno sea”, reflexiona.

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