5 de diciembre de 2018 09:00

Molotov, un coctel de música, fiesta y crítica social en Quito

Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

La banda mexicana Molotov se presentó en Quito el 4 de diciembre con su gira 'Desconecte'. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Fernando Criollo

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Molotov presentó su ‘Desconecte’ con casa llena, la noche de este 4 de diciembre en el Ágora de la Casa de la Cultura. Este es el primero de tres conciertos que la banda mexicana ofrecerá en Ecuador.

Gabriel Echeverría fue el primero en la fila que se formó en la puerta de ingreso al escenario. “Quiero asegurarme el mejor puesto para ver a mi banda favorita”, dijo el joven universitario que sigue a la banda desde que tenía seis años y que llegó al concierto con un grupo de amigos. “La letra de sus canciones es una mezcla de parodia y crítica. Es la voz del pueblo hecho música”, dice el fanático que llegó para ver a la banda en vivo por segunda vez y con gran expectativa por el formato acústico, que los vuelve a poner de gira por Sudamérica, tras el lanzamiento de ‘El desconecte’, disco grabado durante la presentación para el Mtv Unplugged.

El espectáculo musical arrancó cerca de las 20:30 con la presentación de la banda local Tripulación de Osos, quienes se lucieron con la interpretación de una decena de canciones de su repertorio de rock alternativo entre las que sonaron Electrolitos, Robormiga, Fantasma, Cumpleaños, entre otras.

Al grito de “¡Olé, olé, olé, olé, Molotov!”, la agrupación mexicana subió al escenario alrededor de las 21:30, para mostrar una nueva faceta musical con percusión, contrabajo y los teclados al mando de Money Mark de los Beastie Boys. “Es un gusto presentarles El Desconecte por acá”, dijo ‘Tito’ Fuentes a modo de bienvenida, siempre de negro, siempre tras unas oscuras gafas, para arrancar enseguida con Here We Kum. El formato no impidió que, entre Amateur y Noko, los Molotov vayan conectándose con el público y para cuando estaban a punto de interpretar Chinga tu madre, llamaron al escenario a un joven fanático que vestía una camiseta del Chivas.
“Este hombre tuvo el valor de presentarse con la camiseta del equipo más malo de México”, bromeó Fuentes y como ‘escarmiento’ le dedicó el coro de la canción.

Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Los fanáticos de Molotov disfrutaron de las canciones antiguas y nuevas de la banda. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO


Pero no fue el único espectador invitado a compartir el escenario. Después de interpretar Lagunas mentales fue el turno de Antonia, una joven que se sentó en un amplio sofá junto a Micky Huidobro, que le invitó una bebida mientras sonaba Parásito. El siguiente personaje fue un fanático con la máscara de El Santo que fue parte de Oleré y Oleré y Oleré el UHU.

Acto seguido, Paco Ayala intercambiaba puestos con Randy Ebright, quien se hizo de una guitarra para dedicarle “una rola para los inmigrantes de Estados Unidos”, a la que han puesto el título de Dreamers, para llamar la atención sobre los adolescentes indocumentados que viven en ese país y que están en riesgo de ser deportados.

Después de Blame Me, Randy volvió a ocupar su lugar tras la batería y la banda volvió a levantar la voz contra la corrupción y el abuso de poder con Gimme The Power, tema que forma parte de su primer disco ‘¿Dónde jugarán las niñas?’ de 1997, pero cuya crítica letra suena más pertinente que nunca.

La complicidad con el público se contagiaba entre los miembros de la banda, que entre canción y canción se soltaban bromas, haciendo del espectáculo una experiencia ligera y divertida. DDT, Matate Teté, Dance And Dense Denso sonaron antes de que el público estallara en una nueva ovación con las notas y versos de Frijolero. “Pinche Trump es un pendejo” se desahogaba ‘Tito’ con una canción que le hace frente al racismo y la discriminación, y que remató con Hit Me y Voto Latino. “Canción del siglo pasado, pero el pinche problema sigue”, acotaba Huidobro.

El show dio un nuevo giro cuando sonó Más vale cholo y luego otros espectadores se unieron a la banda para entonar Cerdo, un tema “para bajar calorías” y luego fue el turno de Fernando que animaba a la banda agitando su pie ortopédico con emoción mientras sonaba Marciano.

Como buen seguidor de la banda, Paúl Romero cantó cada una de las canciones del repertorio, que al final le dejó una buena impresión, por la informalidad y la irreverencia de una banda que con 23 años de trayectoria demuestra que sabe divertirse en el escenario junto con su público.

La fiesta musical llegó a su clímax cuando más de una quincena de fanáticas coparon el escenario para bailar Rasta Mandita, antes de que Molotov cierre su presentación con Puto. “Un pinche honor estar aquí. Pinches muchísimas gracias”, se despidió ‘Tito’ Fuentes a nombre de la banda que estará tocando este miércoles en el Coliseo Jefferson Pérez de Cuenca y el jueves, en el Centro de Convenciones de Guayaquil.

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