24 de octubre de 2018 00:00

Los mitos y leyendas son recopilados en las comunas indígenas

La Asociación de Jóvenes Kichwas de Imbabura desarrolla esta iniciativa desde hace cinco años. Foto: Álvaro Pineda para EL COMERCIO.

La Asociación de Jóvenes Kichwas de Imbabura desarrolla esta iniciativa desde hace cinco años. Foto: Álvaro Pineda para EL COMERCIO.

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José Luis Rosales
Redactor (F-Contenido Intercultural)

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Una leyenda kichwa de Otavalo que narra un romance entre la luna y una estrella es una de las últimas recopilaciones que han realizado integrantes de la Asociación de Jóvenes Kichwas de Imbabura.

En ese idilio se genera una rivalidad entre dos estrellas hermanas, pero al final prevalece la unión en el entorno familiar. Así relata brevemente Janeth Otavalo, una de las compiladoras.

El mito ha sido traducido del kichwa al español y será difundido en enero próximo a través de la revista Wiñay Kawsay (Cultura Milenaria, en español), que promueve la lengua kichwa y la cultura andina.

En la recolección y difusión de estas leyendas han incursionado hace cinco años. Hasta el momento han logrado agrupar 21 mitos y leyendas de los pueblos indígenas de Otavalo, Karanki y Kayambis.

La mayoría de estas tradiciones orales, que se transmiten de padres a hijos, están relacionadas con plantas, animales, cerros y lagunas.

Según la cosmovisión kichwa, todo elemento es considerado como un ser vivo, por eso las montañas o las lagunas son encarnadas como si se trataran de una persona, explica María Yamberla, coordinadora de Wiñay Kawsay.

Una de las leyendas más conocidas entre los pueblos indígenas de esta provincia es el idilio entre los cerros ‘taita’ (padre) Imbabura y ‘mama’ (madre) Cotacachi.

“El primero tuvo un poder espiritual dentro y fuera de su territorio donde él vivía, la segunda albergaba mucha vida y energía, por eso lograron concebir siete hijos”, describe en su relato Apauki Katari Flores.

Los descendientes de estos majestuosos cerros son representados con lomas o tolas. Se cree que cada uno acoge a uno de los pueblos nativos de esta región del país.

Los comunicadores kichwas prefieren recorrer las parcialidades que están más alejadas de los centros poblados, porque consideran que en esos sitios se conservan mejor los conocimientos ancestrales.

En cada sector que visitan dialogan con los comuneros más longevos, porque son los que más riqueza informativa poseen, comenta Yamberla.

Pero no ha sido un proceso sencillo. “Por lo general los indígenas somos personas reservadas y eso se palpa en el recelo de compartir información, señala Janeth Otavalo.

Para este trabajo de campo es vital el dominio del idioma kichwa. Otavalo comenta que los entrevistados sienten más confianza cuando el diálogo es en su lengua materna.

En algunas de las parcialidades les consultan sobre las lomas que les rodean, las quebradas que las atraviesan o simplemente un nombre que desempolvan para los relatos.

Incluso, indica Yamberla, en cada localidad una misma leyenda es relacionada con elementos de su entorno.

Ese es el caso del cuento de Chusalongo, un personaje mítico que se cree habitaba entre las montañas y asediaba a las mujeres solteras.

En una ocasión, cuando ese espíritu maligno descansaba sobre una piedra fue sorprendido y castigado por los vecinos. En la comuna de Quinchuquí creen que esa roca es el Wantuk Rumi, una piedra gigante que está en las faldas del Imbabura. En la vecina parcialidad de Ilumán, en cambio, dicen que es el Puka Rumi (Piedra Roja), que se encuentra en la vertiente de San Juan Pogyo.

Uno de los próximos retos de la Asociación de Jóvenes Kichwas de Imbabura es incentivar a los niños para que escriban nuevos cuentos.
Para ello, en el programa radial Ñucanchi Kawsay o Nuestras Vivencias crearán un segmento especial. Se transmite por la Radio Ilumán, una estación comunitaria,

Para revitalizar el idioma kichwa también incursionan con nuevas iniciativas. Una de las más recientes es el diseño de juegos didácticos, que incluyen dibujos y palabras con temáticas distintas.

También publican canciones en kichwa, español e inglés. De su elaboración está a cargo Grace Peel una voluntaria de la organización Global Citizen, entidad que colabora con Wiñay Kawsay.

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