23 de septiembre de 2018 00:00

Mickey Mouse, el símbolo de la felicidad de consumir

El embajador de Disney cumple 90 años, tiempo en que pasó de ser una caricatura aséptica a un símbolo de la expansión del mercado

El embajador de Disney cumple 90 años, tiempo en que pasó de ser una caricatura aséptica a un símbolo de la expansión del mercado.

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Alejandro Ribadeneira

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Mickey Mouse es un personaje de dibujos familiares, pero es sobre todo uno de los símbolos de la cultura popular estadounidense más reconocibles, algo que prácticamente equivale a decir que representa a la cultura contemporánea de Occidente. Muchos opinan, con algo de razón pero también un poco de prejuicio, que simboliza el triunfo del consumo; puede ser, pero Mickey además representa el triunfo de la tenacidad de su cocreador.

El 18 de noviembre se conmemorarán los 90 años de Mickey Mouse, la mascota que representa a Disney, compañía que, al pertenecer a ese ecosistema llamado Hollywood, a su vez es responsable en gran medida de que Estados Unidos sea el principal exportador mundial de entretenimiento.
Al igual que McDonald’s, Superman y Coca-Cola, el personaje de Walt Disney es un referente del capitalismo y su expansión en el mundo. Ese delicioso grafiti/ meme del Che Guevara exhibiendo, no su revolucionaria boina de estrella roja, sino las orejas redondas de Mickey, demuestra que la imagen del guerrillero comunista, muy a su pesar, se convirtió en mercancía, incluso para sus propios admiradores.

Mickey Mouse representa el costado ‘light’ de la expansión del modo de vida estadounidense, cuya cultura popular ha sido lo más cercano a una ‘lingua franca’ universal, en opinión del sociólogo neoyorquino Todd Gitlin, una lengua tan poderosa que también ha calado en los enemigos declarados del ‘imperialismo’ yanqui.

Siguiendo con la metáfora de las lenguas, Disney ha creado todo un sistema integrado por películas, series, cómics, mercancías y parques temáticos con el que millones de consumidores se identifican. La mascota oficial de todo es Mickey, quien curiosamente nunca ha protagonizado un largometraje en la gran pantalla. Pero es omnipresente en la compañía. Su imagen con el gorro azul y estrellado de hechicero, que data de la película ‘Fantasía’ de 1940, es la que se utiliza para asociar a Disney con la ‘magia’ de sus productos, tanto los culturales como los materiales.

El ratón siempre fue el consentido de Walt Disney, pero costó que este amable personaje, ingenuo, pequeño pero valiente y proclive a los desastres caseros estuviera en el pedestal en el que se encuentra.
Su origen fue controversial, pues Disney lo inventó cuando perdió el derecho de explotar al conejo Oswald, the Lucky Rabbit, y que fue estrella de unos cortometrajes distribuidos por el estudio Universal entre 1927 y 1928. Pero Disney salió de Universal, empresa que se quedó con los derechos del conejo que él creó. Eso enseñó dos cosas al joven Walt. La una: nunca más regalar un personaje. La otra: ¡hay que crear otro, pero rápido!

Existe debate sobre cuál fue el papel de Disney en la concepción de Mickey, pero hay que recordar que en esos años el cómic estaba en plena configuración industrial y los personajes tenían varios padres, generalmente un guionista y un dibujante, aunque a veces la paternidad podía ampliarse a más personas.

Disney, a pesar de su musofobia, decidió que Mickey fuera un ratón. También le dio la personalidad y le puso la voz en los cortometrajes cuando llegó el sonido al cine. Su amigo, el dibujante Ub Iwerks, con quien creó a Oswald, diseñó la parte gráfica. Ambos hicieron dos cortometrajes mudos con Mickey, hasta que el 18 de noviembre de 1928 presentaron ‘Steamboat Willie’, que pasó a la historia como el primer cortometraje animado con sonido. Por ese hito, Disney celebra el cumpleaños de Mickey en esa fecha, aunque en rigor es su tercera aparición.

La trayectoria del ratón en el cine ha sido muy difundida. Pero se olvida que el éxito de Mickey se debió también a su rotundo triunfo en los cómics de Floyd Gottfredson, quien dibujó las historietas del ratón entre 1930 y 1975. Reemplazó a Ub Iwerks, quien se distanció de Disney para crear su propio estudio, pero también sustituyó al mismo Walt, que no podía dedicarse de lleno a los guiones mientras construía su imperio cinematográfico.
Gottfredson hizo del universo de Mickey un producto familiar, aséptico, pero que también entraba en las guerras ideológicas de la época, como en 1937, cuando fue censurado en Yugoslavia por una sátira a las monarquías balcánicas, como lo cuenta el español Javier Corma en su historia de los cómics.

Pero regresemos al cine. A fines de los años 30, Mickey había perdido popularidad porque personajes como el Pato Donald lo opacaban, además de que los largometrajes animados habían comenzado.

Disney siempre fue ‘acusado’ de ser más un empresario que un artista. Pero lo que le faltaba de talento para dibujar lo compensaba con su tenacidad. No desmayó en impulsar la animación aunque algunas películas le generaban pérdidas; no dejó de aplicar innovaciones técnicas y creativas (introdujo las cámaras multiplanos en los dibujos animados); no se dejó amedrentar por los sindicatos y no se detuvo en su idea de construir los parques.

Esa misma tenacidad la aplicó en Mickey, al que eligió como embajador de su compañía, la cual ha diseñado una enorme agenda para festejar los 90 años de vigencia del ratón. Los canales de Disney programarán los cortos. Los parques serán anfitriones de varias fiestas. Habrá desfiles de moda y, claro, mercadería conmemorativa.

Y así volvemos al inicio. Como sostuvo el francés Jean Baudrillard, la felicidad de nuestra sociedad está determinada por el volumen de consumo. Y Mickey es eso: el símbolo de la felicidad de consumir.

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