29 de diciembre de 2019 00:00

De las materias primas al 'boom' de la digitalización

Tenemos que desarrollar una visión integral y compartida a nivel mundial, de cómo la tecnología está afectando nuestras vidas y reformando nuestros entornos económicos”. Klaus Schwab CEO Foro económico mundial

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Xavier Basantes

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En esta década, la economía transitó por dos momentos claves: la caída del precio de los commodities y la irrupción tecnológica, con la IV Revolución Industrial. Los modelos de negocios se modificaron.

Los países de América Latina no están preparados para la Cuarta Revolución Industrial.

Esa fue la sentencia del presidente de Chile, Sebastián Piñera, en el marco de un foro del Consejo de las Américas realizado por la Alianza del Pacífico, en septiembre de este año.

Un mes después, en ese país -considerado el referente económico de la región- se produjo uno de los estallidos sociales más violentos en la región de los últimos años. Las demandas de mayor equidad, inclusión, empleo, se multiplicaron. Eso alejó a Chile de dos cumbres mundiales importantes: el Foro de Cooperación Asia Pacífico y la del Clima COP25.

Ese ‘mea culpa’ del Mandatario del país araucano es una muestra de que las naciones de este lado del mundo apuntalaron su sostenibilidad en los recursos generados por la explotación del petróleo o la minería; y dejaron en segundo plano su desarrollo con base en la economía del conocimiento.

Las materias primas pasaron, en la última década, de ser el motor de la economía a ser un lastre para el crecimiento, principalmente de América Latina, en donde los commodities todavía constituyen más del 70% de las exportaciones. Mientras que la participación latinoamericana en las exportaciones mundiales de servicios digitales ronda el 5%.

Con la caída de precios, algunos países ahora se enfrentan a recesiones, inestabilidad macroeconómica y desaceleración. Las materias primas tuvieron su apogeo en la recta final de la década pasada; incluso resistieron el ‘crack’ derivado de la crisis subprime en EE.UU., tras la caída del banco de inversión Lehman Brothers (septiembre del 2008).

A partir del 2009 se produjo un crecimiento espectacular de los precios de los ‘commodities’ (sobre todo del crudo con un barril en más de USD 100 y los metales, como el oro, con una onza en USD 1 900), que se extendió durante tres años, impulsado por la demanda de China e India, principalmente.

Esos buenos ingresos se tradujeron en beneficios políticos. Quienes terminaron su mandato entre 2010 y 2012 cosecharon altísimos índices de aprobación, como Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y el primer gobierno de Michelle Bachelet en Chile (más del 80%) o Hugo Chávez en Venezuela y Cristina Fernández en Argentina (ambos con más de 64%).

Pero mientras el desplome de las materias primas se acrecentó a partir del 2012-2013 -empujado también por la desaceleración de China-, el desarrollo tecnológico dio paso al ‘boom’ de la digitalización y la explosión de las plataformas y las ‘apps’. Simultáneamente, la penetración de los teléfonos inteligentes, su desarrollo tecnológico y la cobertura de Internet impulsaron este auge en plena transformación digital.

Precisamente una ‘app’ (App Annie, desarrollada en San Francisco, en 2010) hizo un estudio para conocer cuáles fueron las 10 aplicaciones más descargadas entre 2010 y 2019. Según sus resultados, Facebook, Facebook Messenger, WhatsApp, Instagram, Snapchat, Skype, TikTok, UC Browser (Alibaba Group), YouTube y Twitter, lideran el ‘ranking’.

A partir del 2016, la aceleración tecnológica se evidenció con el despunte de la inteligencia artificial, Internet de las cosas, el Big Data, realidad virtual y aumentada, cadenas de bloques (‘blockchain’), criptomonedas, neurotecnologías, robótica, entre otros productos.

Hoy, muchas de las empresas más grandes del planeta siguen modelos de negocios que giran en torno a los datos. El valor de las firmas que emplean intensivamente los datos, como Alibaba o Facebook, se ha disparado; solo Facebook supera los USD 473 000 millones.

La irrupción tecnológica a partir de la segunda mitad de esta década instó a que en el Foro Económico Mundial (2016) se etiquete a esta nueva época como la Cuarta Revolución Industrial. En el núcleo de esta nueva revolución están integradas y conectadas entre sí y con los usuarios, millones de redes de datos. Además, han surgido otros modelos de negocios, como la economía colaborativa. Por ejemplo, Uber, que permite al dueño de un vehículo poner a disposición los asientos que no usa, que crea oportunidades de trabajo, nuevos ingresos, y promueve un mercado más competitivo.

Los ganadores en los negocios han cambiado notablemente en los últimos 10 años.

A principios de la década, las 10 firmas más importantes del mundo por capitalización bursátil tenían su sede en cinco países; solo dos de ellas pertenecían al sector tecnológico y ninguna tenía un valor de más de USD 400 000 millones. Ahora, las 10 principales empresas están en EE.UU. y China, la mayoría se dedica a la tecnología y algunas han superado el billón de dólares.

Hace una década se pensaba que el ‘boom’ de los ‘commodities’ duraría unos 15 años e incluso análisis especializados, como del Deutsche Bank, advertían crecimientos de dos dígitos en las materias primas.

Pero la volatilidad de este mercado, así como los cambios en la demanda de energía, derrumban los pronósticos. Por ejemplo, solo en el caso de los combustibles fósiles, estos perderán su valor en los próximos 20 años, por el desarrollo de las energías alternativas. La OPEP reconoce como el escenario más probable, una caída de la demanda a partir de 2040.

Y mientras llegan los plazos, los retos persisten. La aceleración del cambio tecnológico, el desplazamiento del poder geopolítico, más control de los negocios y la polarización social apuntan a una era de incertidumbre prolongada, advierte el Foro Económico Mundial.

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