19 de febrero de 2019 00:00

Máscaras del Pase del Niño se exhiben en un Museo de Riobamba

Las máscaras de los personajes de la tradición se exhiben en la Casa Museo de Riobamba. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

Las máscaras de los personajes de la tradición se exhiben en la Casa Museo de Riobamba. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

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Cristina Márquez
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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Una diversidad de caretas usadas por los personajes tradicionales del Pase del Niño se exhibe en el salón principal de la Casa Museo de Riobamba. Las máscaras fueron manufacturadas por siete artesanos de la ciudad.

La exposición se inauguró la semana pasada y continuará abierta hasta finales de marzo. El objetivo es continuar con la promoción del Pase del Niño, una tradición religiosa icónica de Riobamba, que fue reconocida como Patrimonio Cultural Intangible de la ciudad en noviembre del 2018.

“Nos propusimos crear un espacio para que la gente de la ciudad conozca más detalles del Pase del Niño y se apropie más de esta tradición, y para que los turistas que nos visitan puedan disfrutar del Pase del Niño, aún cuando ya se terminó la Navidad y la fiesta del Rey de Reyes”, explica Alex Endara, técnico de la Unidad de Cultura del Municipio de la urbe.

La muestra está compuesta por 37 caretas, que son el elemento principal en los disfraces de payasos, perros, sacha runas, danzantes y monos. Pero los protagonistas de la exposición son los diablos de lata.

Según los investigadores, este personaje representa la dualidad, el bien y el mal, y surgió cuando los hojalateros del barrio Santa Rosa buscaban una manera de homenajear a su Niño Rey de Reyes.

Los diablos de lata protagonizan la muestra debido a la variedad de estilos de caretas que surgieron en los últimos años, ya que se trata de un personaje originario de la ciudad. Antaño las caretas se fabricaban únicamente con latas pintadas de rojo y negro, y con fibras de cabuya para tejer una trenza larga.

Hoy hay más opciones. Caretas decoradas con lentejuelas, luces, hilos de colores y otros adornos se exhiben en las tiendas de disfraces.

“Las nuevas generaciones buscan maneras de dar más color y originalidad a sus atuendos, sin que esto signifique perder los rasgos importantes del personaje”, cuenta Eduardo Yumisaca, uno de los artesanos.

Él manufactura máscaras de sacha runas, payasos, diablos de lata y perros. Para elaborar las máscaras utiliza materiales rústicos como la cabuya, y los decora con tinturas de colores, brillos y accesorios.

Sus obras son solicitadas por coleccionistas, bailarines y aficionados de la fiesta. Cuestan entre USD 50 y 120.

En la exposición también se muestran caretas antiguas y de diseño clásico. Las caretas de payasos y sacha runas, hechas con cartón moldeado y pintadas a mano, también son parte de la historia de la tradición.

“Antes, en Santa Rosa las fábricas de caretas eran muy prósperas. El trabajo para la temporada navideña se iniciaba en septiembre, pero el negocio artesanal decayó cuando ingresaron al mercado las caretas de goma y plástico”, dice Byron Robalino, otro artesano.

Entre los personajes con caretas de cartón se destaca el sacha runa, un personaje que tiene un origen intercultural y una connotación sagrada para la cosmovisión andina.

Él representa el espíritu de los páramos y la naturaleza, y también es considerado un ente protector. El sacha runa viste un traje forrado de musgo gris y su función en los Pases del Niño es animar a los espectadores con juegos y bromas.

Esa personalidad inquieta y amena se plasma en las facciones de la careta, pintada en tonos verdes y amarillos. El color también simboliza la creencia andina de que se trata de un ser sagrado que custodia los páramos y cerros.

El perro, un personaje que usualmente desfila en compañía del sacha runa, también se luce en la exposición. Hay caretas clásicas que muestran al personaje de antaño y también las nuevas versiones.

“El perro es otro personaje que ha tomado una nueva perspectiva. Ya no solo se usan caretas de cartón, sino otras más vistosas y elaboradas”, cuenta Wilmer Ortiz. Él elabora caretas con felpa y pieles falsas, que se caracterizan por su originalidad.

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