13 de diciembre de 2020   00:00

La mascarada es un espacio de encuentro

César Carrión, en uno de los espacios internos de su casa ubicada en Cumbayá. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Gabriel Flores. Redactor (O)

Octavio Paz decía que los mexicanos enmascaran su rostro para alzar una muralla entre ellos y el mundo. ¿Esa reflexión sirve para pensar las máscaras en la sociedad ecuatoriana?

Las máscaras son dispositivos multifuncionales, poliédricos y polisémicos. En ocasiones sirven para ocultar, disimular y oprimir, pero en otras también sirven para buscar identidad, sinergia y conexiones. En la literatura ecuatoriana, una de las novelas que trata el lenguaje del enmascaramiento es ‘El chulla Romero y Flores’, de Jorge Icaza. Ahí aparece la imagen del hombre que enmascara su herencia indígena para mostrarse como un mestizo blanqueado, como alguien que tiene una conexión directa con el poder.

¿Hemos construido nuestra identidad con base en el uso permanente de máscaras?

Creo que sí, pero esa no es la única forma en la que hemos construido nuestras nociones de identidad, porque no es una esencia sino un devenir. En ese contexto, las máscaras tienen distintas utilidades. A veces pueden ayudar a mostrar ese proceso o también pueden servir para mostrar una falsa esencia. Ahí radica el peligro de ese tipo de máscaras.

¿Cree que el lenguaje se ha convertido en una de las formas de enmascaramiento más sutiles en nuestra sociedad?

Sin duda, el lenguaje ha sido utilizado como un dispositivo del poder y de los poderosos para oprimir, controlar, vigilar y restringir derechos. Quizás la alternativa a esa realidad sea pensar en la labor que tenemos las personas que nos dedicamos a la escritura y al pensamiento, porque tenemos la misión de desenmascarar esos usos interesados, falsos y suspicaces del lenguaje. Hay que mostrar cómo funcionan esos enmascaramientos y esos disimulos.

¿Una sociedad enmascarada es una sociedad del disimulo?
La máscara puede ser entendida como una forma de disimulo. La complejidad de las máscaras está en que no existe una forma de relacionarnos que pueda prescindir de ellas. Los procesos de encuentro y construcción de lenguajes comunes no se pueden hacer sino a través del enmascaramiento. Muchas veces gracias a las máscaras podemos conectarnos con los otros, a esos que buscamos como iguales. La paradoja de las máscaras está en que en el momento que nosotros nos despojamos de ellas perdemos esa posibilidad de entrar en diálogo con los demás.

Esta semana presentó el libro ‘Las máscaras de la patria’. ¿Bajo qué máscaras se construyó la idea de nación en el país?

En mi investigación encontré que en las novelas ecuatorianas que se escribieron en el siglo XIX, la estrategia discursiva más importante era precisamente la del disimulo. Su propósito era borrar y ocultar, de forma momentánea, las diferencias de una sociedad que todavía no era una auténtica nación. Estas novelas pretendían enmascarar las diferencias, para construir el discurso de una nación unitaria, con un solo origen y con un solo destino. Si las lees, lo que vas a encontrar es a un montón de héroes blancos, aristocráticos y católicos, mientras que las diversidades étnicas y sexo-genéricas que existían están ocultas.

¿Cuáles son las máscaras más nocivas que existen en la sociedad ecuatoriana?

Una de las máscaras más peligrosas es la de la autoridad. La autoridad tiene que ser vigilada y analizada todo el tiempo. Porque detrás de esta máscara está alguien, un hombre o una mujer común y corriente, que está tomando una serie de decisiones por nosotros. Las máscaras del poder y del poderoso son las más peligrosas y, al mismo tiempo, las más comunes y las más evidentes. Las tenemos que interpelar porque siempre están intentando ocultar y disimular sus intereses mezquinos y egoístas y creando desigualdad y división en la sociedad.

¿Qué pasa cuando una sociedad vive en una mascarada permanente?

Las máscaras nos ayudan, como pasaba en el teatro griego, a asumir un rol dentro de la escena social. Muchas veces solo vemos la parte negativa de las máscaras. Sobre todo, esto que había dicho sobre el disimulo, la hipocresía y la manipulación de los lenguajes y de las mediaciones, pero también está la idea de las máscaras vinculada a la necesidad. Vivimos en una sociedad que está en una mascarada permanente, porque hasta ahora los seres humanos no hemos encontrado otra manera de juntarnos y de comunicarnos.

César Carrión
Nació en Quito, en 1976. Tiene estudios en Comunicación Social y Filología Hispánica. Es doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar. Es autor de siete libros de poesía y cuatro de ensayos. Es docente e investigador de la PUCE.

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