21 de mayo de 2019 00:00

El escultor Manuel Velasteguí reafirma mística de 50 años

Manuel Velasteguí posa con  sus esculturas en el Pasaje Arosemena, centro de Guayaquil. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO

Manuel Velasteguí posa con sus esculturas en el Pasaje Arosemena, centro de Guayaquil. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor (I)
agarciav@elcomercio,com

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En una mole de madera petrificada de 400 libras de peso y un metro veinte del alto, el escultor ecuatoriano Manuel Velasteguí descubre una cabeza estilizada y un rostro ovalado sobre un cuerpo pulido sin extremidades, al que le ha agregado sobre el pecho, en el mismo material, una suerte de flauta de caña. “La misma naturaleza insinúa y uno lo que hace es sacar la imagen, revelar el mensaje. El trabajo es descubrir lo que quiere decir el material”, refiere el maestro.

El rostro apenas insinuado del ‘Músico andino’, como titula la obra, está surcado por abstracciones del material, franjas amarillas y marrones, una beta blanca y alargada sobre una mejilla, los labios cortados sobre una superficie atigrada

La obra es solo una de las 50 esculturas que el artista guayaquileño de 76 años exhibe hasta fin de mes en el Pasaje Arosemena del Palacio Municipal de Guayaquil, una muestra con la que comienza a celebrar sus 50 años de carrera artística.

El artista solo pretende elevar la belleza del material, una madera petrificada que tuvo que aguardar miles de años bajo tierra en su proceso de transformación mineral de la sílice, compuesto que cristalizado forma el cuarzo y sus variedades. “Es una madera que literalmente se hizo cuarzo, pesa tres veces más que el mismo bloque de mármol y debe se cortada y pulida con cuidado, con discos de diamante. Hay que ponerse overol y protección, es un trabajo de obrero”, explica Velasteguí.

“El bloque de madera petrificada pulido tiene todo este contraste de formas y colores y en el caso de este ‘Músico andino’ le he dejado sin pulir la parte de atrás de la cabeza para que se pueda apreciar la textura rústica en estado natural del material”, agrega. Además de madera petrificada, la exposición cuenta con obras de mármol negro y gris, granito, piedra volcánica de “las que eructa el volcán Tungurahua” y piezas de metal recicladas.

El escultor guayaquileño, quien expondrá en septiembre en el Museo Union City de Nueva Yersey, EE.UU., convierte tubos de hierro en hombrecillos esbeltos; y los discos de embrague de vehículos se transforman en árboles y flores en una pulsión por evocar lo natural con metal reciclado.

Cuando comenzó a trabajar en chatarra le dijeron que nadie que hubiera adquirido sus obras de mármol compraría las de hierro. Se equivocaron. El escultor exhibe también un Don Quijote de hierro reciclado similar al de cuatro metros de alto que exhibe con su Sancho frente al de la Universidad Católica de Guayaquil, con el que ganó un concurso del Municipio de Guayaquil.

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