16 de junio de 2019 00:00

Manabí, un bosque lleno de historia

Los cerros de Chone conservan los vestigios ancestrales del pueblo montuvio. Foto: Katherine Delgado para EL COMERCIO

Los cerros de Chone conservan los vestigios ancestrales del pueblo montuvio. Foto: Katherine Delgado para EL COMERCIO

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Bolívar Velasco. Redactor (F-Contenido Intercultural)

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El camino para llegar al bosque de La Dibujada, en el cantón Chone es de tierra, piedra y riachuelos que se abren entre la flora de este último rincón del norte de Manabí.

En el trayecto de pendientes y fincas, ubicadas en el lado opuesto al afluente, apenas se escucha el ruido de las aguas, que atraviesan por grandes rocas que están en todo el cauce.

Las peñas, de color ocre, preceden a un conjunto de otras similares que conforman la principal riqueza ancestral de este sitio. Se trata de una decena de petroglifos y una cueva de la era precolombina de entre los años 1 300 y 300 antes de Cristo. Las culturas de entonces, dominadas por los Chorreras y Chunos, dejaron estos vestigios como símbolo de la herencia que hoy conservan los pueblos montuvios.

El cuidado de este sitio histórico se observa a lo largo de la caminata de tres horas desde la finca de Remigio Moreira donde hay un letrero que anuncia el punto de entrada al bosque que protegen los habitantes.

Los que salen desde temprano a lomo de mula saludan a los forasteros y los animan a montar al semoviente para reducir la travesía a pie, que requiere de una previa preparación física.

Según registros históricos del Municipio de Chone, esta zona comenzó a poblarse en 1950, pero dos años después fue explorada por excursionistas locales que luego documentaron las bondades naturales y la existencia de los vestigios rupestres.

Años más tarde, la zona se convirtió en espacio de estudio por espeleólogos ingleses y franceses que accedieron motivados por los petrogiflos y por la cueva (la cual esconde un enigma que aún es un misterio para sus habitantes).

Boris Zambrano es historiador de Chone y uno de los asiduos acompañantes de expertos que llegan a estudiar estos elementos tradicionales.

Cuenta que en 1981 se realizó uno de los primeros estudios en La Dibujada, también conocida como La Piedra Dibujada.

Las conclusiones, que ahora constan en el Plan de Desarrollo Territorial del Municipio, señalan que ese nombre se debe a los tallados en piedras que pudieron ser colocados por los habitantes de la cultura Chorrera y Chunos.
Y que esa era una forma de comunicación para quienes abrieron los primeros caminos que conducían a las zonas más próximas a comunidades asentadas bajo la montaña.

Los petrogiflos también pudieron ser elaborados con cinceles de piedra ignia, cobre o huesos, según el documento del Cabildo de Chone.

Los registros formales no detallan el espacio que conforman este valle.
Pero los mismos habitantes creen, como Remigio Moreira, que tendría unas 20 000 hectáreas de bosque en el que se encuentran especies de madera como la teca, el roble, guayacán, pino, entre otros.

En cuanto a fauna, es común observar en el lugar a tipos de aves pisciformes, guacamayo y colúmbidas. De acuerdo con Moreira, es una zona poco explorada y aprovechada. Eso porque aún no cuentan con caminos abiertos para el tránsito de vehículos. Por eso es una ruta ideal para quienes gustan del senderismo.

La agricultura y ganadería son las principales actividades que realizan las familias.

La temperatura bordea los 27 grados durante el verano. En invierno hay exceso de nubes.

200 familias cuidan los vestigios de este sitio. Ellos se apoyan en sus vecinos de ElTecal.

Los habitantes se identifican con el pueblo montuvio. Ellos están organizados en una junta pro mejoras.

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