30 de agosto de 2020 00:05

Los males de la educación rural en 1936

Cerca de 1946, alumnos de la Escuela Fiscal de Chone posan en una calle del poblado. Foto: Tomada de Web fotografiapatrimonial.gob.ec

Cerca de 1946, alumnos de la Escuela Fiscal de Chone posan en una calle del poblado. Foto: Tomada de Web fotografiapatrimonial.gob.ec

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Amílcar Tapia Tamayo*
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En el campo de la educación ecuatoriana, el antiguo archivo del Ministerio del ramo con sede en Quito es una verdadera joya en donde reposan innumerables documentos, informes, propuestas y una variedad de ensayos sobre educación y formación de alumnos de primaria y secundaria a nivel nacional. Pudimos, en 1998, revisar un informe enviado por el Director Provincial de Educación de Loja al Ministro de Educación, informándole sobre la situación de las escuelas y colegios ­luego de terminado el año lectivo 1935-1936.

“Señor Ministro: Debo informar a su autoridad que en esta provincia existen cuatrocientas escuelas con cerca de 1 400 profesores, quienes en su mayoría son bachilleres graduados en el Colegio.

Bernardo Valdivieso de la ciudad de Loja y un gran porcentaje -cosa rara- educados en diversas especialidades en la Universidad Nacional de Loja, pero dedicados a la docencia.(…) Es común que aún en los pueblos y ciudades más alejados de la capital Loja, hayan maestros que tengan grados o especialidades (…)

“Con mi Consejo de Supervisores, hemos dado especial atención a lo que dispone el Art. 18 de la Ley de Instrucción Pública, que manda y ordena procurar el desarrollo de la personalidad de los educandos, basados en los principios de libertad y democracia, tratando de que se formen en valores históricos, cívicos

y morales para modelar su espíritu de identidad y vinculación con las raíces históricas y sociales de su pueblo, más aún cuando tenemos la permanente y constante amenaza de los vecinos sureños, de que en cualquier momento invaden nuestro territorio (…)


“Ahora que culminamos el año lectivo, debo informar que un 90% de profesores ha enviado sus informes respectivos, junto con la firma de los señores supervisores, con la novedad de que en este año he recibido la renuncia de 135 profesores de escuelas rurales que han decidido dedicarse a otras ocupaciones por la falta de atención a sus derechos, ya que a pesar de su gran deseo de servir a la educación, al magisterio no se le han pagado sus haberes en los últimos siete meses, por lo que su situación personal y familiar es muy crítica”. (…)

“En cuanto a los locales escolares -si es que así pueden llamarse- no son otra cosa que casuchas y covachas en donde los profesores dictan sus clases con los pocos niños que asisten a clases a pesar del ruego y exigencias para que concurran a ellas, ya que no hay bancas ni menajes pedagógicos por elementales que sean. Los pequeños reciben clases sentados en el suelo, escribiendo en el piso sus operaciones matemáticas y dibujando las letras del alfabeto. Papel ni se conoce, peor cuadernos. Los más ingeniosos llevan hojas de penca en donde g­arabatean sus figuras.

“En las áreas rurales, un solo profesor debe atender a todos los grados de forma simultánea, dando como resultado que la educación y formación de los niños sea deficiente, por más empeño que ponga en cumplir con su tarea.

A tan gran esfuerzo pedagógico, por las tardes, el profesor debe apoyar a resolver los problemas de la comunidad, convirtiéndose en médico, consejero, resuelve pleitos, arregla matrimonios. En fin, siete oficios ante las catorce necesidades de la gente pobre. Qué sería de ellos si no hubiera un profesor en esos recónditos lugares, ya que todos lo consideran un experto en conocer el almanaque anual, predecir lluvias, sequías, razón de las enfermedades habidas y por haber, no solo de cristianos sino también de animales.

En fin, al profesor lo creen todo un sabio y este debe responder con animosidad y amabilidad utilizando el lenguaje propio de las gentes sencillas que viven en el campo.

“Como es de su conocimiento, señor Ministro, la vida del profesor rural es demasiado simple: carece de comodidades y desde el punto de vista cultural, apenas le acompañan dos o tres libros que son herencia de sus estudios sean en el colegio o la universidad. Es casi imposible lograr que se reúnan con sus otros compañeros que tienen igual suerte, para tratar temas pedagógicos, por la carencia de medios económicos y de transporte. Apenas los supervisores escolares pueden visitarles una vez por año lectivo, llevándoles elementales noticias didácticas que casi no le son de utilidad ya que deben ingeniarse su propio plan de actividades. (…)

“Desde el punto de vista humano, vive modestamente con su familia a la cual le asisten los padres de familia, quienes con generosidad comparten sus alimentos y pocos víveres. En más de una ocasión arriendan pequeñas parcelas para sembrar y cosechar sus propios productos, con los cuales sustentar a los suyos. (…)

“La mayoría de maestros que trabajan en las áreas rurales entra en octubre y salen en julio del próximo año, con ocasión de las vacaciones anuales, pasando casi año entero en sus comunidades, sirviéndolas con amor y abnegación, viéndose privados de llegar a los centros urbanos primero por la falta de recursos económicos y, luego, como insisto, por la escabrosa geografía lojana que no permite la construcción de caminos, peor de carreteras. Cuando salen luego de una larga estancia a cobrar los sueldos, se hallan con la noticia de que en las pagadurías provinciales han llegado los vales de cobro, pero no el dinero, el cual o no fue despachado desde Quito, o simplemente se malversó en manos de pícaros pagadores provinciales dependientes del Ministerio del Tesoro, que en el camino se desviaron hacia otros fines, bajo el pretexto de “apoyos al partido político del Gobierno (…)

“Temo, señor Ministro, que luego de esta carta se me envíe la nota de cancelación por declarar abiertamente estos males, ya que incluso fui amenazado por el Gobernador de Loja, cuando alguna persona
fue a contarle de mi inconformidad con el sistema educativo actual. De ser así, acepte, señor Ministro, desde ya mis agradecimientos por haber confiado en mi gestión, pero no puedo quedarme callado ante tanta desigualdad y falta de respeto para con mis compañeros docentes”.

“Atentamente, Manuel Mesías Armijos” (Archivo histórico, Ministerio de Educación. Informes de Provincias, noviembre de 1935, 25 folios)

*Doctor en Historia. Investigador especializado en temas sociales nacio­nales.

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