19 de agosto de 2018 00:00

Madonna o el arte de ser la número 1

La denominada 'Reina del Pop', Madonna, cumplió 60 años el 16 de agosto de 2018, y por ese motivo organizó una fiesta en Marruecos. Foto: AFP

La denominada 'Reina del Pop', Madonna, cumplió 60 años el 16 de agosto de 2018, y por ese motivo organizó una fiesta en Marruecos. Foto: AFP

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Alejandro Ribadeneira

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Madonna alcanzó los 60 años el jueves, 16 de agosto de 2018, y este aniversario deja la sensación general de que todavía es sumamente difícil colocarle una etiqueta que la defina plenamente.

Sí, la llaman la ‘Reina del Pop’, pero hace rato que ese reino que gobierna es un territorio más bien financiero, porque Madonna ya no está a la vanguardia ni del arte ni de la innovación ni la subversión.

Al contrario, el último tramo de su carrera ha sido un constante llegar tarde a las tendencias y un actualizarse a trompicones, aunque de todos modos conserva el estatus de superestrella y sus shows están entre los más rentables del mundo.

Eso se celebra en este cumpleaños, su vigencia como símbolo de perseverancia para convertirse en la número uno pero siguiendo voluntariamente un camino complicado, en que la provocación hacia los sectores conservadores ha sido el ingrediente principal y la transformación de la imagen una constante para sostenerse en este trayecto, que también tiene un enemigo visible: el varón.

Es curioso que Madonna se haya levantado contra la misoginia de la industria de la música y también contra algunos sectores conservadores de la sociedad; pero que al mismo tiempo haya sido criticada por una parte del feminismo, que no podía digerir las estratagemas de la cantante.

Madonna fue arrolladora en la época de los 80 porque supo apoyarse en los videoclips de la entonces poderosísima MTV. Foto: EFE

Madonna fue arrolladora en la época de los 80 porque supo apoyarse en los videoclips de la entonces poderosísima MTV. Foto: EFE

La publicación del libro ‘Sex’ en 1991, un catálogo fotográfico de fantasías sexuales en clave de porno-soft, generó la ruptura con varias de las intelectuales del feminismo, como Camille Paglia, profesora de la Universidad de Filadelfia y que apoyaba públicamente a la Madonna de los inicios. Tras este libro, Paglia condenó que la artista sexualizara la construcción de su imagen pública, lo cual implicaba un retroceso en la lucha contra la cosificación de la mujer.

Madonna no ha superado el enorme dolor que le produjo el ataque de Paglia. Lo consideró injusto. En el 2016, en su famoso discurso por su Premio a la Mujer del Año de la Billboard, en que confesó haber sido violada en una azotea de Nueva York, con un cuchillo en la garganta, recordó la afrenta de la intelectual y se autodefinió como una “feminista mala” que no renunciará a expresar su sexualidad por medio del arte.

Y Paglia le contestó: “El verdadero problema de Madonna es que su desarrollo artístico se ha estancado durante 20 años, y que no sabe cómo lidiar con el envejecimiento”. ¡Auch!

Quizás Madonna tenía razón para avinagrar tanto rencor. Cuando ella irrumpió a inicios de los 80, fascinó a las feministas académicas, como Bell Hooks. La encontraban sexy pero fuerte y seria. Su compromiso con algunas de las causas del feminismo era absoluto. Defendió a los homosexuales.

Apoyó la lucha contra el VIH/sida en los años en que esa enfermedad era un estigma. Se opuso a las guerras. Cantó sobre el aborto y el embarazo precoz. No cantaba canciones sumisas de amor. Y era innegable que había feminismo en su postura de reconocerse y ser feliz consigo misma, mientras desafiaba a los que la llamaban “puta” por sus espectáculos transgresores, que incluían simulaciones de onanismo.

‘Sex’ rompió ese idilio con el feminismo y, para muchos, a pesar del enorme éxito económico (solo ese año recolectó USD 24 millones), también fue un error de cálculo. No solo que la enfrentó a muerte a los colectivos que pugnaban por la abolición del porno.

El día anterior a la presentación del libro se lanzó ‘Erotica’, su mejor álbum pero que, por culpa del ruido ajeno a la música, no alcanzó a ser número uno en la Billboard, como era costumbre. Para colmo, llegó la banda sonora de ‘The Bodyguard’, de Whitney Houston, y el disco de Madonna se ahogó ante el enorme quiebre de voz de su competidora que, de paso, cantaba mucho mejor.

‘Sex’ sí la ayudó a dar el salto al superestrellato, un Olimpo al que solamente podían acceder personas tocadas por la Fortuna y la Genialidad, como Michael Jackson, que para ese entonces ya había comenzado su declive por el escándalo de los niños que invitaba a dormir a su rancho. Madonna le arrebató el liderazgo del pop.

Por supuesto, también ayudaba a este fin que Madonna trabajaba mucho el concepto de la imagen impactante, cortesía de David Bowie. A lo largo de su carrera siempre se ha reinventado, además de que ha cuidado su físico y, al parecer, no cayó en la trampa de las drogas. Este transformismo estaba atado a algo más trascendente que imponer la moda. Madonna buscaba con sus corsés, sus honores a Marilyn Monroe y sus mil trajes transmitir su postura, demostrar que se puede ser una virulenta provocadora y al mismo tiempo una mujer espiritual.

Pero quizás Paglia también tiene razón. Madonna fue arrolladora en los 80 porque supo apoyarse en los videoclips de la entonces poderosísima MTV. Los videos eran perfectos, pues resaltaban sus virtudes mientras ocultaban sus deficiencias.

Se rodeó de los mejores productores. Su meta era ser famosa y el vehículo fue la música. Quiso ser actriz, pero incluso para Madonna era demasiado lidiar al mismo tiempo con dos industrias tan misóginas.

Ya no es arrolladora. Su música se vende, pero hace 20 años no tiene un sencillo en el número uno. Sus tours son sofisticados pero hay más opciones entre el ejército de divas que ahora existe. Aunque nadie será nunca como Madonna: nadie es tan fuerte.

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