5 de julio de 2020 00:05

El Luto, un sufrimiento necesario

Adolfo Macías Huerta en uno de los espacios interiores de su casa ubicada en el barrio de San Juan. Habla sobre la importancia del luto. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

Adolfo Macías Huerta en uno de los espacios interiores de su casa ubicada en el barrio de San Juan. Habla sobre la importancia del luto. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (O)
gflores@elcomercio.com

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Con la aparición de la pandemia del covid-19, las historias de familias que no pueden velar el cuerpo de sus seres queridos se han multiplicado de forma exponencial. En esta entrevista el escritor y psicoterapeuta Adolfo Macías Huerta reflexiona sobre las consecuencias de la ausencia del tiempo de luto, en el ámbito personal y en el tejido social de la vida contemporánea.

Desde el inicio de la pandemia hemos visto cómo el tiempo de luto ha sido reducido hasta casi hasta su extinción, ¿qué consecuencias emocionales genera la ausencia de ese tiempo?

Desde mi experiencia como psicoterapeuta puedo decir que cuando una persona no vive el luto por la muerte de una familiar o un ser querido queda algo pendiente que perturba su vida emocional. Finalmente, cuando esa persona se hace cargo de su luto, reconoce el dolor inmenso de su pérdida, llora y se despide, cierra un proceso que es necesario. El luto es un proceso atávico, que corresponde a la especie humana y no a la cultura. Nosotros no podemos como especie, por más que la cultura nos imprima una dirección, ser asépticos con la muerte. Pero el problema es que hay un pragmatismo cultural que se está oponiendo a las necesidades emocionales arquetípicas de la especie humana, que ignora las capas de profundidad que tiene nuestra psique.

Antes de la pandemia, la vida contemporánea ya nos planteaba una forma específica de vivir el tiempo de luto. ¿Estamos condenados a vivir el luto como podemos y no como queremos?


En el caso de la pandemia que estamos viviendo, sí. Sabemos que por condiciones de salubridad el cadáver no puede ser llevado a un velatorio para que los parientes asistan y cumplan el ritual de la despedida. Pero igual eso no va a evitar que se genere una lesión psicológica en las familias. Ese pendiente del que te hablé va a quedar ahí instalado como una necesidad emocional no resuelta. Eso va a perturbar la vida familiar de muchas personas y va a generar un malestar que puede durar muchos años.

También se nos pide que superemos la pérdida en un tiempo determinado. ¿Por qué hay una obsesión por recuperarse rápidamente frente a la muerte?

Creo que eso tiene que ver con el giro que ha tomando la cultura occidental frente al pragmatismo. La cultura pragmática siempre nos está motivando a hacer las cosas que necesitamos para estar bien y a despreocuparnos del resto de personas que están cerca de nosotros. Esta cultura está enfocada en la superación de los problemas con la mayor prontitud posible, asumiendo posiciones en las cuales se ignoran las necesidades emocionales de la especie, sobre todo, a las que considera negativas.

¿Como la necesidad de estar tristes o nostálgicos?

Este modelo pragmático establece una escala de valoraciones en la que prima el quehacer sobre el contemplar, la eficiencia sobre el ocio y el racionalismo sobre el sentimentalismo. En este modelo hay una moralidad en la que la tristeza, la nostalgia, la quietud, las etapas de contemplación, o el luto efectivamente son vistos como negativas y en la que también te dicen que no sacas nada con sufrir. Eso atenta, en un nivel psicológico profundo, la funcionalidad y la fisiología del sufrimiento. Al igual que la alegría, el llanto, el dolor y el luto tienen una funcionalidad en la vida psíquica. En ese sentido no hay una prevalencia de la alegría sobre la tristeza. Cada una de estas emociones tiene su función específica.

Entonces, ¿qué le diría a alguien si le pregunta qué sacamos de bueno con el sufrimiento?

Lo que podría decirle es que hay un sufrimiento inútil y hay un sufrimiento necesario. Uno de los objetivos de la psicoterapia es ayudar a las personas a vivir el sufrimiento necesario, de una manera auténtica. El luto es uno de esos sufrimientos necesarios. Eso quiere decir que si no vives ese sufrimiento permanecerá dentro de ti como una piedra en el zapato, que no se va a ir a ningún lado hasta que hagas algo.

¿Qué pasa cuando una sociedad pierde sus rituales de despedida? ¿Podemos vivir sin ellos?

Se puede vivir sin ellos, pero mal. Es grave que una sociedad pierde sus rituales de despedida, porque eso va a generar un malestar en la cultura. También va a provocar un vacío y una serie de síntomas inevitables, como la ansiedad, el insomnio, sentimientos de privación, o angustia difusa.

¿Cómo se pueden extrapolar estos síntomas en la vida social?

Estos síntomas se pueden extrapolar al conjunto de la sociedad como una falta de comunicación o de contacto auténtico entre los seres humanos. En comunicaciones superficiales manejadas a través de roles y de funciones, en las que va a existir una especie de privación de contacto y de autenticidad. Se puede convertir en una anhedonia, que es la pérdida de contacto vital con la experiencia, en la que el placer de vivir disminuye.

¿Cómo la pandemia está cambiando nuestra relación con la muerte?, ¿por qué se la quiere ocultar?

Me acuerdo que cuando era niño los velorios duraban tres días. Nadie dudaba de que eso tuviera que ser así. El velorio se terminaba más o menos cuando el cadáver ya apestaba. Antes se convivía con el muerto porque estaba destapado en medio de la sala. Así lo viví con mi abuelo. Eso era algo normal en el Guayaquil de los años 60. También había una hilera de visitas que llegaban durante los tres días. Gente que comía, recordaba al muerto, lloraba y decía las cosas que pensaban de él. Cuando se agotaba el ciclo de expresión emocional del luto se enterraba al muerto y las personas cerraban sus necesidades emocionales respecto al duelo. En las últimas décadas se pasó de tres a dos días y antes de la pandemia a un día. En el caso de esta emergencia sanitaria hemos llegado al día cero. Dicen que los rituales no son para los muertos sino para los vivos y es verdad, porque el vivo es que el tiene que hacer los gestos simbólicos y los rituales para reconocer y aceptar la muerte.

¿Qué se está naturalizando con la ausencia de un tiempo de luto o duelo?

Se está naturalizando la pérdida de contacto con la muerte como generadora de conciencia y de sentido de vida. Estamos evitando una fuente de humanidad fundamental y de sentido. El ser humano es un ser ante la muerte y ahí coincido con los existencialistas. Cuando tú le quitas a un hombre la presencia de la muerte en su vida le quitas, en cierta manera, la profundidad de su conciencia y de la aventura existencial que supone atreverse a ser libre.

¿Cuál es la relación que existe entre el tiempo de duelo y el olvido?

En la actualidad vivimos un tiempo en el que se favorece la vida del ahora, en el cual ya no nos interesa quiénes fueron nuestros padres y menos nuestros abuelos, un tiempo en el que se va recortando la memoria. Antes le preguntabas a tu bisabuelo la historia de la familia y te contaba de cinco generaciones antes de la suya. Había una memoria valorativa, que al igual que los días de duelo se ha ido recortando. Ahora sabemos algo de nuestros papás y ahí se acabó el pasado familiar. En todo esto hay un achatamiento del pasado.

En ‘Funeral Blues’, el poema de Auden -que se popularizó con la película ‘Cuatro bodas y un funeral’- se pide que ante la muerte de un ser querido se paren todos los relojes, ¿qué más se debería parar frente a la pérdida de un ser querido?

Pienso que junto a los relojes se deberían parar todas las actividades ordinarias para que las personas puedan aceptar el tiempo de duelo, que es un tiempo extraordinario. Pienso en frases que son muy comunes como la de ¡Es mejor trabajar para que te distraigas! No hay que olvidar que existe todo un conjunto de sabiduría pragmática, que todo el tiempo está bombardeando la posibilidad de que los seres humanos nos adentremos a la profundidad de la conciencia.

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