28 de junio de 2020 00:00

Lupe Rumazo, una intelectual quiteña en el exilio

La escritora Lupe Rumazo nació en Quito, pero vive en Venezuela desde hace varias décadas. La segunda edición de ‘Carta larga sin final’ apareció luego de 41 años, en Seix Barral. Foto: www.escritores.org

La escritora Lupe Rumazo nació en Quito, pero vive en Venezuela desde hace varias décadas. La segunda edición de ‘Carta larga sin final’ apareció luego de 41 años, en Seix Barral. Foto: www.escritores.org

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Gabriel Flores

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Lupe Rumazo es una de las escritoras más destacadas de las letras ecuatorianas. Nunca ha formado parte del canon literario nacional -sus obras son comentadas en los pequeños círculos intelectuales-, sin embargo, la potencia de sus ideas y de su escritura ha tenido eco y conseguido reconocimiento fuera del país, entre ellos el del destacado pensador, teórico y crítico literario de origen canadiense Northrop Frye.

El reconocimiento internacional incluye su participación como Académica Correspondiente de la Real Academia de la Lengua; Miembro de la Sociedad Europea de Cultura; Del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana de Pittsburgh; Del Centro de Estudios Comparativos Ibero-Franceses de la Sorbonne Nouvelle y de la Asociación Venezolana de Filosofía Juan David García Bacca.

A pesar de todos estos pergaminos, por décadas, el país ha mantenido una deuda con la difusión del trabajo literario de Rumazo. Deuda que, desde hace un par de años, se ha comenzando a zanjar, gracias a la iniciativa de otro escritor e intelectual ecuatoriano, Leonardo Valencia.

En la segunda edición de ‘El síndrome de Falcón, editada el año pasado por el Centro de Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), este autor guayaquileño incluyó el texto ‘Carta breve con final para Lupe Rumazo’ y otro escrito por la propia autora, que lleva el nombre de ‘Conversación con Leonardo Valencia’.

Los dos textos giran en torno a las reflexiones suscitadas por ‘Carta larga sin final’, la novela que Rumazo publicó en 1978 y que hasta enero de este año no contaba con una segunda edición. Un libro que había pasado totalmente desapercibido, voluntariamente o no, por varias generaciones de editoriales, críticos literarios y catedráticos.

'Carta larga sin final’, como su nombre lo anuncia, tiene un espíritu epistolar, en el que la narradora entabla un diálogo, a la distancia, con su madre sobre varias interrogantes de la existencia humana, a través del recuerdo de la vida familiar. En el texto hay tres planos que, como señala la propia autora, se entrecruzan y conviven: el entorno pequeño: familiar; el del mediano círculo: amigos, sociedad; y el de la órbita grande: donde están los conceptos universales.

La segunda edición de ‘Carta larga sin final’, que apareció en enero de este año bajo el sello de la editorial Seix Barral es, sin duda, un ventana para que las nuevas generaciones conecten con el pensamiento de Rumazo, pero también con su lecturas. Es indudable ver la influencia de escritores como el francés Marcel Proust, o el español Miguel de Unamuno y de filósofos como Soren Kierkegaard y los griegos, o teóricos como Roland Barthes, a quienes no solo menciona, sino con los que entabla una serie de sofisticados diálogos.

Otra de las cosas que asoman en esta novela es que Rumazo está convencida que de lo cotidiano y de lo que parece insignificante, “puede emerger una respuesta a una inquisición difícil, a una problemática de muy entrabadas raíces, a una agonía intermitente”.

En ‘El síndrome de Falcón’, Valencia sostiene que en este libro la autoracombina novela, ensayo y autobiografía en medidas proporcionales. “Su obra se adelantaba a lo que hoy en día llaman no-ficción autobiográfica, o ensayismo narrativo, atravesado todo esto por una prosa singular, exacta y fulgurante, y una experiencia vital desgarradora, sin concesiones”.

Uno de los escritores canónicos de las letras ecuatorianas que sintonizó con la obra de Rumazo fue Benjamín Carrión. Él es el autor del prólogo de ‘Carta larga sin final’. En un pasaje de este texto compara su obra con la de una autora francesa. “Hay una mujer en las letras contemporáneas que tiene la rara capacidad de moverse, con igual agilidad, en diferentes géneros. Simone de Beauvoir. Relato, novela, biografía, ensayo. De preferencia ensayo. Esto que no es frecuente aún en las grandes literaturas europeas: la francesa, la inglesa, la alemana y las otras, se nos está presentando en la obra parva, ágil y densa al propio tiempo de Lupe Rumazo”.

La agilidad y densidad literarias de la que habla Carrión también aparecen en libros como ‘En el lagar’ (1962), ‘Sílabas de la Tierra’ (1964), ‘Yunques y crisoles americanos’, (1967), ‘Rol beligerante’ (1974), ‘Peste blanca, peste negra’ (1988), ‘Vivir en el exilio, taller en nubes’ (1992), y ‘Los marcapasos’, que se publicó en 2011.

La fuerza intelectual de Rumazo, que en su momento fue comentada por autores como César Dávila Andrade, Leopoldo Zea, Ernesto Sábato y Juana de Ibarbourou, siempre ha estado acompañada por una gran generosidad para compartir sus conocimientos y alentar a las nuevas generaciones de escritores.

En su carta a Valencia, se muestra consciente de ese distanciamiento que ha existido entre su obra y el país. Habla de un paréntesis largo y una magnitud de alejamiento por parte de los que ejercitan lo que ella sabiamente llama antimemoria, mientras que ella prefiere atrapar la memoria.

Al hablar de Benjamín Carrión prefiere ser cauta y decir -aunque el lector puede sentir que en algunos pasajes del prólogo coloca su obra en una escala menor, por el simple hecho de ser mujer-, que tuvo una memoria muy larga. “Tan larga, larga que miró muy atrás y hacia adelante, tan lejos que sigue voceando”.

La vida intelectual de Rumazo sigue activa. Participa en charlas académicas y en ferias del libro. La última invitación que recibió fue para estar presente en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, que se iba a celebrar en abril, pero que a causa de la pandemia pasó su agenda a un formato virtual. También ha dicho que está escribiendo un nuevo libro, una de sus formas preferidas para alejarse del olvido.

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