22 de julio de 2018 00:00

El lenguaje inclusivo visibiliza

Ana María Goetschel es docente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Sede Ecuador. Ha escrito sobre los orígenes del feminismo en el país. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Ana María Goetschel es docente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Sede Ecuador. Ha escrito sobre los orígenes del feminismo en el país. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (O) gflores@elcomercio.com

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Esta entrevista sucede en la cafetería de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), uno de los espacios que Ana María Goetschel visita con frecuencia desde que es catedrática de esta institución. Allí, sentada frente a uno de los grandes ventanales del edificio, reflexiona sobre el belén que se armó esta semana por la propuesta de varios políticos españoles de incorporar un lenguaje más inclusivo en la Constitución y sobre las repercusiones de la inclusividad en la sociedad ecuatoriana.

Más allá de la corrección política, ¿qué se gana con la incorporación de un lenguaje más inclusivo en la Constitución de un país?
El lenguaje refleja lo que sucede en una sociedad. Ese lenguaje se va modificando según los cambios que esta propicie. El debate sobre el lenguaje inclusivo en España responde a un hecho concreto que es la presencia de 11 ministras y cinco ministros en el gobierno español, en esa realidad el lenguaje no está tomando en cuenta a la mayoría que en este caso son las mujeres. Esto tiene que ver con un sesgo político que ha invisibilizado a las mujeres, por eso estuve de acuerdo cuando se propuso la adopción del todos y todas

¿El uso de todos y todas también no es excluyente?

Me parece que el uso más frecuente del todos y todas refleja la necesidad que todavía existe para mostrar a sectores que no eran visibles en la historia, la educación y en la vida cotidiana. Esto del todos y todas permite mostrar una condición de desigualdad que existe en la sociedad. Dentro de esa perspectiva el cambio en la Constitución sí permite equiparar derechos.

Darío Villanueva, el director de la RAE, dijo que en este debate se está confundiendo la gramática con el machismo.
Ahí hay una perspectiva política. No creo en el lenguaje como algo puro. En el lenguaje ha primado, no sé si una mirada machista, pero sí una preeminencia de los masculino.

¿Está de acuerdo con la famosa economía del lenguaje?
Este argumento puede esconder esta perspectiva masculina de la que hablo. Se dice que lo masculino engloba al género humano pero sabemos que no es así y eso sucede desde la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Cuando Olympe de Gouges planteó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana fue llevada a la guillotina. Este debate responde a la lucha de un campo de fuerzas que no se resolverá hasta que no haya igualdad.

¿Esa lucha no sigue girando en torno a una lógica binaria hombre-mujer?
En ese sentido sí me parece adecuado el uso del ‘todxs’ en la escritura, ahí si hay una economía del lenguaje en lo escrito. En el lenguaje hablado habría que resolverlo de una forma creativa, pero en este momento no se me ocurre nada.

Si vivimos en un mundo donde se habla solamente en masculino, ¿qué cambiaría si empezamos a hablar en femenino?
La realidad social es que existen hombres, mujeres y otras diversidades de género. Creo que no resolveríamos nada si solo se trastoca lo masculino por lo femenino. Debemos pensar en un lenguaje inclusivo para todos, un lenguaje con ‘x’. Eso en el ámbito del lenguaje, pero si seguimos sin poner atención a temas como la discriminación educativa o étnica, no servirá de mucho. Son importantes estas nuevas manifestaciones del lenguaje pero también es importante ir resolviendo temas de discriminación como el racismo.

¿Es inevitable que los seres humanos seamos excluyentes en alguna faceta de nuestras vidas?
Es una tira y afloja pero sí me parece que tenemos que tratar de ser más inclusivos. Por ejemplo al elegirme a mí para esta entrevista excluiste a otras personas que también habrían podido hablar del tema. Entiendo que siempre habrá una necesidad de elección pero me parece que el mundo sería mejor si tratamos de incluir a todas las personas.

Si todo depende de esta necesidad de elección, ¿no sería sano dejar de elegir a las mismas cosas y a las mismas personas?

Sí, porque siempre han sido los sectores dominantes y los hombres políticamente hegemónicos los elegidos. Ahora hay esa pugna para que todos participemos en los procesos históricos, que en la educación estén incluidos todos los actores y no solo las capas más privilegiadas de la sociedad. Se demostró, por ejemplo, que en el país las capas más altas de la sociedad fueron las que más se beneficiaron de las becas entregadas en los últimos años. Que siempre se reproduzca esa desigualdad social no quiere decir que digamos “no hay que hacer nada porque así es el mundo”.

Esa lucha por mayor inclusión se han legitimado en las últimas décadas.
Creo que siempre será legítimo luchar y poner en evidencia estas exclusiones. Lo que no me parece legítimo es que demos por sentado que así es el mundo y que no puede cambiar. La historia de las mujeres demuestra que sí se puede cambiar. Desde hace tres siglos la Historia puso énfasis en los aspectos más oficiales, en las fiesta patrias, en los héroes y en los sucesos políticos extraordinarios pero se olvidó de tomar en cuenta a la mujeres y a otros sectores. Reivindico la lucha por una mayor participación de estos sectores excluidos. Esta lucha por la inclusión es lo que va a permitir construir una sociedad más equitativa a futuro.

¿A quién se ha incluido en la sociedad ecuatoriana en los últimos 10 años?
Se ha incluido a las mujeres pero de una manera formal. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) dice que fueron importantes los logros en cuanto a la inclusión de las mujeres pero eso no es suficiente porque estas mujeres no pudieron llevar adelante propuestas que favorecían a otras mujeres. No porque una mujer haya estado allí quiere decir que la sociedad ha cambiado. No fueron incluidas las mujeres conscientes que representaban a las otras mujeres.

¿Y quién fue excluido?
Fueron excluidos y acallados los sectores indígenas. Las voces de los sectores indígenas fueron criminalizadas. En términos educativos también hubo excluidos, aunque en el discurso se hablaba de igualdad. Todavía hay una deuda como sociedad con los sectores indígenas y con los afrodescendientes.

¿Cuándo la inclusión se convierte en una cuestión de conveniencia?
Diferenciaría entre lo conveniente para la sociedad y lo conveniente para el proselitismo político. Es conveniente para la sociedad cuando permite trabajar por un mundo más justo. Cuando se habla solo de un deber ser, se convierte en algo que solo es políticamente correcto y por lo general ahí no se toman en cuenta todos los elementos que reflejen la inclusión social.

¿Puede decirme una palabra que históricamente haya sido usada para excluir?
Puta o negro. También está la palabra feminismo que ha sido usada como una ‘mala’ palabra, pero que ahora se está convirtiendo en una buena palabra porque el feminismo siempre trata de incluir.

¿Y una palabra que históricamente se haya usado para incluir?
Género es una palabra que ha servido para incluir. Esta palabra se ha convertido en un caballo de batalla en varios sectores. Desde el feminismo ha sido usada para incluir porque en ella no solo están las mujeres sino todas las diversidades sexuales. Claro que en otros contextos también ha servido para excluir. Lo interesante de los Estudios de Género es que usan una perspectiva interseccional, es decir que toma en cuenta no solo la condición genérica de una persona sino también la raza, la etnicidad, la cultura y todos los sectores subalternos. Es un visión más global del mundo.

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