5 de agosto de 2019 00:00

Jóvenes del Cóngoma migran para incursionar en el turismo

Roxana Aguavil y Carlos Aguavil son oriundos de la comuna Cóngoma, pero hace poco son guías de Mushily.  Foto:  Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

Roxana Aguavil y Carlos Aguavil son oriundos de la comuna Cóngoma, pero hace poco son guías de Mushily. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

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La comuna tsáchila Cóngoma Grande se ha convertido en un semillero de guías turísticos. Pese a que esa aldea ubicada en la vía a Quevedo no es turística, y la mayoría de los habitantes se dedica al agro, los jóvenes han migrado a otras comunas como Chigüilpe para aprender a ser guías.

Desde hace tres años, los jóvenes de esa comuna empezaron a capacitarse en la escuela cultural del centro turístico Mushily, de Chigüilpe.

Miguel Aguavil y su familia fueron los primeros en capacitarse hace dos años. Con ellos, y otros 20 niños y jóvenes más se inauguró esta escuela.

Ahí reforzaron los conocimientos en el idioma nativo tsa’fiki, aprendieron a tocar los instrumentos, a danzar y sobre la importancia de la medicina ancestral. Aguavil es parte de un show artístico especial en el que le rinden tributo a la pesca, una actividad que casi no se practica en la actualidad porque los ríos de las comunidades están contaminados.

Con una red, Aguavil danza mostrando la destreza del pescador durante la fauna y cómo los dioses de la naturaleza les proveían de alimentos.

Miguel ya ha participado en la fiesta oficial del Kasama junto a los guías de Mushily. Incluso el grupo musical se ha ganado premios y reconocimientos por su desempeño artístico.

Eso ha motivado a que más jóvenes se interesen por el turismo y la cultura tsáchila.

Abraham Calazacón, líder de la escuela cultural de Mushily, señaló que decidió trabajar con los niños y jóvenes porque ellos son los embajadores de la cultura tsáchila.

Por eso, hace tres años se extendió la convocatoria a otras comunas nativas para que todos tuvieran la oportunidad de capacitarse y también de obtener recursos económicos a través del turismo.

Carlos Aguavil aprende de los otros guías nativos sobre la gastronomía, medicina y costumbres típicas. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

Carlos Aguavil aprende de los otros guías nativos sobre la gastronomía, medicina y costumbres típicas. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO.

Él afirmó que uno de los inconvenientes más graves que hay en las comunas es que los jóvenes ya no utilizan las prendas de vestir típicas y no conocen el idioma nativo. “El proyecto fue pensado para recuperar la cultura tsáchila y para regresar a los jóvenes su identidad indígena”.

Al principio había jóvenes y niños de Colorados del Búa, Chigüilpe y Cóngoma Grande. Pero los dos últimos han sido los más constantes.

Hace más de un mes, tres jóvenes del Cóngoma nativos se unieron a Mushily.

Uno de ellos es Carlos Aguavil, de 28 años. Él se dedicaba a la agricultura en el Cóngoma Grande. Un día empezó a sentir que estaba perdiendo su identidad. Así que decidió hablar con sus hermanas, quienes ya habían participado de la escuela cultural. Hace casi dos meses ya empezó con las capacitaciones.

Abraham y los otros guías nativos, además de reforzarle sus conocimientos ancestrales, también le han enseñado a Aguavil sobre animación turística y manejo de grupos, servicio al cliente, buenas prácticas de higiene y manipulación de alimentos, y otros puntos.

Estos conocimientos fueron aprendidos en varios cursos para guías y operadores turísticos que realizó en el 2018, la Prefectura de Santo Domingo.

Aguavil reconoció que aún se intimida cuando llegan los turistas, pero que sus compañeros le dan consejos para que él pueda desenvolverse. “Me dicen que les cuente sobre mis conocimientos sobre la historia y cultura tsáchila desde la perspectiva de mi comuna porque la historia es la misma, pero las experiencias son personales”.

Incluso ya se puso un nombre nativo. Se llama Dadá (hombre de la atarraya) por su habilidad para la pesca y su interés por esta actividad.

Otra de las metas de Aguavil ha sido aprender sobre la medicina ancestral.

Su abuelo, Cipriano Calazacón, es un poné (sabio) reconocido en Cóngoma, pero ha sido reservado para compartir sus secretos medicinales porque una de las reglas de los curanderos era que no debían compartir sus conocimientos debido a que cada chamán debía investigarlos por su cuenta.

Esa regla ha sido un limitante para Aguavil. Sin embargo, en Mushily ya se inició con un proceso de aprendizaje de las plantas medicinales.

Roxana Aguavil ingresó hace un mes a Mushily. Ella está aprendiendo a tocar los instrumentos como el shuade y a danzar. “Me estoy enamorando de mi cultura”.

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