2 de junio de 2019 00:00

Jeff Koons o el arte visto desde lo banal

Nacido en York, Pensilvania, (1955) es el artista vivo más cotizado del mundo. Su exposición más reciente se inauguró en el Museo Jumex de Ciudad de México. Foto: EFE.

Nacido en York, Pensilvania, (1955) es el artista vivo más cotizado del mundo. Su exposición más reciente se inauguró en el Museo Jumex de Ciudad de México. Foto: EFE.

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Gabriel Flores
Redactor (O) gflores@elcomercio.com

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Jeff Koons siempre viste traje a la medida, mantiene un estricto régimen de ejercicio físico y sonríe todo el tiempo. En las mañanas llega a su taller ubicado en el barrio Chelsea, a orillas del río Hudson en Nueva York, se sienta en su mesa de fórmica y prende su ordenador.

Desde hace varias décadas en este espacio, que bien podría ser la oficina de un publicista o de un gurú de la tecnología, Koons ha pensado y diseñado la mayoría de obras que lo han convertido en el artista vivo más cotizado.

En el 2013, Balloon Dog, una escultura de tres metros de acero pulido y coloreado, que fue inspirada en uno de esos perritos inflables que abundan en las fiestas de cumpleaños infantiles, se convirtió en la obra más cara de un artista vivo adjudicada en subasta.

La distinción, que le fue arrebatada por Retrato de un artista. Piscina con dos figuras, de David Hockney, fue recuperada gracias a la venta de Rabbit. La pieza que creó en 1986 -en una de sus mejores épocas- fue vendida hace unas semanas en un subasta de Christie’s por la suma de USD 91 millones.

Detrás de estos dos hechos de gran repercusión mediática, la vida de Koons ha estado fuera del radar de las personas que no están vinculadas al mundo del arte. Sin embargo, sus obras han irrumpido, desde hace tiempo, en el paisaje de varias ciudades del mundo.

En Bilbao, por ejemplo, está Puppy, una escultura de un cachorro de raza West Highland White Terrier compuesto de una estructura de acero recubierta con plantas naturales, que se reemplazan a medida que dejan de florecer. Por la escultura, que está afuera del Museo Guggenheim de Bilbao, la colección Guggenheim Bilbao pagó USD 1,2 millones.

También está la Bailarina sentada, una escultura inflable de 14 metros de alto inspirada en una figura de porcelana rusa de finales del siglo XIX.
La obra, que en el 2017 se exhibió afuera del Rockefeller Center, de Nueva York, estará hasta el 29 de septiembre en la explanada del Museo Jumex de Ciudad de México, como parte de la exposición ‘Apariencia desnuda: el deseo y el objeto en la obra de Marcel Duchamp y Jeff Koons’.

No es casualidad que la obra de estos dos artistas se haya juntado en la exposición que se exhibe en México. Koons es un heredero del amor por lo banal, el arte pop y la cultura de masas, que en el mundo del arte comenzó con Duchamp y llegó a su máxima expresión con artistas como Andy Warhol y Jean-Michel Basquiat.

Aunque siempre se ha declarado un amante del dadaísmo y del surrealismo, lo suyo es el neo pop, un arte que refleja una cierta nostalgia por la infancia a través de ‘ready-mades’, objetos que por lo general están vinculados a figuras muy conocidas como sus hulks y popeyes o su famoso Michael Jackson and Bubbles, su célebre retrato en porcelana de la estrella del pop y el chimpancé que lo acompañaba.

Koons también ha dicho que una de las cosas que siempre ha disfrutado del pop es que “es un estilo artístico que abre un diálogo muy cerebral y ayuda a comunicar una información. No de una manera árida sino reafirmando que las ideas llegan a través de los sentimientos”.

Los récords de Koons en el mundo del arte también han ocurrido en el ámbito de los museos. Un ejemplo es la muestra retrospectiva que presentó en el Centro Pompidou de París, en el 2015. La exhibición tuvo 650 045 entradas vendidas, lo que convirtió a esta exposición en la más exitosa de un artista vivo en las casi cuatro décadas de historia de la institución, solo superada por la de Salvador Dalí que tuvo 790 000 visitas.

Como en todas las versiones del ‘American Dream’, la vida de Koons pasó por un bache. Para recuperarse del fracaso de ‘The New’, la exposición que armó en 1980, en donde colocó costosas aspiradoras industriales en vitrinas de metacrilato iluminadas desde abajo por fluorescentes tuvo que trabajar como bróker en Wall Street y es esperar que aparecieran nuevos mecenas.

A esto se suma su fallido matrimonio con Ilona Staller, ‘Cicciolina’, una estrella porno, cantante y parlamentaria italiana. Juntos protagonizaron ‘Made in Heaven’ (1989-1991), una serie de pinturas y esculturas de cristal, plástico, madera y mármol, en las que la pareja practicaba sexo. Una serie que fue condenada por la crítica pero de la que obviamente sacó réditos económicos.

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