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En una ‘casa’ se exhiben artesanías azuayas

Una de las muñecas indígenas que se ofertan en la Casa de Arte y Diseño Pajarogato. Foto: Xavier Caivinagua para El Comercio

Una de las muñecas indígenas que se ofertan en la Casa de Arte y Diseño Pajarogato. Foto: Xavier Caivinagua para El Comercio

Johana Cruz abrió la galería, en donde además se venden té y chocolates, entre otros. Foto: Xavier Caivinagua para El Comercio

Cada sala se asemeja a un museo. Hay cuadros en cerámica, máscaras en madera, calzados en macanas, prendas con bordados, muñecas indígenas y hasta exquisitos chocolates con frutas disecadas.

Johana Cruz abrió la Casa de Arte y Diseño Pajarogato hace un mes, en la Juan Jaramillo y Hermano Miguel, en el Centro Histórico de Cuenca. Es una tienda que reúne obras –hechas a mano- de cinco asociaciones reconocidas en el país.

De la Asociación Ahuano Warmi del Tena se exponen muñecas kichwas-amazónicas hechas con fibras y semillas naturales, balsas y fieltros. Cada muñeca es la imagen de una lideresa y abuela de la parroquia Ahuano, con sus nombres y vestimenta.

En el Centro de Bordados Cuenca, que agrupa a 30 mujeres ganadoras del premio a la Excelencia Artesanal 2014, se exhiben manteles, servilletas, tarjetas postales y prendas con imágenes de paisajes emblemáticos y pueblos andinos.

En la Casa de Arte se exponen también los productos de un grupo de mujeres cañaris, que procesan la lana de borrego y ofrecen una colección de prendas de vestir y bisutería. Además, está la asociación de tejedoras a croché del cantón azuayo del Sígsig, que aplica una técnica híbrida japonesa.

Para Cruz, el propósito es rescatar el trabajo que realizan los artesanos, ayudándoles a distribuir los contenidos culturales. A su criterio, esta es la mayor debilidad en la producción artesanal.

Una de las muñecas indígenas que se ofertan en la Casa de Arte y Diseño Pajarogato. Foto: Xavier Caivinagua para El Comercio

Por lo general, estas personas son conocedoras de los saberes ancestrales y las técnicas, pero les hace falta innovar en diseños a partir de su propia técnica. En esa etapa ingresa Cruz, quien tiene una maestría en Cultura, con asesoría en empaques, etiquetas y formas de presentación.

Ella considera que esa es una estrategia para potenciar la cultura, como ocurre en otros países como México y Bolivia. Con la Asociación Ahuano Warmi colaboró en la realización de un estudio financiero de los costos de producción.

Producir una muñeca kichwa les costaba USD 12; era mucho más del valor impuesto para la venta. Entonces decidieron seguir la recomendación de elaborar souvenir y muñecas más pequeñas que se venden mejor.

En la Casa de Arte, Cruz cuenta con una cafetería para que quienes los visitan puedan tomar un descanso. Ofrece té azul, amarillo y rojo, que -cuenta- tienen propiedades medicinales.

Asimismo, ella es experta en chocolatería, compra pasta de cacao a productores del cantón azuayo de Ponce Enríquez, y aguas aromáticas de hierbas naturales y pétalos de flores. Así, la mujer elabora chocolates, con frutas disecadas y cáscaras de mandarina, lima o naranja. Rosa Sisalima, una azuaya, que conoce sobre hierbas, le enseñó todo. Cruz lo aplica en la preparación de nuevos productos, que llaman la atención de la gente.

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