La apicultura es una alternativa para el agricultor tsáchila

Franklin Aguavil preside el proyecto de apicultura en la comuna tsáchila El Poste, ubicada en Santo Domingo.

Franklin Aguavil preside el proyecto de apicultura en la comuna tsáchila El Poste, ubicada en Santo Domingo.

Franklin Aguavil preside el proyecto de apicultura en la comuna tsáchila El Poste, ubicada en Santo Domingo. Foto: Diana Delgado para EL COMERCIO

El néctar de las flores silvestres del bosque tsáchila hace que el color de la miel sea amarillo claro y con un sabor ligero.

Las tres colmenas de abejas, que hay en la comuna tsáchila El Poste, se utilizan en la polinización de las flores que crecen en los arboles de guaba, pambil y otros. “No es empalagosa. Al contrario es fresca y de textura ligera”, señaló el apicultor Franklin Aguavil. Él preside un proyecto piloto, que consiste en producir miel en las comunas tsáchilas.

Aguavil recuerda que las abejas o shina (en tsa´fiki) eran uno de los animales a los que más temían los tsáchilas. El miedo se debía a que en varias ocasiones, mientras buscaban plantas en el bosque, eran picados por abejas y avispas. La picadura les causaban fiebre y alucinaciones. “Solo los chamanes experimentados podían curarnos”.

Sin embargo, hace dos años el Ministerio de Agricultura (MAG) y la Prefectura de Santo Domingo de los Tsáchilas iniciaron con una serie de capacitaciones y talleres sobre la implementación de centros apícolas en las zonas rurales.

Aguavil afirmó que luego de capacitarse hicieron una planificación para escoger un lugar donde instalarían los panales. Con un poco de temor, los tsáchilas se internaron en una finca y empezaron a recolectar las primeras abejas.

Juan Aguavil
afirmó que al principio recibieron unas cuantas picadas.
Pero luego aprendieron a tratar a las abejas como si fueran parte de la familia.
Los técnicos del MAG les dieron asesoría para que estas se multiplicaran. En la actualidad ya hay tres panales, cada uno con más de 10 000 abejas.

En este proyecto se han involucrado cuatro familias tsáchilas, quienes con trajes especiales ya lograron recopilar entre ocho y cuatro litros de miel anuales por panal.

Esta miel es vendida a los agricultores y chamanes de la zona con fines medicinales, especialmente. La usan en ungüentos, infusiones aromáticas y en los baños de florecimiento para la suerte.

La inversión de los tsáchilas fue de USD 250, aproximadamente.
Con las dos primeras recolecciones de miel ya la lograron recuperar esa inversión. Se calcula que obtuvieron alrededor de USD 280.

Pero el proyecto busca que para agosto del 2019 – que será la nueva cosecha – se obtengan hasta 10 litros de miel de abeja por panal.

Por el momento, los tsáchilas solo realizan esta actividad como un pasatiempo. Pero tienen la meta de implementar cada año, al menos, tres panales y en cinco años poder venderla en los mercados provinciales.

Uno de los primeros pasos lo darán en agosto del 2019. En esa fecha obtendrán el registro sanitario de la miel y una certificación de Agrocalidad.

También buscarán certificar el propóleo, que tiene fines curativos.
Mientras, ellos seguirán capacitándose a través del MAG para fortalecer los tres panales.

Para subsistir continuarán cultivando productos como el plátano, cacao, papaya y maracuyá. Esos productos se venden en los mercados de Santo Domingo y de La Concordia.