24 de diciembre de 2019 00:00

La infancia de Jesús, en 59 obras de arte

El belén del Convento de Santo Domingo. Foto: Armando Prado / El Comercio

El belén del Convento de Santo Domingo. Foto: Armando Prado / El Comercio

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Gabriel Flores

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Un total de 59 obras de arte, esculturas y cuadros, elaborados entre los siglos XVII y XVIII, son parte de ‘El dulce nombre de Jesús’, la más reciente exposición que del Museo Fray Pedro Bedón.

Muchas de las obras son representaciones de la infancia de Jesús. Imágenes que, según Iván Cruz, uno de los curadores de la muestra, fueron las más reproducidas por los artistas quiteños del siglo XVIII.

Entre las obras que se exhiben está la de un ‘Niño viajero’, que es parte de la colección del Convento de Santo Domingo, de cabello ensortijado, traje y sombrero. Esta es una de las piezas más atípicas de la muestra, a criterio de Cruz.

También está el cuadro de la ‘Virgen de la Leche’, una obra de autor anónimo donde se ve a María amamantando a Jesús, que está cubierto con un manto envuelto a la usanza andina. A esta pieza se suman otras como la del ‘Niño dormido’, el ‘Niño de la pasión’, la ‘Virgen de la Promesa’ y la ‘Niña María’, una obra de madera tallada, encarnada y policromada.

La exposición incluye esculturas y cuadros creados por artistas quiteños, que dan cuenta de la infancia de Jesús. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

La exposición incluye esculturas y cuadros creados por artistas quiteños, que dan cuenta de la infancia de Jesús. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO


En la exposición se incluye el belén del convento de Santo Domingo, un nacimiento que tiene 25 piezas de pequeño y gran formato, donde llama la atención la presencia de pequeñas esculturas de personajes de la ciudad. “Es interesante -dice Cruz- cómo los nacimientos se convirtieron en espacios abiertos para todo el mundo. Ahí puede estar toda la gente de la urbe, desde los sordos y los bailarines hasta los vendedores”.

Con este montaje, Cruz y Ximena Carcelén, la otra curadora de la muestra, buscan que el público tenga contacto con obras que dan cuenta de la riqueza del arte barroco que manejaban los artistas quiteños del siglo XVIII, la mayoría indígenas, cuyas piezas ahora se exhiben con la etiqueta de autor anónimo.

“Es una forma de rescatar del olvido a destacados artistas que esculpieron infinidad de imágenes del Niño Jesús. Hace dos siglos todo Quito proclamaba que su Niño había sido tallado por Caspicara, hasta convertirlo en una denominación de origen”, dice Cruz.

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