26 de mayo de 2019 00:05

Imbabura: Los árboles tienen padrino 

La Unión de Organizaciones Campesinas de Cochapamba, en Ibarra, inició un programa de reforestación hace tres meses. La siembra de plantas nativas se financia con la ayuda de patrocinadores.

La Unión de Organizaciones Campesinas de Cochapamba, en Ibarra, inició un programa de reforestación hace tres meses. La siembra de plantas nativas se financia con la ayuda de patrocinadores.

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José Luis Rosales. Redactor (F-Contenido Intercultural)

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La siembra de plantas de aliso y cholán, con el apoyo de patrocinadores, es una de las nuevas iniciativas de conservación que implementa la Unión de Organizaciones Campesinas Cochapamba (UOCC).

Esta organización aglutina a 15 comunidades situadas en el noroccidente de Ibarra, en Imbabura. Su población es kichwa karanki y mestiza.

El plan de reforestación se inició en febrero pasado en las localidades de Chaupi Guaranguí y Rancho Chico.

Por lo pronto, 146 personas financian esta iniciativa que nació en el seno de la Asociación de Mujeres Sara Tarpuy o Sembradoras de Maíz.

A cambio de la entrega de USD 10 anuales, los aportantes pueden sembrar una planta nativa y ponerle un nombre.

Además, reciben fotografías del desarrollo del ejemplar e información sobre su crecimiento, cada tres meses, a través de Whatsapp.

También pueden visitar las parcelas en cualquier momento, explica Fidel Castro, presidente de la organización.

Para la selección de las dos variedades vegetales nativas se hizo un estudio. Así, se escogió al aliso, que es un árbol que aporta nitrógeno a la tierra. También es utilizado como cortina rompevientos y materia prima para artesanías.

El cholán, en cambio, se destaca por su gran cobertura y las dos épocas de floración al año. Esta última especie se sembró en la parcela de Luis Luna.

Este ingeniero agrónomo señala que la propuesta está encaminada a que los campesinos contribuyan a conservar el ambiente y a evitar la erosión de los suelos. La iniciativa ha tenido apoyo de la Prefectura de Imbabura.

Una de las razones es que este territorio se encuentra dentro de la microcuenca Quebrada de Ambuquí-Cochapamba, perteneciente a la cuenca hidrográfica Mira.

En esta zona fluyen 17 vertientes de agua que abastecen a estas localidades y a las de la zona baja de Ambuquí.

Sin embargo, Castro explica que en las dos últimas décadas se ha reducido el caudal de 100 a 60 litros por segundo.

Por eso, las comunas de la zona alta como Guaranguicito, San Francisco, Manzano Guaranguí, Rancho Chico, Chaupí Guranguí protegen sus últimos reductos de páramo y de bosque nativos. Hay un total de 1 040 hectáreas.

Una parte de ellas es el sector conocido como La Chorrera, que abarca 140 hectáreas de bosque primario. Las familias de la comunidad de Rancho Chico decidieron cuidar este reducto natural.

Esto nació dentro de un proceso de educación ambiental, en el que han intervenido varias organizaciones, desde hace más de dos décadas.
Los labriegos recuerdan que todo se inició con el Programa de Desarrollo Forestal Campesino, que se ejecutó de 1997 al 2000. Entonces se construyó el primer vivero comunitario de la zona. Se calcula que durante esa fase se sembraron 3 000 árboles en los linderos de las parcelas agrícolas.

Esa intervención cambió el pensamiento de la gente de la comunidad, que resolvió frenar la expansión agrícola.

“El área que no ha sido intervenida está garantizada”, comenta Castro.
La zona es rica en achupallas y vicundos, por lo que atrae al oso andino. También hay liebres, pavas de monte, palomas silvestres, entre otros.

Cada año, con el apoyo de la Cooperativa de Ahorro y Crédito UOCC, aumenta el área de conservación ambiental.

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