6 de octubre de 2019 00:00

Maccaferri y el legado del primer modernista

El Palacio Municipal de Guayaquil, construido entre 1923 y 1929, obra insigne de Maccaferri. Foto: Cortesía

El Palacio Municipal de Guayaquil, construido entre 1923 y 1929, obra insigne de Maccaferri. Foto: Cortesía

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Alexander García

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La arquitectura de Francesco Maccaferri parte desde el estilo neoclásico del Palacio Municipal de Guayaquil, recargado de arcos y columnas con sus elaborados capiteles, cúpulas, balaustradas en terrazas y balcones, hasta el trazo vanguardista de una casa de tres plantas diseñada solo a partir de líneas rectas. La casa Maccaferri, que se ubicó también en el centro, perdió esa impronta minimalista con una serie de modificaciones posteriores, antes de ser demolida.

Entre lo clásico y lo racionalista, la obra del arquitecto italiano Francesco Maccaferri Colli (Cilavegna, Italia, 1897-Guayaquil, 1973) en Guayaquil explora un amplio rango de matices expresados en la arquitectura pública, religiosa, en viviendas, en edificios privados y en vivienda de interés social. Se trata de un legado que constituye un patrimonio de la arquitectura moderna, amenazado por cambios, remodelaciones y demoliciones.

Considerado como el primer exponente de la arquitectura modernista en Ecuador, Maccaferri erige a mediados de los años 30 edificios de evocación naval, como si plantara en Guayaquil las estructuras de grandes barcos. La fachada de un edificio desaparecido, que estuvo en las calles Luque y Boyacá, asemeja por ejemplo la parte trasera de un crucero con una doble escalera en la entrada y un porche semicilíndrico.

El tratamiento curvo de las esquinas es una constante del legado del arquitecto. “Pero muy poco sobrevive de esa arquitectura de reminiscencia naval, esa visión como de quilla de barco está relacionada con el Grupo 7 de Milán”, explica el arquitecto Florencio Compte, decano de la carrera de Arquitectura de la Universidad Católica de Guayaquil y quien prepara un libro sobre el “primer moderno”.

Entre los años 1925 y 1942, el italiano construyó en la ciudad 49 proyectos, de los que sobreviven unos 35, aunque una buena parte de ellos desnaturalizados por los cambios, como lo mostró Compte en una reciente charla en el MAAC, titulada ‘Cambios, permanencias y pérdidas en la arquitectura de Maccaferri en Guayaquil’.

El arquitecto italiano, ganador del concurso de diseño del nuevo Palacio Municipal, arribó a Guayaquil en 1923 para unirse al equipo de construcción de su obra más representativa en la ciudad.

Compte divide la obra del modernista en tres grandes períodos. Entre 1923 y 1925, cuando el maestro estuvo vinculado a la Compañía Italiana de Construcciones, la propuesta fue sobre todo clasicista.

Entre los años 1927 y 1935 la obra se torna ecléctica, con variantes academicistas, neocoloniales, modernas y del art nouveau. De esa época es la casa Guzmán Aspiazu, construida en la esquina de las calles Panamá e Imbabura entre 1927 y 1929, remodelada ahora por el Municipio de Guayaquil para acoger al que será al nuevo Museo del Cacao.

La intervención se atiene al diseño original de tratamiento curvo de la esquina hasta la colorida cornisa, decorada como los muros con relieves de flores amarillas, rojas y rosas propias de art nouveau, estilo marcado por la línea curva y la inspiración en la naturaleza.

El último período se ubica entre los años 1936 y 1942, marcado por una arquitectura racionalista y art déco. La irrupción del Movimiento Moderno y el desarrollo de una arquitectura más austera y simple fue impulsada por la crisis económica producida por el descenso de la producción y de los precios internacionales del cacao entre 1920 y 1940.

Entre las edificaciones desaparecidas del arquitecto modernista están también los servicios higiénicos de la Plaza del Centenario, mientras que los servicios higiénicos del Mercado Central lucen ahora irreconocibles. El edificio de baños se construyó en mármol frente al Mercado para que fuera tan elegante como las “termas de la época de los romanos” y hoy tiene tantos parches, agregados y mutilaciones que asemeja una suerte de Frankenstein. Hoy funciona en el lugar una oficina de la Sociedad de Músicos.

Las alteraciones de obras sobrevivientes del pionero en el desarrollo de la arquitectura moderna del país incluyen alteraciones en la lógica cromática, derrocamiento de cúpulas y balcones, agregado de cubiertas y de pisos adicionales.

“Se ha irrespetado la arquitectura patrimonial de la ciudad, se ha hecho muy poco por conservar la historia, la memoria, y se han perdido testimonios valiosísimos”, lamenta Compte, quien acusa la excesiva permisividad que ha existido hasta ahora tanto en materia de modificaciones como en el derrocamiento de obras magistrales. “No existe ninguna legislación municipal que proteja el patrimonio arquitectónico de la ciudad, a pesar de que la ley así lo obliga”.

Jessica Escala Maccaferri, nieta guayaquileña del maestro italiano, destaca el aporte fundamental de su abuelo para el campo disciplinar de la arquitectura ecuatoriana. “Él cambia el concepto de lo que es la construcción en la ciudad y en 1929, a los 31 años, funda la primera escuela de arquitectura de Guayaquil”, destaca.

La escuela ofreció en un inicio cursos de cinco años y en 1938 gradúa al primer arquitecto titulado en Ecuador, Héctor Martínez Torres. Maccaferri tuvo dos hijas, que se casaron y establecieron en Ecuador. Y los restos del arquitecto reposan en el Cementerio Patrimonial de la ciudad.

La familia busca que por el Bicentenario de la Independencia de Guayaquil se perennice su nombre, se instalen placas en sus edificios y se proteja su legado con el de la arquitectura moderna de una ciudad que carece de patrimonio arquitectónico colonial, debido al Gran Incendio de 1896.

La investigación de Compte desmonta el postulado teórico de que la arquitectura moderna en Latinoamérica surge entre 1930 y 1932, al mismo tiempo que en Europa, excepto en los países andinos y en Paraguay, donde su aparición fue aún más tardía. El peso de lo colonial retrasó el surgimiento de una arquitectura moderna en Quito, por ejemplo, hasta la década de 1940. Pero en Guayaquil, Maccaferri estaba construyendo a la par de los centros de la modernidad en Brasil, Chile, Uruguay o Argentina, un dato que se desconoce a menudo y que cambia la cartografía de la arquitectura moderna en Sudamérica.

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