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Los hornos de barro siguen quemando fuerte

El diseño de estos hornos tiene muchas variantes. Este modelo es de la Arq. Judith Ortega. Foto: Víctor Vizuete/EL COMERCIO

El diseño de estos hornos tiene muchas variantes. Este modelo es de la Arq. Judith Ortega. Foto: Víctor Vizuete/EL COMERCIO

El diseño de estos hornos tiene muchas variantes. Este modelo es de la Arq. Judith Ortega. Foto: Víctor Vizuete/EL COMERCIO

El uso de los hornos de barro es una tradición ancestral que todavía tiene vigencia en el país. Cultores como el maestro Edmundo Tolagasi o arquitectos como Fausto Acosta, Fernando Honojosa o la lojana Judith Ortega se han vuelto expertos en su fabricación.

¿Cómo se construye un horno de barro? Primero, dice Ortega, se construye una plataforma de ladrillo y piedra.  La última capa, de 25 cm, se fabrica con pedazos de piedra, ladrillo fractal, pedazos de metal, vidrio, cerámicas y arena.

Esta amalgama da como resultado una capa que no se triza y guarda el calor deseado. El cuerpo del horno puede tener varios diseños y no debe ser muy grande, ya que se necesita llenarlo de calor.

Un elemento es vital para la fabricación de un horno, según Tolagasi: el barro. Este debe ser del mismo terreno donde se colocará. Cada maestro tiene su método.

Hay pasos que no se deben olvidar, la construcción de la bóveda es uno. Los adobes deben cortarse en forma trapezoidal, para que se adhieran uno al otro con la menor cantidad de barro posible.
En estas uniones no se usa cemento sino el mortero de barro, agua y melaza.