13 de noviembre de 2018 10:49

El histórico mar de Galilea, ubicado en Israel, se seca

Imagen de un atardecer en el mar de Galilea, este cuerpo de agua ha reducido su tamaño en los últimos años

Imagen de un atardecer en el mar de Galilea, este cuerpo de agua ha reducido su tamaño en los últimos años. Foto: Pixabay

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Agencia AFP

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Los israelíes solían extender toallas sobre la hierba verde a orillas del mar de Galilea, también llamado Lago de Tiberíades. Ahora espetan sombrillas en la playa de arena que apareció por el achicamiento de la superficie del agua.

“Cada vez que venimos se nos encoge el corazón”, reconoce Yael Lichi, de 47 años, quien frecuenta el lugar desde hace 15 años con su familia. “En Israel es un símbolo” afirma. El diario Haaretz informa a diario del nivel de las aguas en contraportada.

Los barcos de madera que transportan a turistas surcan sus aguas transparentes. Los peregrinos cristianos visitan este lugar donde según la Biblia se produjo uno de los milagros de Jesús: la multiplicación de los panes y de los peces.

Para Israel es vital. Durante mucho tiempo fue la principal fuente de agua del país.

Desde 2013, “estamos por debajo del límite mínimo” más allá de la cual “la salinidad aumenta, los peces tienen dificultades para sobrevivir y la vegetación se ve afectada”, explica a la AFP Amir Givati, hidrólogo de la autoridad del agua israelí.

El nivel se halla sólo 22 cm por encima del récord de sequía de 2001. Solo que entonces se obtenían 400 millones de metros cúbicos anuales para regar el resto del país.

“Este año hemos bombeado 20 millones de metros cúbicos”, dijo Amir Givati, además de los 50 millones de metros cúbicos suministrados por Israel a Jordania en virtud del acuerdo de paz.

Factor humano 

Un centenar de kilómetros más al sur, a lo largo del río Jordán, el mar Muerto, perdió un tercio de su superficie desde 1960. Se ha quedado en un regato salobre debido a la sobreexplotación y a que Israel lo regula mediante una represa.

Los expertos son categóricos: las precipitaciones no bastarán para salvar al Lago de Tiberíades de unos daños irreversibles.

El ministerio del Agua hace hincapié en los cinco años de sequía que agotaron las reservas en el norte del país. Pero “ los factores climáticos no bastan para explicar esta bajada récord ” , objetan Michael Wine, Alon Rimmer y Jonathan Laronne, investigadores de la universidad Ben Gurión, en el sur de Israel.

“La agricultura y la desviación del agua son las principales causas”, escriben en un estudio que será publicado en febrero.

La reserva se agota 

Los israelíes construyeron en los años 50, cuando prometían a “hacer florecer el desierto”, un inmenso acueducto que llevaba el agua desde el lago hacia el resto del país.

“El Lago de Tiberíades se usaba como una reserva nacional”, explica la profesora universitaria Julie Trottier. El acueducto irrigaba la costa mediterránea al oeste y el desierto de Néguev al sur.

Actualmente, a falta de agua, el acueducto es inservible. La mayoría de las viviendas al oeste consumen agua desalinizada del Mediterráneo y para el riego de los campos se usan las aguas residuales recicladas.

Como ese agua no llega a todas partes, los agricultores de la región del lago recurren a los cursos de agua que constituyen el 90% del aporte al lago.

A unos kilómetros de las playas de Ein Guev, al pie de las colinas rocosas, unas redes ocultan plantaciones de bananos, una fruta muy rentable porque se puede consechar todo el año.

“Cuando comenzaron a plantar bananos, no había problemas de agua”, al contrario de ahora, afirma Meir Barkan, un responsable turístico de Ein Guev.

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