18 de agosto de 2019 00:00

Woodstock: los hippies y su hora culminante

Imagen del festival, que en realidad se realizó en White Like, a 70 km de Woodstock.

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Alejandro Ribadeneira
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La historia del ser humano es la historia de la violencia. Pero el festival de Woodstock demostró que, a veces, es posible juntar a medio millón de personas bajo el lema de amor y paz, sin que nadie se agreda.

Ese místico ambiente pacifista que imperó -de l 15 de agosto de 1969 a la madrugada del 18- con música, amor libre, drogas y lodo, convirtió al festival, sin quererlo, en el punto culminante del movimiento hippie.

No importa mucho que, en realidad, el Woodstock Music & Art Fair haya sido organizado por motivaciones básicamente capitalistas, pues el final satisfizo a los hippies que pregonaban en contra del consumismo: los socios, encabezados por Michael Lang, un experto promotor de conciertos, acabaron quebrados y tardaron once años en liquidar las deudas con los bancos.

Todo se salió de control porque Lang y sus socios no esperaban que la convocatoria fuera tan masiva. Querían ganar dinero para fundar una empresa, y el medio era montar un festival pensado en principio para 25 000 personas y luego recalculado para un máximo de 180 000. ¡Pero llegaron
500 000!, aunque algunos historiadores fijan en 400 000 los espectadores, pues la movilidad fue constante durante los días del evento.

Eso generó escasez de comida, problemas de tránsito porque los autos quedaron varados en las vías (los artistas contratados eran trasladados en helicóptero, lo que aumentó los gastos), inconvenientes sanitarios y un caos que motivó a que la fuerza pública estuviera movilizada para intervenir en caso de urgencia.

No fue necesaria, finalmente, una irrupción armada; pero hubo momentos de tensión en el campamento hippie, como cuando corrió el rumor de que había un ácido verde que estaba envenenado, con el detalle de que había varias drogas ácidas de ese color.

El evento transcurrió en calma, a pesar de que la lluvia hizo del lugar -una granja del condado de Sullivan, estado de Nueva York- un lodazal que complicó la logística y la comodidad del público. Porque el festival no se hizo en Woodstock sino en White Like, pues los pobladores del primer pueblo se opusieron al evento. Se logró un acuerdo con el granjero Max Yasgur, pero ya no hubo tiempo para rebautizar al festival, por motivos de derechos.

Este desastre financiero, en cambio, fue un éxito cultural. Hubo festivales antes, como el de Monterrey, y después, como el de Altamont Speedway Free, pero ninguno fue tan masivo ni tampoco tan apegado al espíritu hippie, con la gente feliz, dando rienda suelta a sus ideales, a su modo de ser, sin agresiones. Se dice que hubo tres muertes, dos por sobredosis y una por un accidente con un tractor, aunque no hay consenso sobre esos datos.

Esto volvió emblemático al festival, que llegó luego de una violenta década por la guerra de Vietnam y las manifestaciones en contra de la intervención de Estados Unidos en el conflicto, además de las tensiones raciales.

La promesa del cartel -decorado con un mango de guitarra y una paloma- consistía en “tres días de paz y música”: se cumplió, aunque nunca más pudo realizarse una concentración tan grande ni tan armoniosa, pues el movimiento hippie, en ese 1969, entró en la decadencia.

El aspecto musical, por sí solo, también pasó a la historia. Actuaron 33 artistas, entre grupos y solistas. Todos cobraron USD 15 000, excepto Jimi Hendrix y su banda, que ganaron USD 18 000. Este guitarrista estaba en la cúspide de su carrera y cerró el festival, aunque paradójicamente su actuación solo se realizó ante 40 000 personas, pues el público, exhausto,
se había retirado poco a poco.

Lo presentaron como Jimi Hendrix Experience, pero el artista corrigió y anunció que tocaba con los Gypsy Sun and Rainbows. Se hizo cargo de 16 canciones, pero su versión del Himno de Estados Unidos con una guitarra distorsionada y psicodélica se convirtió en el hito del evento: Hendrix demostraba su disconformidad con la guerra reinventando el Himno de las Barras y las Estrellas. ¡Ese era el himno de la Nación Woodstock!

También se destacaron las presentaciones de Jefferson Airplane con la cantante Grace Slick, reina del rock psicodélico, en plena forma; la de The Who, cuyos integrantes se negaban a tocar porque no habían visto su paga; la de Crosby, Stills, Nash & Young, el supergrupo que apenas había sacado un disco en ese entonces; la de The Band, los músicos que acompañaba a Bob Dylan, quien se negó a ir al festival porque detestaba a los hippies, y la de Santana, banda del mexicano Carlos Santana, catapultado a la fama por su mezcla de rock con sonidos latinos.

Pero el capitalismo no perdió del todo con Woodstock, cuyos derechos son propiedad de Warner Bros., que ha sacado réditos desde entonces. El documental del evento ganó un Oscar en 1970 y, este año, se vendió una marihuana marca Woodstock en los territorios que la permiten. ¡Qué hubiera pensado Hendrix de esto!

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