10 de junio de 2018 00:00

Guayas: Una oportunidad para el pigío

Los pigíos se dibujan al recorrer las lomas de La Esperanza, a 56 km. de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

Los pigíos se dibujan al recorrer las lomas de La Esperanza, a 56 km. de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

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Elena Paucar.  Redactora
(F-Contenido intercultural)

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Seis personas con los brazos extendidos logran con esfuerzo abrazar el tronco macizo de un robusto pigío. Por decenas de años engendró simétricamente esos anillos que sobresalen en su estructura monumental y que se elevan hacia el cielo. Su copa frondosa parece fundirse con las nubes.

El Cavanillesia platanifolia -también conocido como puyango, pretino o macondo- sobrepasa en estatura a las otras especies que habitan en el área de conservación La Esperanza. Es un remanente de bosque seco tropical, típico de la Costa ecuatoriana, que don Benito Bajaña mantiene intacto en el recinto La Alegría del cantón Isidro Ayora, en Guayas. Los pigíos gigantescos alimentan el recuerdo de su padre.

“Hemos contado 216 pigíos en esta reserva. Desde que tengo uso de razón, ellos ya existían. Ahora tengo 64 años, y cuando mi papá nos cargaba por acá pequeñitos, esto ya era bosque”, recuerda mientras se detiene en un sendero que atraviesa el terreno de 200,41 hectáreas, herencia de su abuelo paterno.
Benito Rafael Bajaña Martillo dice con orgullo que nació en Isidro Ayora. Es un hombre de campo, arraigado a la cultura montuvia. Usa un sombrero de paja para cubrirse del sol y lleva en la mano un machete para cortar la maleza que creció con las lluvias. Junto a su esposa Narcisa Merchán pasan gran parte del tiempo aquí, donde también hay una pequeña extensión de cultivos de maíz y cacao (22 hectáreas).

Al igual que su padre, no usa agroquímicos. Para preservar su tierra y a las especies que viven en ella prepara repelentes y abonos orgánicos con ají, oreganón, excremento de vaca, ruda... Así le ha enseñadoa los comuneros que trabajan con él en La Esperanza, reconocida desde el 2013 como área de conservación y productividad por la Dirección de Ambiente de la Prefectura del Guayas.

Aquí hay 48 especies de flora -39 son nativas- y 74 de fauna. Los árboles de guasmo, jaboncillo, guayacán, bototillo, saiba y amarillo son el refugio de gavilanes, búhos, tigrillos, cuchuchos, armadillos y venados, como resume Verónica Llaguno, directora de Ambiente del Gobierno Provincial. “Esta área es un ejemplo de que existe conciencia forestal para frenar la deforestación”.

De este bosque también obtienen semillas para el vivero provincial, donde crecen nuevas generaciones de especies nativas en riesgo. La del pigío está envuelta en una flor amarilla, del tamaño de una mano. Se desprende de las ramas y descienden como mariposas de verano, entre septiembre y noviembre.

Toparse con un árbol señorial como este resulta cada vez más difícil. Por eso el biólogo Wilson Ortega, técnico de la Prefectura, cree que este sitio es tan especial. “Y cobra más relevancia porque es el sitio de reproducción y anidación del papagayo de Guayaquil”.
El Ara ambiguus guayaquilensis, ave emblemática, pero también vulnerable, talla con su pico los nidos en el tronco del pigío. Lo hace entre junio y noviembre, su época de reproducción. Don Benito recuerda verlos volar libres sobre este bosque espeso, con su plumaje verde y rojizo. Pero en los últimos años no han aparecido.

En el 2002, el guacamayo verde mayor apareció en el Libro Rojo de las Aves del Ecuador. Fue declarado en peligro crítico tras un conteo que identificó unos 90 individuos en áreas de reproducción de Guayas y Santa Elena. También fue incluido en la lista roja de animales en peligro de extinción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La tala del pigío es una de las causas.

Pero en La Esperanza están protegidos. “Lucharemos contra todo para preservar esta tierra”, promete don Benito. Aquí los pigíos y otras especies han resistido a los maizales que se extienden cada vez más por la demanda de la industria avícola. Y se levantan formando una muralla que abraza el lugar, que reverdece en las cercanías de la cordillera Chongón-Colonche.

El área de conservación La Esperanza, en Isidro Ayora, acoge al árbol del papagayo de Guayaquil.

Trabajo:
22 hectáreas están dedicadas al cultivo orgánico de maíz, cacao y frutas en el área La Esperanza.

Clima: 25º C es la temperatura promedio del cantón. Las lluvias son abundantes durante la estación invernal.

Población: 10 870 habitantes es la población total del cantón. La actividad agrícola es la principal en esta localidad.

Etnia: La raíz montuvia predomina en las tierras ayorenses. El 48% de su población ocupa el área rural del cantón.

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