5 de agosto de 2018 00:16

La gente vive 100 años; la jubilación entra en crisis

Personas mayores se entrenan en los jardines de un templo en Tokio, para celebrar el Día del Respeto por la Vejez. La esperanza de vida para quien nació el 2017 es 107 años. Foto: Yoshikazu Tsuno / AFP

Personas mayores se entrenan en los jardines de un templo en Tokio, para celebrar el Día del Respeto por la Vejez. La esperanza de vida para quien nació el 2017 es 107 años. Foto: Yoshikazu Tsuno / AFP

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César Augusto Sosa
Macroeditor(O)

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El número de personas que celebra su cumpleaños número 100 está aumentando alrededor del mundo, sobre todo en Europa y Japón. Sin embargo, la sociedad recién está debatiendo sobre cómo vivir con personas más longevas.

Los avances en medicina, genética o biotecnología han mejorado la prevención de enfermedades y el resultado es que ahora se puede vivir más tiempo. En el futuro, que está a la vuelta de una década, la esperanza de vida aumentará y el mundo celebrará con mayor frecuencia a los cumpleañeros centenarios.

Las personas de la tercera edad -que tienen entre 65 y 85 años- van ganando peso en la población mundial y próximamente pasarán aengrosar el grupo de la ‘cuarta edad’.

Desde mediados del siglo pasado, la esperanza de vida ha aumentado rápidamente. En promedio, lo ha hecho a razón de un año cada cinco años (ver gráfico). Los bebés nacidos en el 2017 pueden llegar a vivir más de 100 años o, en otras palabras, vivirán para ver el año 2117, según un documento preparado el año pasado por el Foro Económico Mundial.

En la práctica, el hecho de que haya gente más longeva significa que en el futuro habrá más personas capaces de trabajar más años y en mejores condiciones de salud.

Esto cambiará radicalmente el mercado laboral, que se enfrentará a una mayor oferta de personas de avanzada edad y una menor oferta de jóvenes, producto de una menor tasa de natalidad, toda vez que las parejas están decidiendo tener menos hijos, o no tenerlos.

Aunque esto ya ocurre en la actualidad pero con diferentes matices, dependiendo del país, la tendencia mundial apunta a que en el futuro habrá más adultos mayores. Según datos de la ONU, en el 2017 se registraron 962 millones de personas mayores a 60 años. Se espera que ese número se duplique en el 2050 y en 2100 alcance los 3 100 millones.

En América Latina, el 12% de la población es de adultos mayores de 60 años y suman alrededor de 77 millones de personas. En Ecuador, el peso de este grupo en la población total es del 10%, es decir, 1,7 millones.

Bajo ese escenario, los sistemas de jubilaciones y pensiones que existen en la actualidad quedarán caducos en las próximas dos décadas, lo cual tendrá impacto en todos los ámbitos de la sociedad.

Las empresas necesitarán innovar en contratación de personal, capacitación en nuevas tecnologías, diseño de horarios más flexibles de trabajo o en los planes de carrera, en función del personal nuevo y el de mayor experiencia.

Los cambios poblacionales también obligarán a los gobiernos a modernizar sus políticas públicas, con el objetivo de cambiar las actuales estructuras, que están diseñadas para poblaciones con expectativa de vida de hasta 80 o 90 años.

En el caso ecuatoriano, por ejemplo, el envejecimiento de la población implicará que el Seguro Social tendría que pagar pensiones a un mayor número de jubilados y por más tiempo. Y si por el otro lado no aumenta el número de contribuyentes jóvenes para garantizar el pago de pensiones, la quiebra del Seguro Social sería cuestión de tiempo, lo que acarrearía problemas sociales.

Hasta ahora, los gobiernos coinciden en sus propuestas para afrontar este problema y volver sostenible el pago de las pensiones jubilares. La receta pasa por aumentar la edad de jubilación, subir los aportes de los trabajadores y empleadores, reducir el monto de las pensiones o una combinación de todas las anteriores.

Este debate ya se está librando en Rusia, Brasil, Nicaragua, Italia, etc. Y en la mayoría de esos países, el resultado ha sido un rechazo social, con niveles muy violentos en el caso del país centroamericano.

En cambio, países como Nueva Zelanda tienen otro enfoque. Un estudio realizado el año pasado por la firma PWC muestra que el país oceánico es el segundo en el mundo con mejor valoración del potencial de sus ciudadanos con más de 60 años. Para lograrlo, una de las primeras medidas fue retener a los trabajadores adultos en las compañías.

Las empresas reciben estímulos para mantener a los sexagenarios -aunque no siempre en los mismos cargos-, ya sea en puestos con menores responsabilidades y con un régimen más flexible. Esto permitirá que el número de trabajadores mayores de 60 años pase de 486 000 a 823 000 en el 2036.

También hay políticas para la inclusión de más mujeres, reduciendo así la brecha de género y con resultados positivos en términos psicológicos.
El estudio ue realizado por el economista John Hawkswirt, quien señaló que en la medida de que más personas mayores de 55 años trabajen de manera constante, aumenta su esperanza de vida. “Es necesario que cada vez sea más fácil para las personas continuar con su trabajo por más tiempo si lo desean. Esto aumenta el PIB, los ingresos fiscales, ayuda en los costos de salud y asistencia social de la población”.

La psicóloga Laura Carstensen, directora fundadora del Stanford Center on Longevity, tiene una propuesta más disruptiva. Ella cree que la gente no debiera trabajar a tiempo completo hasta cumplir 40 años, porque hasta esa edad necesita tiempo para dedicar a la familia. El modelo actual, con empleos a tiempo completo, hijos dependientes y padres que envejecen y demandan apoyo, hace que el ritmo de vida sea muy frenético en la etapa temprana de los trabajadores. Y luego, de golpe, llega la jubilación a los 60 o 65 años, que no es práctica desde el punto de vista financiero.

Una mujer que hoy tiene 40 años puede esperar vivir otros 45 años, en promedio, mientras que el 5% vivirá para cumplir 100 años. El hombre promedio de 40 años vivirá otros 42. Para muchas personas, la mayoría de esos años serán lo suficientemente saludables como para continuar un trabajo que no implique un intenso esfuerzo físico. Entonces, ¿por qué seguimos poniendo todas nuestras obligaciones profesionales y familiares en unas pocas décadas frenéticas?, dijo Carstensen en una nota del portal Quartz, del mes pasado.

Bajo este concepto, las carreras serían más largas, con una transición gradual al trabajo a tiempo parcial en los últimos años antes de la jubilación, que sería alrededor de los 80 años.

Sea cual fuere el modelo, lo único cierto por ahora es que la gente vive más años y el sistema actual quedó obsoleto.

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