29 de abril de 2019 09:32

Ganador del 'Nobel medioambiental' en África pide proteger a los indígenas

Foto: @goldmanprize

Alfred Brownell cree en la necesidad de proteger a las comunidades indígenas y de acabar con la deforestación como única vía para la supervivencia humana. Foto: @goldmanprize

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Agencia EFE

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El abogado ambientalista de Liberia Alfred Brownell, uno de los galardonados este lunes 29 de abril de 2019 con el Premio Goldman (el 'Nobel medioambiental'), enfatiza en una entrevista con Efe la necesidad de proteger a las comunidades indígenas y de acabar con la deforestación como única vía para la supervivencia humana.

Su lucha empecinada contra este mal que acecha los bosques tropicales de su minúsculo país -"el pulmón de África occidental", con más de un 32% de territorio boscoso- le ha valido una derrota, pero también una victoria: hoy, desde el exilio en EE.UU., puede decir que detuvo la mayor plantación de aceite de palma de Liberia.

"Este premio significa mucho no solo para mí, sino para los indígenas y las comunidades de Liberia que durante décadas y siglos han vivido en esta tierra protegiendo sus bosques", afirma Brownell a Efe en una entrevista telefónica desde San Francisco, donde hoy se celebra la gala de entrega de la trigésima edición del galardón.

Gracias a su labor como director de la ONG Green Advocates (GA), este activista pudo demostrar que la multinacional Golden Veroleum Liberia (GVL) -con sede en Singapur y a la que el Gobierno liberiano había arrendado 543 600 acres de tierra (unas 220 000 hectáreas)- no producía aceite de palma de forma sostenible, paralizando sus actividades.

Para las comunidades indígenas del suroeste de Liberia, GVL encarnaba la destrucción de sus cultivos y sitios sagrados, la contaminación de sus fuentes hídricas, la ausencia de una compensación adecuada y el aniquilamiento de su forma de subsistencia.


"Por qué existe tanta desigualdad económica y exclusión? Cuando le arrancas la tierra a alguien -yo no usaría el verbo quitar, sino arrancar- le privas de su acceso físico a ella, pero también de su historia, cultura y medio de vida. Y eso es exactamente lo que ha pasado en Liberia", detalla el ambientalista.

Ante esta mala praxis, y tras una demanda a la Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO), el organismo de certificación global que facilita que estas multinacionales obtengan financiación y que su aceite sea vendido como respetuoso con el medioambiente, esta institución congeló cualquier expansión de GVL.

Brownell evitó así la tala de 513 500 acres (unas 208 000 hectáreas), aproximadamente el 94% de la área boscosa arrendado por el Gobierno, y logró preservar el mayor sumidero de carbono de la región; hábitat de numerosas especies en peligro de extinción como los chimpancés y los hipopótamos pigmeos.

Una lucha global

Pese a su triunfo, Brownell es consciente de que esta batalla se engloba en una lucha de percepción mucho más amplía a favor de la población indígena, calificada a menudo de 'salvaje y primitiva', pero la única capaz de combatir la desertificación y el avance del cambio climático.

"He convivido los últimos 15 años con gente indígena, y muchos de ellos tienen más experiencia, son más creativos, creen en la tierra y son capaces de crear modelos de negocios y empresas que coexisten con la naturaleza", detalla el galardonado, para quién el progreso de su país debe ir mucho más allá de la minería y el agro-negocio.

Sin embargo, Brownell sabe también que la defensa de los más vulnerables es un oficio peligroso, por el que en 2017 fueron asesinados en todo el mundo 197 defensores ambientalistas, según Global Witness, y que, de momento, a él ya le ha costado el exilio.

"No se trata de un problema sudamericano, africano, europeo o estadounidense. Es un problema global apoyado por corporaciones trasnacionales con el apoyo de los gobiernos", explica el activista alzando su tono de voz.

"Y (todo) -insiste- para atacar aquello que nos protege: el bosque, capaz de reducir el impacto del cambio climático; y criminalizar, atacar y asesinar de forma masiva a los propios indígenas que lo han preservado y protegido durante siglos".

Efecto mariposa

Aunque muchos no lo sepan, el aceite de palma es el aceite vegetal más usado en el mundo, presente en miles de productos como la margarina y el jabón; además de ser usado en la actualidad como biocombustible, lo que lo convierte en un negocio multimillonario.

"Cómo es que desconocemos dónde se encuentra el aceite de palma en la cadena de suministro? Lo tenemos en el helado, en el chocolate, en los cosméticos y en los jabones. Y nadie es consciente de ello", se lamenta Brownell.

"A partir de ahora, cuando corras a un supermercado a comprar un helado o una tableta de chocolate -exige-, no debes olvidar la destrucción que ha causado al otro lado del mundo", y menciona como ejemplo la historia de una lideresa comunitaria indígena "desnudada, arrestada y encarcelada" por la Policía por proteger la tierra de sus ancestros en Liberia.

Estos mismos líderes tradicionales conviven con el miedo cotidiano de ser asesinados, ya que, según su cultura, sería un signo de vergüenza y deshonra no entregar la tierra de sus antepasados a sus hijos. Por lo que cada día de lucha se preguntan: "si muero, qué pasará con la tierra?".

Para Brownell, una de las pocas maneras de acabar con esta espiral de violencia y devastación es, en primer lugar, empoderar y respetar a las comunidades indígenas; y en segundo, impulsar un consumo ético y sostenible en todo el mundo.

"El oxígeno que respiramos es vida (...) y quienes protegen los árboles son los indígenas, por lo que deberíamos trabajar para fortalecer sus iniciativas y liderazgo. Ellos son el futuro, pues son quienes mejor entienden cómo vivir junto a la naturaleza", sentencia.

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