1 de noviembre de 2020 00:00

Las fórmulas son el puntal del dogmatismo

Pablo Andrade en uno de los espacios de la U. Andina, donde trabaja como docente. Foto: Cortesía de la UASB

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¿Por qué las ideas dogmáticas han ganado espacio, en medio de un mundo globalizado e híperconectado?
Hay dos fenómenos empíricamente comprobables para explicar este fenómeno. Uno de ellos es la polarización en las sociedades democráticas. Esto pasa cuando se combinan dos circunstancias: la presencia de liderazgos políticos con suficiente capacidad organizacional para movilizar a minorías bulliciosas y la presencia de una mayoría silenciosa, que es sistemáticamente discriminada y que vive en una situación de precariedad. Cuando estas dos condiciones se combinan se produce la polarización social, que favorece al otro fenómeno, que es la simplificación de la realidad. Lo que muchos llaman dogmatismo es en realidad un tipo de pensamiento al que llamo formulaico, un pensamiento hecho con base en fórmulas que solo sirven para simplificar la realidad.

¿Cómo llegamos a vivir en democracias en las que los líderes librepensadores y críticos escasean y los dogmáticos se están multiplicando?
Creo que en parte esos líderes librepensadores y críticos son los corresponsables de este fenómeno. Si vemos el caso de Donald Trump o de otros líderes populistas europeos o de América Latina, todos fueron electos de forma democrática a través de partidos políticos. Estos partidos normalmente tienen un conjunto de liderazgos, que ceden el foro a estos gritones extremistas, en función de un cálculo de eficiencia electoral. Piensan erróneamente que si estos radicales son los que permiten que más gente vote por su partido hay que ponerlos al frente con más frecuencia. El problema es que cuando estos líderes llegan al poder tienen la habilidad para capitalizar la desigualdad social a su favor, a la manera de una polarización.

¿Estos líderes dogmáticos son el espejo de una sociedad que nos negamos a reconocer?
Estos líderes dogmáticos son el espejo de una sociedad altamente desigual. Esta realidad se manifiesta en cosas como el nivel educativo. La calidad de educación, sobre todo, secundaria pública y privada en el país es pésima. Es en la educación secundaria donde se debería desarrollar la habilidad para que las personas piensen en cabeza propia. La muerte cerebral de los pobres zombies que egresan todos los años del colegio se confirma en nueve de cada 10 casos de la educación superior.

¿Todos llevamos un dogmático dormido por dentro?
Creo que más que un dogmático, todos llevamos un facilista por dentro. Esta tendencia, de manera colectiva, puede producir resultados muy pocos útiles. Muchas personas apelan a ideas rutinarias porque así el mundo se vuelve más predecible. Esto también funciona en el campo fisiológico. Si nuestro cerebro usa con más frecuencia una ruta neuronal, las rutas alternas son borradas. Una de las cosas que más llama la atención de la crisis social que estamos viviendo, a causa de la pandemia, es lo formularios, rutinarios y poco creativos que han sido la mayoría de decididores políticos para afrontarla y proponer salidas.

¿Cuáles son los dogmas que más están afectando al quehacer político en el país?
Creo que hay dos a los que tenemos que ponerles atención, uno es el que plantea que el mercado lo soluciona todo y el Estado es mejor que se mantenga al margen, el otro es el que sostiene que Correa tiene la solución para todo. Las dos posiciones son extremadamente peligrosas. Los verdaderos creyentes, para utilizar el lenguaje del dogma, no necesitan que el ‘profeta’ esté cerca. Simplemente necesitan creer en el ‘profeta’. Un ejemplo doloroso que vivimos esta semana fue el asesinato de tres personas en una iglesia de Niza. El asesino repitió las palabras del profeta, que lleva muerto siglos.

El dogmatismo y los dogmáticos han encontrado un nuevo impulso en la crisis sanitaria, ¿cuál es el riesgo que corren las democracias en este contexto?
Lo que provoca, entre otras cosas, es la disolución de coaliciones capaces de controlar un Estado. El caso más dramático ha sido el de Bolivia. La coalición que llegó al Estado boliviano, después de la renuncia de Evo Morales, pudo estabilizarse, pero debido al impacto de la pandemia ha llegado con las justas al cambio de mando. En el país creo que el efecto de la pandemia sirvió para sacarle las castañas del fuego a un Gobierno totalmente débil. En el plano individual, la crisis lo que está haciendo es fortalecer esas ideas formuladas y facilistas que ya teníamos. La pandemia de alguna manera nos ha infantilizado, el reto es que la pensemos como una oportunidad para desarrollar otro tipo de pensamientos.

Pablo Andrade
Nació en Otavalo, en 1961. Estudió psicología en la PUCE. Tiene una maestría en Política Comparada por Flacso Ecuador y un doctorado en Filosofía, Pensamiento Social y Político, por la Universidad de York, Canadá. Es profesor de la Universidad Andina.

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