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La familia montuvia tiene una relación estrecha con el maíz

La familia Suárez aprovecha la cosecha del maíz, en su natal Ventanas, para fortalecer los lazos fraternales. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

La familia Suárez aprovecha la cosecha del maíz, en su natal Ventanas, para fortalecer los lazos fraternales. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

La familia Suárez aprovecha la cosecha del maíz, en su natal Ventanas, para fortalecer los lazos fraternales. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

Ventanas hace honor a su apelativo de ‘Capital Maicera del País’, con un monumento erigido en el ingreso a la ciudad, en el sector de La Y. La estructura de hormigón armado da la bienvenida a los turistas y recuerda el apego de los pobladores a la gramínea.

Entre mayo y julio se realiza la cosecha de este producto en la zona, lo que sirve de excusa para la unión de la familia montuvia. Las jornadas de recolección y desgranado toman entre seis y siete horas.

El montuvio ventaneño cambió el caballo por la motocicleta y las carretas por camionetas 4×4, que les permiten ingresar con mayor facilidad en los sembríos, que para el neófito podrían convertirse en complejos laberintos verdes o amarillentos.

Ese es el caso de la familia Suárez, que considera al maíz como el producto que los ayuda a comer a y a mantener unida a su comunidad.

Kléber es una especie de patriarca, el líder de la cuadrilla, experimentado y gran conocedor de los ciclos del grano.

Sus cinco hijos y dos nietos lo acompañan en las jornadas, una por la mañana y otra por la tarde. Ellos trabajan en la hacienda La Elena, donde levantaron un pequeño recinto para estar más cerca de la plantación, que es su sustento.

“Nos levantamos temprano todos, desayunamos juntos y salimos a trabajar. Que los niños se integren a la jornada, en sus vacaciones escolares, sirve para que desde pequeños aprendan el valor del trabajo”, cuenta Kléber Suárez.

Erick y Jaime son los nietos de Suárez. Ellos llenan los chalos –una especie de gavetas ovaladas- con el maíz, mientras sus hermanos y tíos los cargan a la máquina desgranadora, que llena dos sacos con maíz en pocos minutos.

Luego de llenar los sacos y cargar la camioneta, llevan el producto a los centros de acopio, que abundan en el sector. En la vía Ventanas-Quevedo hay por lo menos 15 estaciones, donde los productores como los Suárez pueden comerciali­zar su cosecha a un precio referencial de USD 14,5 por saco.

Tras la cosecha, el proceso continúa y los montuvios vuelven a sembrar. El maíz ventaneño en su mayoría tiene un plazo de 120 días de maduración y la mayoría de la producción es para el consumo del mercado ecuatoriano.

La provincia de Los Ríos acapara el 35,96% del cultivo de maíz en el país, y solo en Ventanas se recogen en promedio 5,5 millones de quintales al año, según los datos que maneja el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Con ese margen, la economía del cantón gira en torno a la producción de este producto. Así lo señala Édgar Andrade, exdirigente maicero, para quien la ciudad también es un centro de acopio del maíz que se siembra en Mocache, Urdaneta, Pueblo Viejo…

“Es difícil competir en el mercado internacional, con Colombia o Perú, pero el ventaneño está apegado al maíz, es parte de su ADN”, sostiene Andrade que dedicó 30 años de su vida al cultivo del grano y ahora alquila sus terrenos a productores locales.

Este hombre cuenta que la actividad maicera arrancó en los años treinta, aproximadamente, luego de que la producción de cacao tuviese un declive a nivel nacional. El maíz y su grano amarillento fue visto como oro para los campesinos y agricultores de la zona.

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