14 de agosto de 2018 00:00

Arquitectura y poder, en la muestra de Andrés Velásquez

La muestra incluye una instalación escultórica con 700 libélulas y pinturas de gran formato.

La muestra incluye una instalación escultórica con 700 libélulas y pinturas de gran formato. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Alexander García

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En la exposiciónLos tres huéspedes’ confluyen las memorias de la infancia del artista guayaquileño Andrés Velásquez. Reflexiones sobre la invasión del hombre a los entornos naturales y sobre la capacidad de ciertos animales –insectos como libélulas, abejas u hormigas– para readaptarse y habitar esos entornos modificados.

La muestra incluye una instalación escultórica con 700 pequeñas libélulas de cerámica (esculturas de 10 cm con alas de vidrio líquido y resina) que cuelgan de la estancia de la Casa Cino Fabiani. Es una antigua vivienda patrimonial del barrio Las Peñas, en Guayaquil.

Tres pinturas de gran formato y técnica mixta, y otras cinco pequeñas, forman parte también de la muestra del artista guayaquileño, que tiene 28 años. En mayo pasado fue el ganador de la Sexta Bienal Internacional de Pintura de Guayaquil.

Tres panales de abejas fueron adaptados con mirillas, para que el espectador descubra en su interior sillas, camas y mesas diminutas, como si el hombre fuera capaz también de desplazar a los insectos en esa última frontera. Los objetos fueron impresos en 3D.

“Las obras tienen que ver con una memoria de mi infancia, nací y crecí en la Florida Norte, que originalmente era un sector rural y que fue absorbido por Guayaquil, en los años 90 se convirtió en una zona de invasión”, recuerda Velásquez, egresado del ITAE, ahora alumno de último curso de la Universidad de las Artes (UArtes).

“Me resultaba fascinante ver cómo en época de lluvias se llenaba el cielo de chapuletes o libélulas, cordeleros les decíamos también. Me propuse construir una narrativa con insectos que se replantean la forma de habitar espacios urbanos, negocian con ellos, en una persistencia inspiradora”.

‘Domos’, por ejemplo, una de las piezas en grafito y acrílico sobre lienzo, muestra una construcción arquitectónica que se asemeja a los montículos de las hormigas.

Otros escenarios arquitectónicos se antojan futuristas y explotan la base hexagonal de los panales de abeja, para mezclar diseños de espacios públicos con elementos naturales como árboles, areneros, pantanos en miniatura.

“Vengo trabajando la arquitectura del poder –explica el autor. Tiene que ver con cómo el poder genera una suerte de simulacro de realidades. Y con los ‘no lugares’ a los que se refiere el antropólogo francés Marc Augé, autopistas, aeropuertos o centros comerciales, sitios de paso o concentración pública sin ningún tipo de pertenencia”.

En ‘Helipuerto’, otra pintura, decenas de libélulas aterrizan en la azotea de una ciudad de contornos difusos y planos superpuestos. En ­medio de construcciones y edificaciones de esas ciudades extrañas está tendida una libélula gigante, muerta o atrapada, en la obra ‘Mentum’.

“Utilizo la superposición de planos para construir estos escenarios en los que el espectador termina viendo en realidad varias perspectivas, me interesa generar ese extrañamiento como parte de la narrativa”, agregó Velásquez.

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