10 de octubre de 2018 15:06

Un estudio alerta de la inutilidad de usar los bosques para enfriar el clima

Imagen referencial. Según lo que se creía hasta ahora, si los bosques absorben más CO2, los niveles de este gas en la atmósfera disminuirán o, como mínimo, se mantendrán. Foto: Pixabay.

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Agencia EFE

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Gestionar los bosques europeos para enfriar el clima mejorando, por ejemplo, su capacidad de secuestrar carbono tiene muy poco impacto sobre el clima global y sin embargo reduce su aportación de madera, según un estudio que publicó este miércoles 10 de octubre del 2018 la revista Nature.

La investigadora Aude Valade, del español Centro de Investigación Ecoplógica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB), que participó en este estudio, recomendó hacer una gestión forestal orientada a mantener los servicios ambientales ecológicos, sociales y culturales, y no a enfriar el planeta, como se preveía hacer para cumplir con el Acuerdo de París.

Este acuerdo incluía el compromiso de gestionar los bosques de forma sostenible como una estrategia para ralentizar el calentamiento global, haciendo que fueran más activos, crecieran más y necesitaran más CO2 de la atmósfera para hacer la fotosíntesis.

Según lo que se creía hasta ahora, si los bosques absorben más CO2, los niveles de este gas en la atmósfera disminuirán o, como mínimo, se mantendrán.

Sin embargo, este nuevo estudio revela que gestionar los bosques europeos con este objetivo no tiene efectos claros sobre el clima.

El equipo de investigación internacional mejoró un complejo modelo para calcular la cantidad de carbono, energía y agua que es atrapada o liberada, según el tipo de gestión forestal que se hace.

Este modelo comparó tres estrategias de gestión forestal que representan las distintas visiones que se llevan a cabo para mitigar el cambio climático en Europa.

La conclusión fue que ninguna opción permite alcanzar las tres metas a la vez que se han planteado para frenar el cambio climático: maximizar el secuestro de carbono, aumentar la luz solar que los bosques reflejan hacia el espacio y reducir la temperatura en la superficie.

Valade explicó que una gestión orientada a captar el máximo carbono de la atmósfera requeriría convertir bosques caducifolios en coníferas y aumentar la proporción de bosques sin gestión.

Con el modelo computacional, el equipo calculó que con esta opción conseguirían retirar 7 Petagramos (un Petagramo son mil millones de toneladas) de carbono de la atmósfera hacia el año 2100, más del doble que si gestionan tal y como está ahora.

"Si nos centramos solo en estos términos, es obvio -dijo- que retirar esa cantidad de carbono de la atmósfera podría refrescar el ambiente, pero si cambiamos los caducifolios por coníferas podemos mejorar la capacidad de secuestrar CO2".

Sin embargo, esto "también puede hacer cambiar el microclima del bosque, modificar la velocidad del viento, la humedad ambiental, la formación de nubes y el albedo, es decir, el porcentaje de radiación que es capaz de absorber un bosque según el color de su superficie", advirtió Valade.

Así, según el estudio, la gestión forestal traería consecuencias paralelas más allá del secuestro de carbono que "calentarían" el ambiente y que dejarían el contador prácticamente a cero, ni más frío ni más caliente.
"Además, tendríamos un 12% menos de producción de madera, según el modelo", advirtió la investigadora.

Por otra parte, según el trabajo, una gestión orientada a enfriar la superficie de la Tierra, que requeriría convertir bosques de coníferas en bosques de caducifolios y aumentar la proporción de bosques gestionados como monte bajo, daría un pequeño enfriamiento de 0,3ºC en primavera en Escandinavia y en los Alpes.

Sin embargo, el efecto no sería lo suficientemente fuerte como para notarse a nivel global, y sería una opción que reduciría el 25% la madera disponible.

La investigación demuestra que la gestión sostenible de los bosques aporta unos beneficios sobre el clima, pero modestos y locales.

Por ello, los autores sugieren que la gestión forestal en Europa en las próximas décadas de prioridad a la adaptación de los bosques al cambio climático para que sean capaces de seguir proveyendo de servicios y bienes ecológicos, sociales y culturales.

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