14 de febrero de 2019 00:00

Una escapada romántica de fin de semana

La laguna del Quilotoa expresa la belleza natural de un cráter. Foto: Cortesía Ministerio de Turismo

La laguna del Quilotoa expresa la belleza natural de un cráter. Foto: Cortesía Ministerio de Turismo

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Evelin Caiza

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Una escapada fuera de la ciudad durante el fin de semana puede resultar un plan ideal para festejar San Valentín. Una opción es desconectarse de las actividades diarias como trabajo o estudios e introducirse en las montañas de los Andes, que cuentan con variedad de lagunas, flora y fauna.

Aunque un fin de semana parezca poco tiempo, expertos en turismo afirman que los alrededores de Quito cuentan con atractivos turísticos que ofrecen tranquilidad, privacidad, paz y, sobre todo, cielos estrellados, ideales para observar degustando de un vino con esa persona especial.

Algunos sitios recomendados son Papallacta, Quilotoa y el Cotopaxi, lugares que, según el guía de montaña David García, poseen encantos que permitirán fortalecer la conexión entre la pareja y la naturaleza.

Con él concuerda la guía de turismo Silvana Tamayo, quien recomienda estos sitios por cercanía y facilidad de acceso. Dice que son ideales para viajes cortos y de presupuesto moderado.

En el caso de Papallacta, García destaca como actividad principal el trekking (senderismo) alrededor del ‘espejo de agua’, es decir, la laguna situada en el cantón Quijos. También se puede realizar esta actividad en la reserva ecológica Cayambe Coca, donde el paisaje es un páramo con flores de colores llamativos.

Entre la fauna se puede observar venados de páramo, conejos, aves, patos, osos de anteojos, curiquingues, aves acuáticas, colibríes de colores y, con suerte, al cóndor andino.

En la zona existen opciones de aguas termales donde, gracias al contraste del clima frío y las aguas calientes, se puede disfrutar de la temperatura adecuada para un baño reparador, un momento perfecto para una conversación relajada con la pareja, agrega Tamayo.

En Papallacta o en su trayecto se encuentran emprendimientos gastronómicos que muestran los sabores propios de la zona andina, como caldo de gallina, fritada y truchas típicas del sector. La pesca es otra actividad que puede realizarse en pareja.

El color de la laguna, ubicada en el cráter de un volcán, es una de las cosas para disfrutar al máximo, según comenta García. Él recomienda la circunvalación de la laguna del Quilotoa -una caldera llena de agua de 3 km de ancho- para armar una tienda de campaña para dos, practicar juntos el kayak o pasear en un bote.

Uno de los toques más románticos lo otorgan los paseos a caballo que en el lugar se ofrecen. Además, hay un mirador en el cual se puede apreciar el esplendor del paisaje andino y un amanecer de película, donde las protagonistas serán la luna y las estrellas reflejadas en las aguas cristalinas.

Tamayo recomienda que en el trayecto al Quilotoa se visite Pujilí, la tierra del danzante, personaje principal de las festividades del Corpus Christi. También realizar una parada en Tigua para visitar las diferentes galerías de pinturas, conocer a los pintores, para saber el significado y la historia que guardan las mismas, que son parte de la memoria patrimonial de dicha comunidad.

En el lugar existen varias opciones de alimentación. Puede saborear desde un cuy, un locro hasta la tradicional chicha.

Otra orilla en la que se debe acampar con el fin de pasar un San Valentín inolvidable es la laguna de Limpiopungo, ubicada en el Parque Nacional Cotopaxi. Esta es recomendable debido a su fácil acceso, a sus formas y al volcán reflejado en ella, afirma García.

Para Tamayo, el parque ofrece algunas alternativas que se encuentran señalizadas para su fácil acceso. Lo ideal en este lugar es realizar una caminata disfrutando de la flora y fauna del páramo, tanto alrededor de la laguna como por los senderos y escuchando el canto de las aves que habitan allí.

Tras esto, si desea compartir un almuerzo especial, puede hacerlo en las haciendas u hosterías que se encuentran a las afueras del Parque Nacional. Algunas de ellas cuentan con historias propias.

“La conexión con la naturaleza obliga a las personas a expresar los sentimientos y emociones escondidas, ya que las vuelve más sensibles, comprensivas y románticas”, comenta, desde sus experiencias, García, el guía de montaña.

“El frío puede ser romántico si se es creativo y sobre todo si se quiere demostrar amor a ese ser especial que se escogió como pareja”, concluye Tamayo.

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