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Phil Collins, una máquina de éxitos (y de DRAMA)

Phil Collins durante el concierto Live Earth, en Londres, 2007. Foto: Reuteres

Phil Collins durante el concierto Live Earth, en Londres, 2007. Foto: Reuteres

Phil Collins durante el concierto Live Earth, en Londres, 2007. Foto: Reuteres

Gran parte de la historia del rock transcurre, de forma paralela, a la historia de los vicios de los rockeros. Drogas, alcohol y conductas destructivas acompañan los relatos de giras y sesiones de grabación en estudio. El vicio del británico Phil Collins fue el trabajo. Desde que comenzó en Flaming Youth, con 18 años, hasta su retiro en el 2011, jamás cometió un exceso porque estaba consagrado a la música.

Las razones de esa devoción, según explicó el mismo Collins en su autobiografía ‘Aún no estoy muerto’, se deben a su innato miedo a dejar pasar alguna buena oportunidad para sobresalir. Desde niño, cuando era actor, se propuso aprovechar cada oferta que le llegara.

¿Cuál es el problema? Collins era incapaz de ser selectivo. A todo decía sí. Por eso, es casi omnipresente en la década de los 80. Estaba al frente de Genesis, un grupo de rock progresivo al que Collins transformó en una máquina de hits de rock/pop digerible. Integraba un grupo menos conocido de jazz fusión, Brand X. Se había convertido en productor de gente ‘top’ como Eric Clapton.

Colaboraba con otros colegas en sesiones de grabación y hasta se iba de gira con ellos, como hacía con Robert Plant.

Para colmo, dio inicio a su carrera en solitario, y le fue tan bien que terminó manejando una segunda máquina de hits. Ni siquiera Michael Jackson, Prince, Madonna o Elton John manejaban dos proyectos en forma simultánea. Collins iba al volante de dos Ferraris.

Es conocido que el precio que pagó el ‘workahólico’ Collins fue el constante y doloroso fracaso de sus matrimonios. Justamente la separación de su primera esposa Andrea Bertorelli fue el origen de ‘Face Value’, el primer trabajo de Collins sin Genesis. Las canciones las escribió en 1979, en el melancólico silencio de su mansión inglesa de Surrey, luego de que Andrea se hartó del abandono y se mudó a Vancouver (Canadá) con los hijos, Simon y Joely.

En medio de los escombros emocionales de esta ruptura, Collins improvisó letras y melodías con la única intención de sacarse la frustración que le dejaban las poco amistosas charlas telefónicas con Andrea. Y así nació In The Air Tonight, con frases como esta: “Borra esa sonrisa, sé dónde has estado, todo ha sido una sarta de mentiras”.

Hasta entonces, Collins no se consideraba un compositor en toda regla. Componía, claro, en su calidad de baterista de Genesis y luego también como cantante desde 1975, cuando se marchó Peter Gabriel. Pero no tenía espacio y su labor era más bien de arreglista, además de que Tony Banks, el tecladista del grupo, siempre ponía reparos a las canciones de Collins, a las que consideraba que solo tenían tres acordes.

Gracias al proceso para armar ‘Face Value’, Collins por fin pudo desarrollar un método para componer. Grabar todas las partes vocales en el estudio de su casa. Improvisar y anotar. Definir estribillos pero también sentimientos. Como los suyos en ese momento de su vida eran lúgubres, las letras lo reflejaron. Luego, buscar los músicos y grabar.

Collins, acaparador, estuvo en el montaje y producción del álbum. Escribió a mano el listado de las canciones, los créditos de la funda y hasta el texto legal que habitualmente va dentro del vinil. La portada era su rostro, un primer plano que acapara el cuadrado. Todo era una manera de anunciar que esto era demasiado íntimo, nada que ver con Genesis.

Collins afirma que no esperaba el éxito tan rotundo en ventas (25 millones de copias) ni que impactara en lo cultural al usar el efecto de reverberación en la batería, conocido como ‘gattered drum’.

Ese truco (gruesas cortinas para amortiguar el sonido y micrófonos en las esquinas superiores de la sala para obtener una batería más viva) lo había usado cuando colaboró con Peter Gabriel en la grabación de la canción Intruder, en 1979. Obtenerlo, en rigor histórico, fue una colaboración de Collins, el productor Steve Lillywhite y el ingeniero Hugh Padgham.

El sonido no caló mayormente en la canción de Peter Gabriel. Pero Collins y Padgman lograron que esa reverberación usada en In The Air Tonight fuera tan espectral y llena de espacio que se convirtió en arquetípica de los años 80. Prince la usó en Purple Rain.

Gracias a ‘Face Value’, Collins lanzó una carrera en solitario que duró hasta el 2011, con una amplia colección de premios, desde el Grammy hasta el Oscar, este último por su canción para ‘Tarzán’.

También acumuló tres matrimonios fracasados y dolencias médicas que le impiden tocar la batería. Con tanto tiempo libre, desde el 2011 comenzó una adicción al alcohol que lo convirtió, ya no en una máquina de hits sino de dramas, y lo ha llevado a protagonizar los escandalosos titulares que no generó cuando era estrella de rock. Ayer cumplió 70 años, en medio de una agria confrontación con su tercera exesposa Orianne Cevey.