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Nueva serie del universo de Star Wars se estrena en Disney Plus

El maestro jedi de Star Wars, interpretado por Ewan McGregor, reaparece en una serie de Disney Plus. Foto: Star Wars

Ewan McGregor ha confesado varias veces que, desde que asumió el papel de Obi-Wan Kenobi, no puede ver una puerta que se abra y se cierre con un detector de movimiento. Antes de entrar a un supermercado, o a una tienda con ese mecanismo, cierra un poco los ojos, levanta la mano derecha y se imagina en la piel del legendario guerrero jedi, antes de pararse al frente y de que las puertas se abran como por arte de magia.

La Fuerza revive en su organismo. Las mejores escenas de la saga vuelven a su memoria; lo ha hecho para sí mismo, sin que nadie lo vea en la entrada de un drugstore o de un 7-Eleven, pero en algunas oportunidades se ha encontrado con un chico de la caja registradora con la boca abierta y los ojos desorbitados por la sorpresa: ¡Dios mío, acaba de llegar Obi-Wan Kenobi!

Ahora -una vez más- no solo se abrirán las puertas de los supermercados. Mc Gregor recuperará sus poderes en la galaxia y no tendrá que conformarse con las vulgares puertas de vidrio de la Tierra. Obi-Wan Kenobi, uno de los personajes más carismáticos del universo creado por George Lucas, regresa con su sable láser y su capucha raída de monje rebelde.

El universo de Star Wars regresa para el júbilo de millones de fans en todo el mundo en la nueva serie que se estrena este viernes 27 de mayo en la plataforma de streaming Disney Plus, bajo la dirección de la cineasta Deborah Chow, que entre otras cosas tuvo entre manos algunos capítulos de series como Mr. Robot y del primer éxito del universo extendido de Star Wars: The Mandalorian.

-¡Hello There!

McGregor no responde con otro “Hello There” en el video de Zoom en el que entré para charlar en vivo y en directo, por míseros 4 minutos, con el hombre que interpreta al jedi que llevó a niveles inesperados de la fuerza a Luke Skywalker y dejó de un espadazo sin piernas a su papá: Anakin Skywalker. Un limpio espadazo láser que, entre otras cosas, le cercenó un brazo y lo dejó en un estado de invalidez que solo pudieron reparar con una armadura negra: el inconfundible traje de Darth Vader, el mejor malvado del cine conocido.

“Hello There” fue el saludo que impuso el actor Alec Guinnesss en su interpretación de Obi-Wan en la primera trilogía. McGregor lo adoptó para saludar a los fans cuando retomó el personaje de la saga interestelar a comienzos de siglo y, por supuesto, se volvió parte de su vida.

El actor que odió a Obi- Wan 

McGregor -el adorable yonqui de Trainspotting- no creía que nuevamente tendría una espada láser en las manos. Los episodios I, II y III no fueron recibidos con un amor especial por los fans. George Lucas probó nuevas tecnologías en esa época y la mayoría de batallas y diálogos fueron en solitarios fondos verdes que luego se poblaban de robots, seres de otras galaxias y efectos especiales.

Su personaje -en medio de todo- sobrevivió al odio sin freno contra esa espantosa criatura llamada Jar Jar Binks -un personaje digital que es considerado el peor de la saga- y algunas de sus peleas se han convertido verdaderos clásicos, sobre todo el duelo en el que deja tirado en la lava, sin piernas ni brazo al pobre Anakin (el actor canadiense Hayden Christensen que, entre otras cosas, será nuevamente el antagonista). La serie de seis capitulos, sin duda, es una genial oportunidad para McGregor (Perth, Escocia, 1971) de consolidarse como un ícono definitivo del universo de Star Wars.

Su antecesor lo logró. Y fue una sorpresa para él. Alec Guinness fue uno de los actores británicos más grandes de la historia del cine. Participó en clásicos indiscutibles como Lawrence de Arabia (1962), La caída del imperio romano (1964) y Dr. Zhivago (1969). Obtuvo un Óscar por su trabajo en El puente sobre el río Kwai (1958). Y, antes de que la Fuerza lo succionara en 1977, punto de partida del universo de Star Wars, en 1976 había estrenado Murder by Death, junto a dos pesos pesados: Peter Falk y Peter Sellers, en una mezcla deliciosa de suspenso y humor inteligente.

George Lucas adoraba el trabajo del intérprete británico y confiaba en la solidez y presencia del actor para un papel de vital importancia en su aventura galáctica. Cuando recibió la propuesta, Guinness no se sintió particularmente impactado por el despliegue de naves espaciales y caballeros jedi, pero le parecía interesante moverse por otros universos de la actuación. Además, ni él ni nadie, lograron predecir el fenómeno en que se iba a convertir Star Wars: espisodio IV, una nueva esperanza.

Para arrastrarlo a las interminables arenas de Tatooine, el planeta donde Obi-Wan se encuentra por primera vez con Luke Skywalker, George Lucas le ofreció un 2,25 por ciento de las ganancias de las película y consiguió que firmara un contrato para aparecer en otras dos. La estrella de clásicos “serios” del cine aceptó sin imaginar lo que pasaría después.

Star Wars: a New Hope fue un fenómeno de taquilla y algo más que una película de naves, espadas luminosas y tiranías interestelares, se convirtió en una religión que hoy siguen abrazando a millones de creyentes en todo el mundo. Fue una locura y al original Obi-Wan Kenobi le habría gustado escapar a un planeta solitario ante tanta exposición. Alec Guinness comenzó a sentir el amor incondicional de los fanáticos de Star Wars y eso lo sobrepasó.

Su actuación fue impecable, pero muchas veces dejó en claro que la historia le parecía muy sencilla. No se sentía cómodo con las reacciones desaforadas de cariño y entrega de la audiencia y veía con recelo cómo la cascada de éxito crecía como un tsunami.

Cuando la gente lo reconocía en la calle, no daban con su nombre, pero gritaban ¡Obi-Wan! y, con el paso del tiempo, se vio rodeado de gritos de histeria más sonoros que los aplausos que recibía después de un gran performance en el teatro o de un reconocimiento de la crítica frente a cualquier otra película.

“¡Hello There!, ¡Hello There!”. Se convirtió en el estribillo de los fans para recibirlo en todas partes. Guinness había firmado el contrato para dos películas más: El imperio contraataca y El retorno del Jedi. Y fueron igual de exitosas. El universo de Star Wars se consolidó como una marca planetaria. Ya no le gritaban ¡Yegraf!, por su personaje en El doctor Zhivago, ni se arrodillaban por ser el príncipe Faisal de Lawrence de Arabia; habían pasado al olvido las criticas por haber interpretado al líder de los nazis en Hitler: los últimos diez días. Era Obi-Wan y nada más.

Guinness comenzó a desesperarse; luego de regresar de un viaje, un niño se le acercó y le pidió un autógrafo y el actor decidió estampar su firma con una condición devastadora: que nunca más volviera a ver Star Wars. El niño no aguantó semejante respuesta y se puso a llorar. En algún momento, al igual que Harrison Ford frente a su mercenario Han Solo, el único deseo que tenía era que su personaje se muriera de una vez por todas. Pero el titular de su propia muerte, en el año 2000, cuando tenía 86 años, no podía ser otro: “que la fuerza te acompañe”.

Trabajó en 40 películas y en 70 obras de teatro, le dieron en 1980 un Óscar por toda su carrera, pero pasó a la historia del cine como Obi-Wan Kenobi. La Fuerza, sin duda, no es algo con lo que se pueda jugar a la ligera.

Ewan McGregor: creando un nuevo Obi-Wan

-¿Por qué es tan importante Obi-Wan Kenobi?

McGregor sonríe, mira hacia arriba y parece pedir una respuesta divina o el sonido de la voz quejumbrosa de Yoda. La respuesta y la sabiduría con la particular sintaxis de la criatura verde nunca llega, o tal vez sí: la respuesta misma debes tú encontrar. McGregor lanza un resoplido y, finalmente, ve la luz: el propio Guinness.

-En los años setenta Alec Guinness era una especie de sabio espiritual, alguien mítico o, como en los cuentos de hadas, el gran hechicero. Pero ahora vamos en una dirección diferente. Comenzamos la historia cuando él no es el hombre del que todos hablan o al jedi al que deben seguir. Vive escondiéndose y no es un jedi tan convencido. Ha perdido un poco la fe.

En uno de los adelantos se explora la tensión entre Obi-Wan Kenobi y la familia adoptiva de Luke Skywalker. El tío Owen no ve con buenos ojos a ese guerrero desgastado que esconde una espada láser y es buscado en todo el Imperio para el exterminio final de los jedi.

-Hay más en la vida que tu granja, Owen. Necesita ver que hay toda una galaxia ahí afuera -dice Kenobi.

-Te pido que nos dejes en paz, Ben. Lo digo en serio -responde el tío.
Luego, en otro momento, el maestro dice:
-Él es mi responsabilidad, Owen.

-Bueno, yo soy su tío.

-Hemos hablado de esto. Cuando llegue el momento hay que entrenarlo.

-¿Como entrenaste a su padre?

El guardián de la Fuerza

Obi-Wan Kenobi carga con el fracaso; descubrió en un planeta perdido a Anakin Skywalker en el Episodio I y convenció al Consejo Jedi de que era ‘El elegido’. Yoda siempre tuvo dudas porque sentía la presencia del lado oscuro, pero la cantidad de midiclorianos (la medida de unidad de la Fuerza) en el cuerpo de Anakin finalmente lo convenció. Obi-Wan se convirtió en su maestro. Y todos saben cómo termina todo: Anakin, dentro de la armadura de Darth Vader, finaliza su destino como el esclavo asesino del emperador, el viejo y asqueroso senador Palpatine. Luke y Leia, los hijos de Anakin y Padmé Amidala (en una interpretación majestuosa de Natalie Portman), tienen que vivir escondidos, separados y fuera de sus garras.

Ewan McGregor desempolvó las películas clásicas y se reencontró con la interpretación de Alec Guinness y ese halo invisible de respeto, sabiduría y una tierna pátina de ternura paternal que, como una avalancha invisible, cayó encima del alma de un joven Luke que tenía que asumir el destino manifiesto de ser un héroe. Una idea que probablemente George Lucas tomó de la obra El viaje del héroe, de Joseph Campbell, en la que el protagonista de su historia ve cómo la burbuja en la que vive se hace añicos y tiene que reinventarse a través de una serie de aventuras, de la mano de un mentor, un guía, un ser experimentado… un padre.

No en vano, en Star Wars: A New Hope, Luke se quiebra de dolor ante la muerte de Obi-Wan, con mayor vehemencia y tristeza que cuando encuentra a sus tíos incinerados en Tatooine. “Ya no hay nada que me retenga en este lugar”, dice el joven Skywalker, interpretado por Mark Hamill. Y hace lo que tiene que hacer: empuñar la espada láser bajo las órdenes de su maestro.

Obi-Wan Kenobi tiene algo del Gandalf de El señor de los anillos y, sobre todo, del mago Merlín en la leyenda del rey Arturo, el hechicero de melena blanca y una barba hasta el pecho, que es imprescindible en el encuentro del rey con la espada Excálibur, por su lado, el experimentado jedi, le revela los secretos del sable de luz a Luke, pero luego lo engaña con una historia que luego tendrá tintes shakesperianos. En un primer momento le dice que su padre fue asesinado por Darh Vader, para que más tarde, el atormentado Luke, tenga que enterarse de que en realidad Darth Vader es su padre en uno de los diálogos más recordados y citados de la saga.

Este viernes 27 de mayo, con el estreno de los dos primeros episodios de la serie Obi-Wan Kenobi, parte de una franquicia que hasta la fecha ha recaudado 10.300 millones de dólares, Ewan Mcgregor reconoce estar emocionado y orgulloso por contar un nuevo capítulo de la saga y que tenga el nombre del personaje más respetado de ese universo cinematográfico.

-Siempre va a ser diferente hacer algo relacionado con Star Wars, porque eso implica una reacción masiva y una audiencia inimaginable. No sé cómo será la respuesta de los seguidores, pero tengo un buen presentimiento frente a lo que hicimos y sé que esto era algo que estaban pidiendo desde hace muchos años los que aman a Star Wars… reencontrarse con Obi-Wan Kenobi.